Conseguir prosperidad
La prosperidad es un estado o condición de vida que busca la mayoría de las personas; sin embargo, no todos lo pueden conseguir.
Y si bien es cierto que el término prosperidad tiene un abanico de significados, lo más probable es que se lo asocie con la idea de que una persona tenga posesiones que le permiten vivir de manera holgada, y sin sobresaltos económicos.

No termina en lo económico
Ahora bien, queremos mostrar que la prosperidad abarca a muchos otros aspectos de la vida que no tienen relación con lo económico. Por ejemplo, tener un buen pasar financiero, pero estar lejos de la familia que uno ama y quiere.
También se puede tener un buen pasar económico, pero al mismo tiempo convivir con un problema de salud que no se soluciona con dinero; y así, muchos otros ejemplos más.
Pero existe otro modo de alcanzar una prosperidad que abarcaría más allá de las fronteras humanas y llenaría todos los lugares vacíos.
Cuando todo depende de nuestras propias fuerzas es imposible encontrarla, solo aparece cuando reconocemos nuestras limitaciones humanas y depositamos nuestra esperanza en creer que Dios nos puede ayudar; y lo que es mejor, saber que está interesado en hacerlo.
La prosperidad que trae paz
En cierta ocasión, el apóstol Juan, en su tercera epístola, le escribe a Gayo, un colaborador de Macedonia –que había sido bautizado por el apóstol Pablo– y era un generoso hospedador de los cristianos que sufrían persecución.
A él, Juan le dice: "Apreciado y amado hermano, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma".
Muchas veces creemos y difundimos que Jesús solo puede prosperar el alma de quienes se acercan a Él; sin embargo, Juan nos hace ver que podemos ser prosperados en todo lo que hacemos, incluido en las fuentes de ingreso que posibilitan y sostienen nuestro diario vivir.
No es solo el deseo de un apóstol
Y esta manera de pensar y sentir del apóstol Juan tiene arraigo en la Sagradas Escrituras, ya que el contenido del Salmo 1 –anterior a Juan– el salmista dice: "Qué alegría tienen los que no siguen el consejo de los malos, ni andan con pecadores, ni se juntan con burlones, sino que se deleitan en la ley de Dios, meditando en ella día y noche".
"Son como árboles plantados a la orilla de un río, que siempre dan fruto en su tiempo. Sus hojas nunca se marchitan, y prosperan en todo lo que hacen."
Esta gran verdad puede ser parte de nuestra vida. Solo deberíamos meditarlo y seguir el estilo de vida de Gayo, el macedonio.
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