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El control de la criminalidad

La prevención de la violencia y el control de la criminalidad en las calles son dos elementos claves para garantizar la seguridad ciudadana y reducir la tasa de delitos. El violento asalto que sufrió en las primeras horas de ayer una pareja de jóvenes que circulaba en moto por la avenida San Martín de Barranqueras y el robo que padeció un camionero en Presidencia Roque Sáenz Peña, cuando detuvo el vehículo en un semáforo de la autovía de la ruta nacional 16, muestran un mismo modo de operar de los delincuentes: actúan en grupo, se movilizan en motos y amenazan a sus víctimas con armas.

Más allá de ciertas similitudes, los dos casos mencionados -uno ocurrido en Barranqueras y otro en Presidencia Roque Sáenz Peña- no ofrecen elementos serios para afirmar que estén vinculados. Sin embargo, no deja de llamar la atención el creciente grado de audacia de los ladrones y del potencial peligro que representa el uso de armas de fuego en ambas situaciones. Esto último lleva necesariamente a plantearse una primera pregunta: ¿cómo acceden los delincuentes a esas armas de fuego? En este punto, no está de más recordar que la prevención del delito implica adoptar una serie de medidas, dentro del marco de la ley y el respeto de los derechos, para reducir al mínimo los riesgos de conductas delictivas y sus efectos perjudiciales en la sociedad, abordando las causas que las generan.

En ese sentido, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, por ejemplo, ha desarrollado un enfoque para trabajar en materia de seguridad ciudadana y comunitaria que propone articular esfuerzos para atender las causas potenciales de los delitos y de la violencia. Este enfoque multifacético, afirman expertos de Naciones Unidas, ayuda a los países a incorporar las medidas de prevención de la violencia y de control de la criminalidad, a ocuparse de una amplia gama de problemas como la falta de cohesión social, la impunidad, el tráfico de drogas y la proliferación de armas ilegales. En un trabajo publicado por ese organismo internacional se observa que la seguridad ciudadana es un proceso que permite establecer, fortalecer y proteger el orden civil democrático, eliminando las amenazas de violencia en la población y permitiendo una coexistencia segura y pacífica.

En el mismo trabajo se señala, además, que la seguridad ciudadana debe ser considerada un bien público que implique la salvaguarda eficaz de los derechos humanos inherentes a la persona, especialmente el derecho a la vida, la integridad personal, la inviolabilidad del domicilio y la libertad de movimiento.

Otro aspecto que tener en cuenta es el del grave problema del narcotráfico. Como bien advierte el director del Centro de Estudios Latinoamericanos sobre Inseguridad y Violencia de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, Marcelo Bergman, los mercados ilícitos de drogas generan capacidades a las organizaciones delictivas, que empiezan haciendo dinero con la venta de drogas en los márgenes, pero terminan socavando la capacidad estatal de aplicar la ley.

En muchas oportunidades se ha insistido con la necesidad de implementar programas de prevención de delitos, especialmente enfocados en la educación y el apoyo a jóvenes en riesgo de caer en actividades delictivas, promoviendo actividades deportivas, culturales y educativas como alternativas positivas. En ese sentido, merecen destacarse las tareas que realizan los clubes de barrio, presentes en distintas localidades de la provincia, que permiten que muchos chicos transiten su infancia y adolescencia en espacios donde las prácticas deportivas y las actividades culturales sirven de base para promover valores como el respeto por los otros, la solidaridad, el esfuerzo y el trabajo en equipo. 

De ahí la importancia de apuntalar la labor de estas instituciones que cumplen una función social irremplazable en la comunidad. Estos clubes muchas veces son también el mejor lugar para aprender a trabajar juntos, para construir comunidad. Es que la vida en sociedad implica un compromiso de todos los sectores para hacer frente a los distintos desafíos que se presentan, como el de la seguridad ciudadana, un asunto que es complejo y que demanda una estrategia integral para mejorar la calidad de vida de la población, sumando distintas acciones comunitarias que sirvan para prevenir la criminalidad, facilitar el acceso a un sistema de justicia más eficaz y trabajar a favor de una educación que esté basada en los valores, el respeto por la ley y la tolerancia.

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