Quería ser como Alberdi, pero está balcanizando el país
En menos de diez semanas, el Presidente que decía inspirarse en el prócer que puso las "Bases" de la organización nacional, se las arregló para balcanizar sus propios apoyos políticos y al país todo. - Por Rubén Tonzar

La semana que pasó hubo un paro nacional ferroviario, y otro en el sector de la sanidad privada. El viernes, más de 500 cortes y manifestaciones en todo el país reclamaron contra el desabastecimiento a los comedores populares. Se viene una huelga nacional docente por salarios y por el Fondo de Incentivo en las provincias que debían comenzar el ciclo lectivo este lunes, día en el que también pararán los estibadores portuarios.
El gobierno nacional venía exhibiendo con orgullo el pago riguroso de los intereses de la deuda pública –tanto la indexada por inflación como la dolarizada- mediante el tradicional método de "sentarse sobre la caja". Al mismo tiempo que licuaba jubilaciones, recortaba gastos educativos, fulminaba la asistencia social, bloqueaba las transferencias a las provincias, etc, mostraba gran disposición a ignorar o reprimir las protestas populares, con relativo éxito hasta el momento. Sin embargo, esta semana se ha encontrado de repente con otra piedra en el zapato.
Ignacio Torres, gobernador de Chubut, se levantó contra la decisión de Milei-Caputo de recortar uno de cada tres pesos de los fondos coparticipables de su provincia. Solidarios con su pronunciamiento se manifestaron de inmediato los intendentes chubutenses, y luego -en conjunto- los mandatarios Jorge Macri (CABA), Leandro Zdero (Chaco), Gustavo Valdés (Corrientes), Rogelio Frigerio (Entre Ríos), Carlos Sadir (Jujuy), Alfredo Cornejo (Mendoza), Marcelo Orrego (San Juan), Claudio Poggi (San Luis), Maximiliano Pullaro (Santa Fe), todos de Juntos por el Cambio. A ellos se agregaron luego los más o menos peronistas Alberto Weretilneck (Río Negro) y Martín Llaryora (Córdoba), y el bloque de senadores nacionales de la UCR, entre otros.
Se puede apreciar de un vistazo que la rebelión opositora está encabezada nada menos que por el heterogéneo bloque de quienes hasta hace 20 días estaban dispuestos a votar la "ley ómnibus" y a darle "gobernabilidad" al mandato de Milei.
El alzamiento de Torres ilustra claramente la "grieta" que hizo fracasar aquella pretenciosa legislación, y que produce choques dentro del propio gobierno, de este con sus aliados más cercanos, y entre los diversos grupos empresariales -locales y foráneos- que estaban más interesados en que prosperara la "revolución libertaria", aún con sus sangrientas manifestaciones iniciales de licuadora y motosierra contra los asalariados.
En menos de diez semanas, el Presidente que decía inspirarse en el prócer que puso las "Bases" de la organización nacional, se las arregló para balcanizar sus propios apoyos políticos y al país todo.
Vale destacar que este choque en las alturas del poder político no solo refleja las fuertes contradicciones entre quienes habitan ese olimpo, sino también la agitación social que comienza a manifestarse y –más o menos rápido- tenderá a profundizarse.
Justamente esa fue la principal conclusión de la visita de Gita Gopinath, la subjefa del Fondo Monetario, que en lugar de limitarse a felicitar al gobierno por el superajuste, prefirió advertirlo sobre la necesidad de "mejorar la asistencia social" y "ampliar los apoyos políticos". Todos los medios que tomaron nota de esas indicaciones encontraron detrás de ellas el temor a la posibilidad de un estallido social.
Tanto el FMI, como el gran empresariado, como los mandatarios que le dicen al gobierno nacional que está dañando "a los habitantes de las provincias, no a sus gobernadores", acuerdan con el plan de estructurar la economía nacional en torno al pago de la deuda externa, piedra de toque para mantener la íntima convivencia de los negocios locales -actuales o potenciales- con los fondos financieros internacionales.
Tal era el consenso de fondo que llevó a la aprobación en general de la "ley ómnibus", un plan extremista en su forma como en su contenido. Pero es también esa íntima convivencia –que ya lleva por lo menos medio siglo- la que frustró la ley, y la que en definitiva nos arrastra de crisis en crisis, cada cinco o diez años, la que disgrega a la sociedad, golpea el nivel de vida de la población y alimenta la pobreza.
Los que de repente se acordaron de la defensa de la "organización federal", pertenecen a los mismos sectores político-económicos que hace ya décadas vienen canjeando las autonomías provinciales por "inversiones" para extraer petróleo, minerales, soja o madera, y dejando este saldo de pobreza (57,4% de la población) y miseria (15%).
Ese es el principal motivo por el que los partidos tradicionales perdieron la Presidencia a manos de un advenedizo, y el mismo por el cual se mostraron inicialmente dispuestos a apoyar sus planes, o al menos a quedarse quietitos mientras él los perpetraba. Porque saben que esas políticas son, en mayor o menor medida, responsables de las grandes derrotas nacionales de los últimos tiempos, desde la dictadura de 1976, pasando por la hiperinflación y el menemismo, hasta la quiebra de 2001 o el actual desastre.
La misma amenaza de "cerrar el grifo" que acaba de pronunciar el mandatario chubutense es solo un argumento en la negociación de fondo de los gobernadores con Milei y su grupo, que de una forma u otra terminarán pagando los trabajadores en cada provincia. A no ser que pase lo que pronosticó Gita Gopinath.
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