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El Perón de los Papas

En septiembre de 2003, ante el inocultable deterioro en la salud de Juan Pablo II, el Vaticano comenzó a pensar en la búsqueda de un reemplazante para el cargo de Papa. Uno de los papables era Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, supuesto candidato K para ese cargo.

Lo de Bergoglio como"candidato K" lo dijo una revista que circulaba en aquellos días que se dedicaba a hablar en clave de humor de las cosas serias que pasaban en la Argentina. Se llamaba Barcelona, un suplemento de la revista TXT, dirigida por Adolfo Castello.

En su edición del 19 de septiembre de 2003, esa revista publicó (aunque se equivocaron de foto poniendo el de Christian Von Wernich en lugar de quien debía ser) lo siguiente: "Jorge Bergoglio es el gran candidato, el que llega con la fuerza del huracán K. Algunos señalan que el presidente habría cerrado el trato con el FMI solo después de que le aseguraron que Bergoglio tendría el camino libre hacia Roma. En el resto del mundo temen que el obispo argentino sea electo por el poder del aparato eclesial y los curas punteros".

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Papa Francisco (Europa Press/Contacto/Ramiro Agustin Vargas Tabare).

Peronista, tal vez; kirchnerista, no

Sin embargo, las buenas relaciones entre el matrimonio Kirchner y Bergoglio terminaron abruptamente por la homilía que el 25 de mayo de 2004 este lanzó contra el gobierno. En misas anteriores, ya había disparado similares misiles contra Menem, de la Rúa y Duhalde. Tan fuertes resultaron en esta oportunidad sus críticas al kirchnerismo, que lo consideraron "jefe espiritual de la oposición".

Después de escuchar la incisiva homilía suya, con tal de no verle más la cara, el matrimonio Kirchner decidió no asistir más a un Tedeum que fuese oficiado por él. Y en un caso que era inédito y se daba por primera vez en dos siglos de historia argentina, Kirchner trasladó a otro lado la misa de acción de gracias que se realiza cada 25 de mayo en Buenos Aires. El motivo de la ira presidencial fue que Bergoglio, además de calificar de intolerante al gobierno, lanzó frases como "se sienten tan incluidos que excluyen a los demás; tan clarividentes que se han vuelto ciegos", y "copiar el odio y la violencia del tirano y del asesino es la mejor forma de ser su heredero".

La venganza de los ofendidos llegó cuando el nombre de Bergoglio otra vez sonó como posible Papa. Apareció una denuncia periodística afirmando que durante la dictadura y en su carácter de provincial de los jesuitas él había entregado a la Marina a los sacerdotes Orlando Yorio y Francisco Jálics, que misionaban en una villa de emergencia. 

No obstante, quien fue elegido en abril de 2005 no fue él sino un alemán con cara de pocos amigos llamado Joseph Aloisius Ratzinger, luego más conocido como Benedicto XVI, un convencido defensor de la existencia del purgatorio y del infierno. 

¿"Perón de los Papas"?

Pero como parece ser que los buenos oráculos están para ser cumplidos, aquella profecía de Barcelona se cumplió el 17 de marzo de 2013. Ese día, el arzobispo supuestamente peronista se sentó en el trono de San Pedro. Al día siguiente de tan sorpresiva elección pontificia, se publicó en el diario Crónica un artículo firmado por la periodista Alicia Barrios. Su título: "El Perón de los Papas".

Sobre los pergaminos del nuevo Papa, la nota decía: "Su admiración por Perón, que jamás ocultó, lo llevó a estudiarlo. Fue el mejor alumno del General, quien desde algún lugar del cielo lo debe estar monitoreando, orgulloso de este hijo pródigo".

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Francisco habla con Grabois en el acto por los diez años del primer encuentro del Papa con los movimientos populares. Foto: Víctor Sokolowicz.

No había certeza de que desde arriba Perón anduviera controlando la labor del que ya había pasado a llamarse Francisco. Pero sí saltaba a la vista que el papa argentino trataba a la presidenta de Madres de Plaza de Mayo –Hebe de Bonafini– como a una hermana, y a Juan Grabois como el hijo que nunca tuvo. A tal punto que este militante, las veces que iba a Roma, dormía en una de las 129 habitaciones de la Domus Sanctae Marthae, es decir, en la residencia papal de Santa Marta.

Un Papa con perfume peronista

Nunca hubo dudas de que Bergoglio como muchos otros jesuitas (entre ellos, nuestro ya desaparecido vecino Santiago Frank) tenía una marcada afinidad con la doctrina peronista. Todavía se recuerda, al respecto, sus reflexiones basadas en frases de Perón, de Eva Perón y de John William Cooke.

Fue "amigo de mucho tiempo" de Guardia de Hierro, una organización política peronista surgida en 1962 que años después se enfrentó a Montoneros, también peronista. Algunos nunca le perdonaron que en 1974 entregara la conducción de la Universidad del Salvador (propiedad de los jesuitas) a sus amigos Francisco "Cacho" Piñón y Walter Romero, ex importantes miembros de Guardia de Hierro.

Por eso tiene significado y sentido este mensaje que el 1 de febrero de 2018 le mandó a Hebe de Bonafini, una de las últimas grandes capitanas de la industria de los derechos humanos en la Argentina: "Muchas gracias por tu carta que me llegó por medio de Juan (se supone que Grabois). No hay que tener miedo a las calumnias. Jesús fue calumniado y lo mataron después de un juicio dibujado con calumnias. La calumnia solo ensucia la conciencia y la mano de quien la arroja. Por favor, no te olvides de rezar por mí. Saludos a las Madres".

La cuestión es que hoy el exarzobispo de Buenos Aires atesora estos títulos: vicario de Jesucristo, sucesor de San Pedro, sumo pontífice, rector de la Iglesia Universal, patriarca de Occidente, primado de Italia y soberano de la Ciudad del Vaticano. ¿Habrá que agregarle también el título de militante peronista? 

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