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Emmanuel Leguizamón: "Me preparé mucho para sacar mi primera foto, pero todo se transformó en frustración"

Emmanuel es nacido en Florencia, Santa Fe, límite con el Chaco. Un estudioso de la fotografía, su pasión aparece rápidamente en cualquier conversación.

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Parece increíble que en la actualidad alguien pueda crear una cámara de gran formato desde cero, con piezas hechas en madera, impresas en 3D y un lente que es una lupa. Todo casero, todo desde cero. Con ganas, frustraciones, pero siempre con el fin de poder superar miedos, ansiedades y poder sacar fotos en papel. Sí, papel. Ese recuerdo que queda para siempre y parecen piezas antiguas colgadas en cuadros o guardados en algún álbum de fotos.

Emmanuel nos cuenta sobre su cámara, "Doña María", el proceso, lo que la gente piensa cuando ve la cámara, su primera foto y cómo es sacar un retrato en la era de lo inmediato.

—¿Cuál es la historia detrás de tu proyecto de cámara de gran formato?

—Esta locura comenzó más o menos hace unos ocho años, a partir de la compra de una cámara de fuelle. Este objeto, que en un principio fue una adquisición solo para ser un mero objeto decorativo, terminó siendo el disparador para todo esto que vino después. Fueron tres las cámaras de gran formato que se terminaron haciendo, una de fuelle y dos minuteras.

Esta cámara de gran formato, "Doña María", buscaba ser un objeto decorativo, más que funcional.

Pensar en comprar un lente que me pueda entregar un tamaño de imagen tan grande (18x24cm), era hablar de muchísima plata. Pero todo dio un vuelco cuando me regalaron una impresora 3D y empecé a divisar nuevamente esa posibilidad de que sea funcional el proyecto.

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—Hay mucho pensamiento y trabajo vertido en ese proyecto. ¿Cuánto tiempo te tomó terminarla?

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—Este proyecto podría haberse hecho en menos tiempo, de los casi siete años que llevó. El tema está en que fue un trabajo no continuo, sino que se activaba y desactivaba constantemente. En una primera etapa tenía un sistema para sostener los respaldos (el frontal y el trasero), que estéticamente quedaba bien, pero no era tan funcional. Y ahí, luego de varios meses de trabajo, el proyecto quedó mucho tiempo dormido. Se reactivó cuando jugando con una lupa de uso escolar me di cuenta de que existía la posibilidad de poder usarla como lente para fabricar un objetivo de cámara. Y ahí se retomó el proyecto el cual sufrió cambios y que terminó en este resultado estético y que ande.

Volviendo a la pregunta en sí, fueron varios meses de trabajo y otros meses de descanso del proyecto. Un gran condicionante con los tiempos, fue el tener que viajar a la casa de mi mamá para poder armar todo lo que tenga que ver con carpintería, ya que mis herramientas se encuentran allá, y acá en Resistencia no cuento con un espacio como para tener todo eso disponible cuando quiera. Así que fueron varios los fines de semana de visita a lo de mi mamá que fueron la excusa perfecta para dedicar parte de esas horas a este proyecto.

—¿Qué te inspiró a armar una cámara tan única?

—Recuerdo bien que el disparador para entrar en este mundo analógico fue la compra de mi primera cámara de fuelle que, jugando con ella me di cuenta de que era completamente funcional, a pesar de tener más de 80 años.

Aprender a hacer fotos con esa cámara me hizo plantearme la inquietud de "si en el pasado, con menos acceso a la tecnología como tenemos hoy en día, pudieron construir esto, ¿por qué hoy no podría intentar hacer algo parecido?".

—¿Cuál fue la parte más desafiante de la construcción?

—Cuando retomé el proceso de construcción, mi ansiedad fue lo más desafiante. No veía la hora de terminar de armarla y poder ver qué resultados obtendría con ella al hacer fotos. Ahora, yendo a lo concreto, lo más desafiante quizás fueron los tiempos de experimentación, ya que no tenía una referencia a la hora de disparar, todo fue foto a foto, ajustando flashes, probando con otras aperturas en los lentes.

Lo casero tiene mucho de desafiante siempre.

—¿Tienes proyectos próximos?

—Sí, de hecho hay varias ideas que giran en torno a esas camaritas; tanto a la minutera como a la de fuelle. Por lo constructivo, estoy trabajando en dos más, que también tienen que ver con toda esta movida analógica y volver a construir cosas.

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—Siempre hay gente que acompaña y quienes te desalientan ¿Quiénes te acompañaron y qué les dirías? ¿Y a los que te dijeron, o dicen, que es una locura?

—Mi mamá y mi novia fueron quienes más me soportaron, principalmente por el desorden en el proceso de fabricación y me acompañaron en las frustraciones cuando las cosas no siempre salían bien. A ellas, no me alcanzan las gracias por todo ello.

Y a los que dicen que es una locura este proyecto, les digo que sí, porque teniendo una cámara digital, hay que estar medio loco para irse a fabricar una cámara, un objetivo, el portaplaca, una estructura para montar la cámara, cargar con reveladores y trabajar en un proceso de revelado solo con una lucecita roja en la frente. La verdad que sí, hay que estar un poco loco, pero se disfruta.

—Con respecto a los costos de químicos de revelado y papel, ¿cuánto saldría más o menos una foto hoy en día?

—No son de venta masiva los elementos con los que hago las fotos, en ello radica el motivo de los elevados costos a la hora de hacer fotos, pero para una foto hecha en papel, 18x24 cm, y haciendo negativo (en papel) más el positivado, un costo superior a los 12.000 pesos.

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—¿Qué te produce ver la cara de los que ven por primera vez una cámara de este tamaño?

—Me resulta divertido ver las caras de asombro y entender que todo está hecho con materiales de descarte o reutilizados. Pero creo que lo que más impacta es el tamaño de la cámara, porque es enorme, y comparado con la costumbre de portar un celular para hacer fotos es chocante ver ese objeto.

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—Tu cámara se llama "Doña María" y además tiene un gato impreso ¿Qué significado tienen?

—Sí, las cámaras que fabriqué tienen nombres de familiares que ya partieron a mejor vida. La de gran formato, "Doña María", es en honor a mi abuela paterna; "Abuelita Úrsula", mi primera minutera en honor a mi abuela materna, y la segunda minutera, "La Vecha" en honor a una hermana de mi mamá. El gatito, en realidad gatita, es "Miguelina", la gata de mi novia. Durante el proceso de construcción, fue Miguelina quien se paseó por el esqueleto de la cámara que paso a paso fue cobrando forma. En los videos que tengo subidos a mis redes sociales donde se muestra todo el proceso de construcción, es ella quien se roba más de una vez el protagonismo al pasarse frente al plano en el que estaba filmando.

—En lo personal, ¿qué te pasó cuando hiciste tu primera foto con esta cámara?

—Me preparé mucho para ese momento, tenía tanta felicidad al poder hacer por fin esas fotos, pero todo se transformó en frustración completa. La primera foto salió mal, no se reveló.

Los químicos que tenía llevaban mucho tiempo estacionados y se habían vencido. Pero de los errores se aprende, no bastó más que dominar la ansiedad, volver a encargar nuevos químicos a una casa de Buenos Aires, esperar y repetir la foto. Esta segunda, que sí salió bien, fue mágico. Si bien ya hace mucho que hago fotos en papel, me sigue pareciendo mágico el hecho de ver cómo en un papel blanco se forma la imagen durante el proceso de revelado.

—En estas fotografías no hay retoques, no se puede volver a repetir, no hay disparos en ráfagas ni ajustes. ¿Cómo es arriesgarse una sola vez y no tirar un papel por hacer mal la foto?

—La idea de que pueda fallar está, y esa justamente es una situación interesante, porque sin querer, quizás funciona como una lección de vida, "a veces las cosas pueden fallar", y no queda más que volver a intentar. Una foto mal hecha en papel es un gasto, pero, de los errores se aprende. Todo enseña.

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—En la era de lo digital, hacés fotos con analógico. ¿Por qué?

—Trabajo en prensa y hacer fotos es algo corriente y diario. Para que nos demos una idea, la cámara con la que trabajo hace siete fotos por segundo. Y así en una cobertura puedo volver con cientos de fotos, descargarlas al celular, editarlas y mandarlas en poco tiempo, muy poco en algunos casos. Todo este proceso es realizado casi como un autómata. Pero, en analógico es diferente. Armar la cámara me significa un tiempo, cargar el papel en oscuridad otro. Y ni hablar de montar las luces, armar el plano, hacer la foto y encima revelarla. Todo esto, sumado al costo que tiene me significa un condicionante para pensar más, tomarme mi tiempo y hacer la foto. Me ayuda a bajar muchísimos cambios, como quien dice.

—Trayéndote un poco a lo actual. ¿Qué pensás acerca de la fotografía de hoy? ¿Dónde sentís que estamos?

—Aprender a hacer fotos está al alcance de la mano, no solo porque contamos con millones de videos en internet donde aprender; de hecho, yo me formé así, consultando información en la red y experimentando. Sino que además de esta facilidad, tenemos en nuestros bolsillos una cámara todo el tiempo, en el celular. Y además, este hermoso aparatito nos permite hacer fotos en modo manual, es decir, controlando los tres parámetros básicos que hacen a una foto, Apertura, Velocidad e Iso. Con lo cual sobran facilidades para aprender a hacer fotos. En cuanto a la actualidad, estamos en una situación donde se sacan fotos y más bien no se busca hacer fotos, diferencia que radica principalmente en pensar antes de hacer las fotos y no disparar como autómatas. Pensar en un sentido y disparar a conciencia, dándole un valor real a esas fotos, y quizás pensando en el futuro un poco. Como cuando hacíamos un viaje y solo teníamos un rollo de 36 fotos para todo el viaje. Pensar eso parece un chiste hoy por hoy, donde en una publicación de Instagram podemos subir hasta 10 fotos por publicación, con ilimitadas publicaciones diarias. El condicionante de la cámara es lo que dure la batería. Comparado a cuando solo teníamos un rollo de 36 fotos para contar todo un viaje.

Hoy es muy fácil hacer fotos, solo hay que buscar esa intencionalidad para salir a hacer fotos y darles un sentido. Pensar más y disparar menos quizás.

—Ante tanta competencia y un mundo de fotografía contemporáneo tan diverso, desde tu conocimiento ¿qué les dirías a quienes recién comienzan su camino?

— Estudien, lean, lean los manuales de las cámaras y hagan muchas fotos. Cuanto más practiquen, más van a internalizar y aprender a pensar todo más rápido. Copiar estilos está bueno y ayuda, pero aprender a comunicar lo que tenemos adentro a través de las fotos, suma más.

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—Por último, hacés fotos, construís la cámara, estudiás constantemente fotografía, imprimís lo que te hace falta en 3D, videografo, te grabás para las redes, y muchas cosas más, ¿qué te falta?

—Hacer deportes, mucha falta me hace. Siempre quedan cosas por hacer, si me quedo quieto, me aburro.

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