Dos vías de esperanza para las enfermedades raras
Afectan a más de 300 millones de personas en el mundo, pero menos del 5% cuentan con un tratamiento probado.

Ante este panorama, dos estrategias están ganando terreno: la terapia génica, como solución a largo plazo, y el reposicionamiento farmacológico, una alternativa rápida y segura que aprovecha fármacos ya existentes para nuevas indicaciones.
Mientras la terapia génica avanza con prometedoras curas definitivas, pero aún con altos costos y desafíos técnicos, el reposicionamiento de medicamentos emerge como una "mina por explotar", capaz de ofrecer alivio sintomático en plazos más cortos y con menor riesgo.
Promesa de una cura a largo plazo
1. ¿En qué consiste? La terapia génica busca corregir o reemplazar genes defectuosos responsables de enfermedades raras mediante vectores virales (como virus modificados que introducen ADN sano), o edición genómica (con herramientas como CRISPR-Cas9).
2. Éxitos recientes. En hemofilia, la terapia Roctavian (BioMarin) reduce sangrados con una sola infusión; en amaurosis congénita de Leber, Luxturna (Spark Therapeutics) recupera la visión en ceguera hereditaria; en atrofia muscular espinal (AME), Zolgensma (Novartis) frena la degeneración neuronal en bebés.
3. Los desafíos pendientes
• Altos costos: los tratamientos como Zolgensma superan los u$s 2 millones.
• Efectos a largo plazo: se necesitan más estudios sobre seguridad tras años de aplicación.
• Accesibilidad: los países con sistemas sanitarios débiles no pueden costear estas terapias.
Los expertos coinciden: "La terapia génica es el futuro, pero aún no es la solución para todos" (Dr. Javier López, Instituto de Genética Médica).
Una solución rápida y segura
El reposicionamiento farmacológico consiste en reutilizar fármacos ya aprobados para otras enfermedades, aprovechando que su seguridad está demostrada (no requieren ensayos de fase I), acelera el proceso (ahorra años de desarrollo), y reduce costos (evita inversiones millonarias en nuevos medicamentos).
Se registran casos de éxito con la talidomida, que del uso en lepra y mieloma, ahora sirve para tratar la progeria (envejecimiento prematuro); con la rapamicina, que de inmunosupresor que mejora síntomas en esclerosis tuberosa; y la nitisinona, que originalmente se usaba en trastornos metabólicos, y ahora frena la alcaptonuria.
El reto pasa por la demostración acabada de eficacia. Aunque estos fármacos son seguros, falta validar su impacto en síntomas específicos de enfermedades raras. Proyectos como IRDiRC (Consorcio Internacional de Investigación en Enfermedades Raras) están mapeando posibles candidatos.
"El reposicionamiento es como buscar una aguja en un pajar, pero cuando se encuentra, el beneficio es inmediato" - Dra. Ana Martínez (CSIC)
Caminos complementarios
Mientras la terapia génica sigue perfeccionándose como cura definitiva, el reposicionamiento farmacológico ofrece una alternativa viable para mejorar la calidad de vida de pacientes hoy. Ambas estrategias no compiten, sino que se complementan:
• A corto plazo: Reposicionar fármacos para aliviar síntomas.
• A largo plazo: Terapias génicas para corregir causas genéticas.
El mensaje esperanzador: la ciencia avanza en múltiples frentes para que, algún día, "raro" no signifique "sin tratamiento".
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