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Poema a Francisco del Nuevo Mundo

Tuvimos

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Tuvimos al profeta del siglo,

visionario de dos centurias,

el Papa de los pobres en cada pobre, 

el que contempló y comprendió

desde la periferia de los últimos.

Eco del grito del mundo, 

acallado por el poder que silencia.

Una lámpara sencilla y sapiente

del Evangelio, sencillo y preciso.

Alerta y despierta vigilia,

por la pérdida del alma en Occidente,

intérprete del sentido sobrenatural 

de la palabra en la historia

de la civilización humana.

El que acercó a otros credos 

porque la batalla es teológica

y el combate escatológico

por el corazón de la humanidad.   

Voluntad de amor y rigor 

en su llamado a entender

la crisis del orbe, síntoma

simbólico y antropológico

de un espíritu asediado por 

la codicia de la malicia,

el algoritmo y la tecnocracia,

el consumo, la usura y el descarte.

El acumular sobre el compartir,

el guarismo sobre el despojo,

el desprecio por el semejante

y la alteración biológica de la vida.

El que escuchó el clamor de Moisés

y de sus ancestros migrantes

en los desterrados con la patria a cuestas, 

el que situó al infante y al abuelo,

al enfermo y al cautivo

en el centro de la dignidad terrestre:

la justicia social, 

norte de su prédica y práctica. 

Un pastor humilde que defendió al rebaño 

ante los mercaderes de la plusvalía,

a la mujer y al hombre en armonía cósmica,

al derecho a nacer en gestación y plenitud,

a la Hermana Tierra y la Casa Común

y a los frutos de su vientre 

con destino al hambre,

 sin adjetivos,    

al libre albedrío del hombre

 y de los pueblos.

Un heraldo de la paz que no dudó

en enfrentar el genocidio sicario 

y las hegemonías y sus cómplices.

Francisco del Nuevo Mundo,

el hijo de la América mestiza, 

que subió del fondo y confín del mapa

a la cima de la comunidad unánime 

de los pobres, humildes y desposeídos:

criatura de un continente sincrético,

 sufrido y sufriente,

hispanoamericano y argentino, 

de genoma popular.

Lo tuvimos, lo necesitamos, lo aguardamos:

¿Pero hicimos por merecerlo?

Seguirá su legado. El pobre, su templo.

(Balvanera, Buenos Aires)

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