La reivindicación de la fotografía analógica
Emmanuel es oriundo de Florencia, Santa Fe, radicado en Resistencia. Busca que la fotografía analógica retrate un instante de las personas.
Los emprendedores locales son impulsores de una economía distinta, de esos productos originales que adornan cualquier lugar donde se los presenten. Las Ferias Vente Pakí, organizada por el Cecual, son una vidriera de estos creadores. Recorriendo el lugar, y viendo las múltiples opciones, había un fotógrafo que tenía una cámara antigua, ubicado en una esquina del patio cecualero y mostraba a los curiosos su trabajo. Preguntaban qué hacían, y respondía. Los más chicos abrían grandes los ojos, querían saber qué hacía esa caja de madera. Los más grandes le decían “así eran las fotos antes” o “nosotros cuando éramos chicos íbamos a la plaza a hacernos una foto” y nada parecía entenderse. La modernidad y los tiempos rápidos de hoy dejaron de lado la magia del revelado. Esa espera que hoy desespera, pero que en tiempos anteriores no parecía importar.
Emmanuel Leguizamón encontró en las fotos analógicas una pasión que pocos pueden entender. “Q’ra Alquimia” es su emprendimiento de fotos minuteras y en esta nota cuenta un poco más sobre el.
- ¿Qué son las fotos minuteras?
- En realidad es un estilo por el medio de cómo se logran estas fotografías. Es una adaptación que se hace a una cámara, o a un lente, donde se genera un cuarto oscuro para el revelado de la foto. Es como una cámara instantánea de los años 40.
- Trabajando con lo digital, ¿por qué te atrapó lo analógico?
- Específicamente porque el estilo es en blanco y negro y eso me atrapa mucho así como también la parte que es manual, no es que apretás el botón y sale la foto sino que lleva un proceso y eso es lo que realmente me apasionó. Creo que hace mucho se perdió el tacto, ahora todo es digital y se desaprovechó esa costumbre de tocar la foto. En mi familia, fui uno de los últimos casos que estuvo en contacto con las fotos en papel, porque mis padres sacaban fotos con cámaras analógicas y había que mandar a revelar. Hoy, a través de un dispositivo electrónico, solamente se puede ver. La sensación del tacto es muy particular.
- Observando tu caja, hay un nombre que sobresale, “Úrsula”. ¿Quién fue y por qué trasladaste a tu cámara ese nombre?
- Era mi abuela, es la mamá de mi mamá. Las dos cámaras que tengo fabricadas llevan el nombre de mis abuelas. Actualmente uso a “abuelita Úrsula” porque “doña María” que era la mamá de mi papá, todavía está en proceso de armado porque es una cámara de gran formato. Con mis cámaras siempre trato de tener presentes a mis abuelos, y eso que solo conocí a una, que fue Úrsula.
Doña María es una cámara más grande, elegante así como era ella, muy pituca. En cambio la abuela Úrsula era una mujer más de campo, de trabajo sin dejar de lado ser coqueta y así la veo a mi cámara, que me acompaña todos a lados y se presta para cualquier lugar.
- ¿Cómo empezó tu relación con la fotografía?
- Por casualidad, como todo lo que pasa en mi vida. Mi relación más cercana fue de una conversación con un fotógrafo, pero me llamó la atención de muy chico porque en mi casa había dos objetos que no nos dejaban manipular sin un adulto cerca y eran la cámara de fotos y la de videos, y eso te hacía tener una pseudo devoción y generaban una mística.
Pero concretamente comenzó todo en un viaje que hice con mis padres para fin de año a Misiones, a la casa de unos parientes, donde había un señor que se dedicaba a la fotografía. Empezamos a hablar y yo no tenía ni idea de nada, es más, pensaba que solo era apretar un botón. Yo sabía mucho de música, él no tenía idea de nada, así que la conversación parecía de dos locos; al finalizar la charla Juan Carlos Marchiak dice “este va a ser mi pollo y me va a salir bueno” y de ahí me hizo ruido todo. Años después me dedico a esto.
- Tenés varias facetas, ¿con cuál te sentís más vos mismo?
- Con todas. Soy músico, fotógrafo, hago videos, me gusta armar e inventar objetos. Todo lo que hago me identifica porque soy producto de un todo.
- Cuando entregás las fotos reveladas, ¿qué esperás?
- Que sonrían. Me gusta ver sus caras cuando hago todo el despelote, es muy divertido ver los gestos de sorpresas mientras meto la mano en una caja. La incertidumbre de las personas también me llama mucho la atención. Como anécdota a esta pregunta podría contar lo que fue sacarles una foto a mi mamá y sus hermanas, se acordaban cómo eran las fotos de antes y veías los recuerdos en sus expresiones.
- ¿Analógico o digital?
- Me quedo con el analógico porque es el único que me hace bajar 20 cambios. Vivimos en tiempos muy acelerados, en la inmediatez de querer ya las cosas, sobre todo la foto. Y con lo analógico me tomo mi tiempo, de recortar el papel, poner donde corresponde, calculo el foco, hago la foto, vuelvo al cuarto oscuro, revelo. En cambio con la cámara digital, soy un disparador serial.
- ¿Qué proyectos tenés en cinco años?
- Qué pregunta complicada, incluso esperaba responder cómo me autodefiniría. Contestaría que haciendo lo que amo. La vida se va encargando de poner a personas en su lugar, lugares, espacios y circunstancias que van cambiando y acomodándose.
- Por último, ¿qué significa una foto?
- Un recuerdo y un tesoro, un instante que no volverá en la misma forma exacta. Un pedazo de historia.











