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Salud y cambio climático

En América Latina se registra un aumento en la incidencia del dengue y sequías que afectan la producción agrícola y dificultan el acceso al agua en varios países de la región. Así lo advierte el último informe sobre salud y cambio climático publicado en la revista The Lancet Public Health. Según este trabajo, es necesario adoptar medidas para mitigar el impacto de los daños provocados por las variaciones en el clima.

Para los investigadores, la proliferación del dengue es un reflejo de cómo el clima cambiante está reconfigurando el mapa de las enfermedades. Las condiciones ambientales, favorecidas por el calentamiento global, han propiciado un aumento en las poblaciones de mosquitos, responsables de la transmisión de este virus. En 2022, más de 5 millones de casos se informaron a nivel mundial, y América Latina se ha convertido en un epicentro de su propagación. Este alarmante aumento en la incidencia de dengue -advierten los expertos- se ve exacerbado por una urbanización acelerada y la movilidad humana, que crean un ambiente propicio para la transmisión. En forma simultánea, las sequías han dejado una huella profunda en la región. Estas crisis no solo afectan la seguridad alimentaria, sino que también agravan problemas sociales y económicos, particularmente en áreas rurales donde la dependencia del clima es vital.

El informe, denominado The Lancet Countdown, fue publicado por la revista científica británica The Lancet a partir de la colaboración de investigadores de instituciones científicas de distintos países. Se trata de un trabajo multidisciplinario que tiene como objetivo monitorear la evolución del cambio climático y la relación que tiene con la salud de la población mundial. También se propone poner a disposición de la opinión pública internacional una evaluación independiente del cumplimiento de los compromisos asumidos por los gobiernos de todo el mundo por el Acuerdo de París. 

El informe subraya la necesidad de limitar el calentamiento global, alertando sobre el inminente riesgo de exceder el objetivo de 1,5 grados Celsius establecido en el Acuerdo de París. En ese sentido, los expertos observan que no se trata únicamente de un desafío ambiental; sino que lo que se advierte es que la salud pública y la economía global también están en juego. Según los investigadores que participaron en esta publicación, el cambio climático que está sufriendo la Tierra por actividades humanas representa una amenaza fundamental para la salud de las personas. En el caso del dengue, el informe señala que el aumento de la carga global del virus fue impulsado por condiciones ambientales cada vez más favorables para los mosquitos que lo transmiten, por la movilidad humana y también por la creciente urbanización.

Según la Organización Mundial de la Salud, el aumento de las temperaturas no solo provoca olas de calor que ponen en riesgo la vida de las poblaciones más vulnerables, sino que también exacerba enfermedades respiratorias y cardiovasculares. La contaminación del aire, intensificada por el cambio climático, está vinculada a millones de muertes prematuras cada año. Las partículas finas y los contaminantes que afectan la calidad del aire son en gran parte el resultado de actividades humanas que contribuyen al calentamiento global. Por otra parte, expertos del organismo internacional observan que el aumento de la temperatura y los cambios en la humedad crean condiciones favorables para la propagación de patógenos y vectores, como el mosquito Aedes aegypti, responsable de enfermedades como el dengue y el zika. En este contexto, las comunidades ya afectadas por crisis de salud pública se ven doblemente amenazadas, lo que provoca un círculo vicioso de vulnerabilidad y enfermedad. Ante este panorama, es fundamental que los responsables de la formulación de políticas y los profesionales de la salud adopten un enfoque multidisciplinario. Cada año surgen nuevas pruebas que confirman la relación entre el cambio climático y la salud. Las sociedades que ignoran esta conexión, ponen en riesgo no solo el futuro del planeta, sino también la salud y el bienestar de las futuras generaciones.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) calificó al cambio climático como "la mayor amenaza para la salud" en el siglo XXI. Por eso, es necesario que se implementen medidas urgentes para mitigar sus efectos y proteger la salud pública.  Se deben adoptar medidas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, e impulsar estrategias para adaptar los sistemas de salud a los nuevos desafíos que presenta este fenómeno global.

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