Los 115 años de la Biblioteca Rivadavia
La Biblioteca Popular Bernardino Rivadavia de Resistencia cumple hoy 115 años. Abrió sus puertas el 28 de agosto de 1909 gracias a los esfuerzos de un grupo de vecinos que comprendieron en forma temprana la importancia de contar con un espacio que, además de promover el interés por el libro y la lectura, se transformara en un verdadero centro cultural abierto a toda la comunidad.
Varias generaciones de chaqueños pasaron a lo largo de todos estos años por esta valiosa institución, que es la más antigua de la provincia. Ubicada en la calle Pellegrini 80 de la ciudad de Resistencia, en abril de 2011 la Cámara de Diputados del Chaco sancionó la ley N° 6788 a través de la cual la declaró Patrimonio Cultural. En esa oportunidad, los legisladores indicaron que la declaratoria se consideraba como "un justo y merecido homenaje a los trabajadores y miembros de las comisiones directivas de las bibliotecas populares de la Provincia del Chaco. Cabe destacar que los integrantes de las distintas Comisiones Directivas desempeñaron sus funciones ad honorem, garantizando el funcionamiento autónomo e independiente de esta entidad sin fines de lucro, manteniendo así el espíritu fundacional de la biblioteca.
La trayectoria de esta centenaria institución se enmarca en la larga historia de las bibliotecas populares de la Argentina. En ese sentido, nada mejor que citar las definiciones que aporta el bibliotecario y doctor en Ciencias Sociales, Javier Planas, especialista en lectura, libros y bibliotecas, quien es autor de un extenso análisis sobre el papel y la evolución de las bibliotecas populares en nuestro país, especialmente en el contexto de su desarrollo entre 1870 y 1895. Su obra más destacada, "Libros, lectores y sociabilidades de lectura: una historia de los orígenes de las bibliotecas populares en la Argentina", examina cómo estas bibliotecas se convirtieron en espacios claves para la construcción de la sociedad civil y la promoción de la lectura en distintos rincones del país.
Planas sostiene que las bibliotecas populares son el "corazón del sistema bibliotecario argentino" y recuerda que comenzaron a funcionar en 1870, son administradas por asociaciones civiles, lo que refleja una estructura de gestión comunitaria y local. La investigación de Planas destaca que las bibliotecas populares surgieron en un momento en que el Estado argentino estaba en proceso de formación. La primera legislación relevante fue la Ley 419 de 1870, que buscaba fomentar y proteger estas instituciones. Sin embargo, cambios legislativos posteriores llevaron a la reducción de subsidios y a un nuevo período de desafíos para estas bibliotecas. Planas también enfatiza la función social de las bibliotecas, señalando que son espacios donde las personas se reúnen, discuten y construyen proyectos de vida a través de la literatura. Y en este punto, es importante destacar esa mirada: este aspecto de socialización es fundamental para entender su permanencia y relevancia en la cultura argentina. Debemos coincidir con Planas cuando propone que las bibliotecas populares sean vistas no solo como lugares de acceso a libros, sino como centros de producción cultural y social. Además, el mismo autor se muestra a favor de una mayor atención a la formación de colecciones y políticas bibliotecarias que respondan a las necesidades de las comunidades locales, así como a la profesionalización de los bibliotecarios.
Así como Planas subraya la importancia histórica, social y cultural de las bibliotecas populares, a la comunidad chaqueña le corresponde hoy celebrar los 115 años de la Biblioteca Bernardino Rivadavia, la más antigua de la provincia, y al mismo tiempo sumar esfuerzos y voluntades para que la institución siga cumpliendo con sus objetivos y continúe trabajando por la democratización del acceso al conocimiento y la cultura, brindando acceso a recursos educativos, informativos y culturales.
Es importante destacar que las bibliotecas populares tienen un fuerte arraigo local y comunitario, ya que surgieron para cubrir necesidades específicas de información, educación y cultura en las distintas localidades. Más allá de ser meras instituciones de préstamo de libros, las bibliotecas populares funcionan como valiosos e irremplazables centros culturales que ofrecen talleres, cursos, actividades recreativas y espacios de encuentro. Y son estas actividades las que permiten a los miembros de una comunidad interactuar, aprender y desarrollar habilidades, lo que fortalece los lazos sociales y la identidad comunitaria.
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