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Opinión

Promesas divinas

Existen en el texto bíblico promesas divinas que tienen condiciones explícitas para que se cumplan en la vida del creyente; y otras que no son tan explícitas, pero igual conllevan condiciones; como por ejemplo aquella que dice que Dios hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.

Para encontrarnos con el verdadero espíritu del mensaje, siempre es importante encontrar dentro de que contexto fueron formuladas las promesas, para poder discernirlas de manera correcta.

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No hacer acepción de personas

En el ejemplo que dimos al principio, el contexto en el cual Jesús lo dijo, estuvo relacionado con enseñarles a quienes les seguían, acerca de la necesidad que ellos también debían hacer lo que Dios hacia; dicho de otro modo, les enseñó que no debían hacer acepción de personas.

Él les dijo a sus discípulos que si querían ser hijos de Dios, era necesario que amaran al enemigo, y que debían bendecir a los que les maldecían, y hacer el bien a los que los aborrecían. Les pidió que oraran por los que los ultrajaban y los perseguían.

Obviamente que esta condición, puesta por Jesús para ser llamados hijos de Dios, no es fácil de cumplir, porque casi nadie ama a su enemigo y menos aún ora por quienes lo persiguen. Como resultado, desde el punto de vista humano, esta condición es prácticamente inaplicable en las personas comunes.

Nacer de nuevo

Ahora bien, si Jesús lo pidió como requisito para que un seguidor sea llamado hijo de Dios, significa por lo menos dos cosas: 

1) Que no todos los seres humanos son hijos de Dios como habitualmente se presupone. 

2) Es algo que es difícil, pero se puede conseguir. 

Pero para que ello ocurra es necesario nacer de nuevo, eso significa creer que Jesús murió en la cruz y luego resucitó, y con ello pagó por todos los pecados de las personas; y que a nivel personal cada uno lo reconozca y lo acepte como su Salvador personal.

Si esto se concreta; es decir, si cada individuo lo hace, recibe el poder del Espíritu Santo, por medio del cual es capacitado para lograr lo que anteriormente no podía. 

Antes aborrecía al enemigo, pero por medio del Espíritu Santo ahora lo puede amar, y esto es un don de Dios solo para todos aquellos que acepten a Jesús como salvador personal.

La mayoría de la gente, por error u omisión, desconoce este procedimiento espiritual por medio del cual una persona que solo era criatura de Dios, ahora se convierte en hijo de Dios y con ello logra la salvación eterna de su alma. Es una materia pendiente de la iglesia enseñarlo y repetirlo las veces que sea necesario.

Las promesas conllevan condiciones

Hablábamos que las promesas conllevan una condición para su cumplimento. Otra de ellas es la que aparece en el Salmo 41, donde Dios señala que es bienaventurado el que piensa en el pobre; porque en el día malo lo librará Dios, lo guardará, y le dará vida.

Será bienaventurado en la tierra, y Dios no permitirá que sea entregado a la voluntad de sus enemigos. También lo sustentará sobre el lecho del dolor; y mullirá toda su cama en la enfermedad.

Podemos observar varias cosas en el texto de este salmo; lo primero, que estas promesas son exclusivamente para quienes piensan y actúan a favor del pobre. 

Debemos reconocer que muchas veces hacemos lo contrario, porque nos encerramos en nosotros mismos e ignoramos las necesidades de los que menos tienen.

Vendrá el día malo

En segundo lugar, el salmo da por cierto que vendrá el día malo, y que incluso necesitaremos estar en la cama, debido al dolor. En este caso, siempre para el que piensa y ayuda al pobre, la cama será mullida por Dios. Esto último impensado para algunos que piensan que el creyente no se enferma.

Concluimos que las bendiciones no son para cualquiera sino para todos aquellos que obedezcan el plan de Dios. No es que nosotros lo hayamos alcanzado ya, pero una cosa hacemos: caminamos hacia esa meta.

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