Resistencia23°Min. 20° • Max. 31°
Opinión

La misa equivocada

El fenómeno de cómo actúan las masas en el contexto de la música actual desafía las explicaciones habituales. Como por ejemplo movilizaciones de cientos de miles de personas que viajan miles de kilómetros, acampan a la intemperie y realizan profundos sacrificios económicos para formar parte de lo que popularmente se conoce como "la misa ricotera", un homenaje al Indio Solari.

Pero ¿qué busca realmente esa multitud que corea consignas con un fervor casi religioso? No es solo entretenimiento, es una búsqueda de trascendencia.

Necesidad de adoración

Lejos de juzgar estas expresiones, esto nos recuerda que el ser humano fue creado con una necesidad de adoración profunda que solo lo eterno puede saciar. El error común no está en el deseo de conectarse con algo superior, sino en el lugar donde depositamos esa devoción.

Al alejarnos del Creador, canalizamos ese impulso hacia líderes musicales, políticos o deportivos, cargando sobre hombros humanos un peso que ningún mortal puede soportar.

Le llamamos "misa" a un concierto porque el alma extraña el altar pero la verdadera plenitud y el descanso no se encuentran en un líder terrenal, sino en rendir el corazón a Cristo, el único que sostiene y guía nuestra existencia.

Naturaleza del guía

El peligro no está en las intenciones, sino en las limitaciones propias de la naturaleza humana. Cualquier líder terrenal, por más carismático que sea, comparte nuestras mismas debilidades y horizontes finitos. Dejar nuestra guía definitiva en manos humanas puede llevarnos, a pesar del entusiasmo inicial, a un vacío espiritual profundo cuando la euforia colectiva se apaga.

La diferencia con Cristo radica en que su guía no ofrece una paz pasajera basada en la emoción del momento, sino una certeza que trasciende nuestras propias limitaciones y llena el alma de una verdadera paz interior.

Hace dos mil años, alguien propuso un camino alternativo que no requería estadios llenos ni fanatismos efímeros. Jesús no pidió que lo adoraran como a una estrella de rock, sino que ofreció una cobertura real contra las tormentas de la vida y un plan de salvación definitivo que no termina en el cementerio, sino que comienza allí y va hacia la eternidad.

Mientras el mundo te pide que te pierdas en la multitud para olvidarte de tus dolores, Cristo te busca de forma individual para sanarte desde la raíz.

La música es buena, pero pasajera

La música puede emocionar el cuerpo y la mente por un par de horas, pero es incapaz de salvar el alma. La verdadera masa que deberíamos seguir no es la que marcha hacia el próximo concierto masivo, sino la de aquellos que deciden salir del extravío y edificar su vida sobre la roca firme que es Cristo.

Cambiar los ídolos temporales por el salvador eterno no es perder la pasión, es, finalmente, encontrar el rumbo correcto antes de que se apague la música del mundo.

Temas en esta nota

Más de Misa+ Ver todas
Te puede interesar