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LA POPULAR BERNARDINO RIVADAVIA DE RESISTENCIA

Biblioteca de 112 años necesita 20 donantes para pagar costos

La institución fue perdiendo ingresos, especialmente durante la pandemia. Hoy su comunidad apela a la solidaridad de personas e instituciones para sostenerse.

Para cubrir los gastos mínimos de funcionamiento, la biblioteca popular Bernardino Rivadavia debe reunir unos $20.000 cada mes. Entonces su comunidad convocó a veinte vecinos de Resistencia o a firmas comerciales que pudieran donar $1.000 cada uno.

La Rivadavia fue una de las sedes del Festival de Narración Oral ‘Chaco, te doy mi palabra‘ 2018- 2019.

“Es un paliativo para afrontar las erogaciones imprescindibles”, explica a NORTE el presidente de la comisión directiva, Mario Ramírez.

CÓMO SE SOLVENTA

Con una gestión autónoma sus integrantes y colaboradores la mantienen en funcionamiento de manera ad honorem. Sin embargo, los salarios del personal y gastos de mantenimiento de las instalaciones se solventaban con una cuota solidaria que abonaban socios y tres instituciones: Lotería Chaqueña, Casinos Gala y la Mutual del Personal del Banco del Chaco.

Mario Ramírez, presidente de la comisión directiva, describió a NORTE la delicada situación.

Esas colaboraciones se fueron reduciendo en los últimos años y no alcanzan para cubrir lo básico.

EL FUTURO

Por su conformación, las bibliotecas populares no dependen del Estado; aunque sí pueden recibir apoyo económico, como ocurre en este caso. “Tenemos una exención con Sameep y Secheep y una parte de los tributos municipales; pero hay que pagar el tiempo del personal bibliotecario y de limpieza, y el teléfono”, se explica.

En simultáneo la comisión directiva sostiene conversaciones con concejales de Resistencia por una alternativa a largo plazo.

La propuesta, a semejanza de la experiencia de otras ciudades, consiste en contar con un cargo o acceder a recursos económicos de manera permanente.

FUERTE IMPACTO

La emergencia sanitaria impactó en el desenvolvimiento financiero de la institución de Pellegrini 80, especialmente porque sin actividades presenciales también se interrumpió la posibilidad de obtener otros ingresos con el dictado de cursos y talleres.

“Por tratarse de una asociación civil sin fines de lucro que se sostiene con los aportes de sus socios y entidades interesadas en la educación y en el fomento de la cultura, solicitamos un apoyo que garantice la continuidad de la última biblioteca popular en funcionamiento. Esperamos tu apoyo. Es imprescindible para la comunidad de lectores”, apela un texto que se comparte vía correo electrónico.

Para sumarse y colaborar las vías de contacto son la cuenta en Facebook de la biblioteca o la cuenta de mail: [email protected] yahoo.com.ar

“También es parte de nuestra casa”, acompaña el director de la Piacentini

Por refacciones en la escuela de gestión privada Carlos Primo López Piacentini, dos grupos estudiantiles se mudaron temporalmente al edificio de la biblioteca popular Bernardino Rivadavia.

Una de las clases presenciales que se dictaron temporalmente en las instalaciones de Pellegrini 80.

El director Mario Goyoaga contó que dos burbujas de la secundaria continuaron sus clases en el edificio de ‘la vereda de enfrente’.

“El trabajo de la biblioteca es parte de nuestra casa; sobre todo con profesores de Lengua y porque acudir a sus libros es una consigna permanente”, describió a NORTE.

En abril de este año, mientras se completaban adecuaciones a las instalaciones, se dictaron clases en la planta alta y baja de Pellegrini 80.

Goyoaga adelanta que para septiembre, cuando la escuela organice su tradicional feria del libro, pedirán a la biblioteca que sea una de las sedes donde se desarrolle una parte del programa de actividades presenciales.

EN LA HISTORIA

En el microcentro de la ciudad la biblioteca es parte de su historia y un espacio de encuentro para una diversidad de expresiones. Allí se anunciaron temas de interés social, político y cultural, se presentaron libros, se expusieron investigaciones, entre tantas otras actividades.

Fundada el 28 de agosto de 1909, la Biblioteca Popular Bernardino Rivadavia es una de las poquísimas si no la única sobreviviente que responden a la característica de instituciones “constituidas por una asociación de particulares”.

La definición está presente en la ley nacional 914, de 1870, por la que se creó la Comisión Nacional Protectora de Bibliotecas Populares (Conabip).

La primera institución de esas características en Latinoamérica es la Biblioteca Popular Franklin, que se fundó en 1866, cuatro años antes que la Conabip, en la capital sanjuanina.

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