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La buena política está al servicio de la paz

Dar la paz está en el centro de la misión de los discípulos de Cristo, un ofrecimiento dirigido a hombres y mujeres que esperan la paz en medio de las violencias en la historia de la humanidad.

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El Papa Francisco en ocasión de la Jornada Mundial de la Paz había señalado: "Paz a esta casa". Dar la paz está en el centro de la misión de los discípulos de Cristo. Un ofrecimiento dirigido a todos los hombres y mujeres que esperan la paz en medio de las tragedias y la violencia de la historia humana.  

La "casa" mencionada por Jesús es cada familia, comunidad, cada país, cada continente, con sus características propias y con su historia; es sobre todo cada persona, sin distinción ni discriminación. También es nuestra "casa común": el planeta en el que Dios nos ha colocado para vivir y al que estamos llamados a cuidar con interés".

Sabemos bien que la búsqueda de poder a cualquier precio lleva al abuso y a la injusticia. La política es un vehículo fundamental para edificar la ciudadanía y la actividad del hombre, pero cuando aquellos que se dedican a ella no la viven como un servicio a la comunidad humana, puede convertirse en un instrumento de opresión, marginación e incluso de destrucción.

En cuanto a la función y la responsabilidad política, constituyen un desafío permanente para todos los que reciben el mandato de servir a su país, de proteger a cuantos viven en él y de trabajar a fin de crear las condiciones para un futuro digno y justo. De manera que la política se ejerce en el respeto fundamental de la vida, la libertad y la dignidad de las personas.

Tomar en serio la política en sus diversos niveles, local, regional, nacional y mundial es afirmar el deber de cada persona, de toda persona, de conocer cuál es el contenido y el valor de la opción que se le presenta y según la cual se busca realizar colectivamente el bien de la ciudad, de la nación, de la humanidad. SS San Pablo VI. 

El Papa Benedicto XVI recordaba que "todo cristiano está llamado a la caridad" (servir al prójimo), según su vocación y sus posibilidades de incidir en la polis (una ciudad y un territorio). Con un programa con el que pueden estar de acuerdo todos los políticos, de cualquier procedencia cultural o religiosa que deseen trabajar juntos por el bien de la familia humana, practicando aquellas virtudes humanas que son la base de una buena acción política: la justicia, la equidad, el respeto mutuo, la sinceridad, la honestidad y la fidelidad.

Cada renovación de las funciones electivas, cada cita electoral, cada etapa de la vida pública es una oportunidad para volver a la fuente y a los puntos de referencia que inspiran la justicia y el derecho…la buena política está al servicio de la paz; respeta y promueve los derechos humanos fundamentales, que son igualmente deberes recíprocos, de modo que se cree entre las generaciones presentes y futuras un vínculo de confianza y gratitud.

Los vicios de la política

Los vicios que tampoco falta en el ámbito político y que se deben tanto a la ineptitud personal como a distorsiones en el ambiente y en las instituciones. Estos vicios, que socavan el ideal de una democracia auténtica, son la vergüenza de la vida pública y ponen en peligro la paz social: la corrupción, en sus múltiples formas de apropiación indebida de bienes públicos o de aprovechamiento de las personas.

La negación del derecho, el incumplimiento de las normas comunitarias, el enriquecimiento ilegal, la justificación del poder mediante la fuerza o con el pretexto arbitrario de la razón de Estado, la tendencia a perpetuarse en el poder, la xenofobia y el racismo, el rechazo al cuidado de la Tierra, la explotación ilimitada de los recursos naturales por un beneficio inmediato, el desprecio de los que se han visto obligados a ir al exilio.

La participación de los jóvenes

Cuando el ejercicio del poder político apunta únicamente a proteger los intereses de ciertos individuos privilegiados, el futuro está en peligro y los jóvenes pueden sentirse tentados por la desconfianza, porque se ven condenados a quedar al margen de la sociedad, sin la posibilidad de participar en un proyecto para el futuro. La política favorece la paz si se realiza, por lo tanto, reconociendo los carismas y las capacidades de cada persona.

A los niños que viven en las zonas de conflicto, y a todos los que se esfuerzan para que sus vidas y sus derechos sean protegidos… "uno de cada seis niños sufre a causa de la violencia de la guerra y de sus consecuencias, e incluso es reclutado para convertirse en soldado o rehén de grupos armados. De ahí que el testimonio de cuantos se comprometen en la defensa de la dignidad y el respeto de los niños sea sumamente precioso para el futuro de la humanidad.

No a la guerra ni a la estrategia del miedo

… La paz jamás puede reducirse al simple equilibrio de la fuerza y el miedo. Mantener al otro bajo amenaza significa reducirlo al estado de objeto y negarle la dignidad. Es la razón por la que reafirmamos que el incremento de la intimidación, así como la proliferación incontrolada de las armas son contrarios a la moral y a la búsqueda de una verdadera concordia. 

El terror ejercido sobre las personas más vulnerables contribuye al exilio de poblaciones enteras en busca de una tierra de paz. No son aceptables los discursos políticos que tienden a culpabilizar a los migrantes de todos los males y a privar a los pobres de la esperanza. Cabe subrayar que la paz se basa en el respeto de cada persona, independientemente de su historia, en el respeto del derecho y del bien común, de la creación que nos ha sido confiada y de la riqueza moral transmitida por las generaciones pasadas.

Cada uno puede aportar su propia piedra para la construcción de la casa común. La auténtica vida política, fundada en el derecho y en un diálogo leal entre los protagonistas, se renueva con la convicción de que cada mujer, cada hombre y cada generación encierran en sí mismos una promesa que puede liberar nuevas energías relacionales, intelectuales, culturales y espirituales. 

Una confianza de ese tipo nunca es fácil de realizar porque las relaciones humanas son complejas. En particular, vivimos en estos tiempos en un clima de desconfianza que echa sus raíces en el miedo al otro o al extraño, en la ansiedad de perder beneficios personales y, lamentablemente, se manifiesta también a nivel político, a través de actitudes de clausura o nacionalismos que ponen en cuestión la fraternidad que tanto necesita nuestro mundo globalizado. 

Hoy más que nunca, nuestras sociedades necesitan"artesanos de la paz"que puedan ser auténticos mensajeros y testigos de Dios Padre que quiere el bien y la felicidad de la familia humana". La paz es una conversión del corazón y del alma…la paz con nosotros mismos, rechazando la intransigencia, la ira, la impaciencia y como aconsejaba san Francisco de Sales, teniendo "un poco de dulzura consigo mismo", para ofrecer "un poco de dulzura a los demás"

(Del texto: SS Francisco en la 52 Jornada Mundial de la Paz 1 de enero 2019).

(El autor es abogado y escritor del Chaco y sus ancestros). 

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