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La importancia de la Lengua de Señas Argentina

Las lenguas son una herramienta esencial para el desarrollo del pensamiento y las emociones. Por eso, privar a cualquier ser humano de una lengua desde su infancia es no solo una injusticia, sino un obstáculo al pleno ejercicio de sus derechos.

Este es un principio básico que es defendido por la ley que reconoce oficialmente a la Lengua de Señas Argentina (LSA) como lengua natural de las personas sordas en todo el país. De este modo, el marco legal busca garantizar la inclusión, la accesibilidad y los derechos lingüísticos de las personas de la comunidad sorda.

La LSA es mucho más que un conjunto de gestos, es una lengua completa, con una estructura gramatical única y una rica historia, transmitida a través de generaciones. Reconocerla oficialmente significa reconocer que las personas sordas tienen derecho a vivir y desarrollarse en su lengua, sin ser forzadas a adaptarse a lenguas ajenas que no reflejan su identidad, ni su cultura. Al fin y al cabo, ¿cómo puede una persona crecer y comprender el mundo si no tiene las herramientas lingüísticas para expresar sus pensamientos, sus emociones, sus inquietudes desde la niñez?

Durante años, miles de niños sordos e hipoacúsicos fueron condenados a una privación lingüística, que les impidió desarrollar una fluidez en cualquier idioma natural. La Lengua de Señas Argentina les ofrece la posibilidad de acceder a un desarrollo cognitivo y lingüístico acorde a su edad, evitando el aislamiento y garantizando el pleno ejercicio de sus derechos humanos. A través de la LSA, los niños sordos pueden comunicarse, aprender, defender sus derechos y construir una identidad sólida que les permita participar activamente en la sociedad.

La comunidad sorda ha luchado durante décadas por el reconocimiento de su lengua. La Confederación Argentina de Sordos ha sido una de las principales impulsoras de este cambio de paradigma, que rechaza la concepción rehabilitadora que ha tratado a las personas sordas solo como "pacientes" y no como sujetos de derecho. La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de la ONU, adoptada en 2006, promovió el enfoque de los derechos humanos, que reconoce que la discapacidad no debe ser vista solo como una limitación, sino como una diferencia que debe ser respetada y atendida en igualdad de condiciones. En este contexto, la ley que reconoce a la LSA como lengua natural de las personas sordas da un paso decisivo hacia la plena inclusión social y cultural.

Es importante destacar que la norma no solo implica un reconocimiento simbólico. Exige que el Estado fomente activamente el uso de la LSA y garantice su accesibilidad, lo que incluye la enseñanza de esta lengua en escuelas y otras instituciones. 

De esta manera, se crea un marco legal que respeta los derechos de las personas sordas, y además se sientan las bases para un cambio cultural que promueva el respeto hacia las diferencias lingüísticas y culturales. En un país donde el 90% de las personas sordas nacen en familias oyentes, es crucial que las nuevas generaciones de padres y profesionales de la salud comprendan la importancia de la LSA como idioma natural y cultural.

Los aportes científicos del Conicet, en colaboración con expertos como la investigadora Rocío Martínez, han sido fundamentales para sensibilizar a la sociedad y a los legisladores sobre la importancia de la LSA. Su trabajo ha sido clave para poner en evidencia que la LSA no es solo un medio de comunicación, sino también una herramienta de empoderamiento y afirmación de la identidad de las personas sordas.

El reconocimiento de la Lengua de Señas Argentina como idioma natural no es solo un avance para la comunidad sorda, sino para toda la sociedad. Es un recordatorio de que los derechos lingüísticos son derechos humanos. Y al promover la LSA, también se está reconociendo a las personas sordas como ciudadanos plenos y, al mismo tiempo, construyendo una sociedad más inclusiva, diversa y respetuosa de las diferencias.

Pero debemos recordar que el camino hacia la plena igualdad y la inclusión sigue adelante. Esta ley es solo el comienzo de un cambio profundo que debe materializarse en acciones concretas y en la participación activa de todos los sectores de la sociedad. Es hora de que la Lengua de Señas Argentina deje de ser una lengua de segundo orden y se convierta en la herramienta de comunicación que siempre debió ser, reconocida, respetada y valorada por todos.

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