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Ajedrez en las aulas

El ajedrez, empleado como un apoyo a la enseñanza en las aulas, puede contribuir a la estimulación del pensamiento crítico, la creatividad y el desarrollo cognitivo de los estudiantes.

Así lo señalan numerosas investigaciones que demuestran que la práctica del ajedrez a partir de edades tempranas permite a niños y adolescentes potenciar la creatividad, la memoria, el pensamiento abstracto, el dominio de sí mismo y la concentración, entre otras ventajas asociadas al juego ciencia.

La escuela tradicional enfrenta numerosos desafíos en este vertiginoso siglo XXI. Pedagogos de distintas corrientes coinciden en señalar la necesidad de aplicar en las aulas métodos innovadores y participativos en el proceso de enseñanza-aprendizaje. En ese sentido, el milenario juego del ajedrez ha demostrado ser una valiosa herramienta a la hora de preparar a los alumnos para enfrentar los desafíos que se presentan hoy en las diversas áreas del conocimiento. Según los especialistas, el ajedrez ayuda a desarrollar habilidades cognitivas y sociales, como la memoria, la concentración, la toma de decisiones, la atención, la reflexión, la resolución de problemas, el pensamiento creativo y el sentido de logro. No es casual que el juego haya sido incorporado en programas educativos de muchos países. Si bien es cierto que en la mayoría de las experiencias que se llevan adelante en todo el mundo se adopta al ajedrez como deporte, investigadores observan que el juego ciencia aporta beneficios que van más allá de los que proporcionan las disciplinas deportivas, y en ese sentido hacen notar que sólo hacen falta dos elementos para desarrollar el juego: un tablero y las piezas. Dicho de otra manera, no se requieren importantes sumas de dinero para practicarlo, de manera tal que los recursos económicos no son un gran obstáculo para la incorporación del mismo en las aulas (especialmente en este momento que atraviesa el país con un severo ajuste en distintos ámbitos).

Quienes estudiaron los beneficios de la incorporación de este juego en el sistema escolar, explican que, entre otras cosas, contribuye a desarrollar habilidades estratégicas y tácticas en quienes lo aprenden y lo practican en forma periódica. Además, promueve la aceptación de las normas, la organización, el control emocional, el sentido de responsabilidad, la autoestima y la toma de decisiones. También potencia el desarrollo de habilidades cognitivas e intelectuales, como la atención, la concentración, la capacidad de análisis y síntesis, el desarrollo de la memoria, la imaginación, la organización del conocimiento, la toma de decisiones en la resolución de problemas complejos y el razonamiento lógico–matemático, es decir, aporta lo que se podrían denominar "nutrientes esenciales" para que los procesos de enseñanza y aprendizaje de los niños y adolescentes gocen de la mejor salud. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) ya en 1995 recomendó a sus países miembros que incluyan el ajedrez en las escuelas de los niveles primario y secundario.

Según los historiadores, el uso del ajedrez como una herramienta de ayuda a la educación fue reconocido ya en 1786 por el inventor, científico y político estadounidense, Benjamin Franklin. En un artículo que escribió en 1779, titulado "La Moral del Ajedrez", sostuvo que "la vida es una especie de ajedrez" y que a través de este juego se puede aprender mucho sobre cuestiones tan distintas como la previsión y la precaución. Más cercano a este presente, el fundador de la organización no gubernamental Ajedrez sin Fronteras, Álvaro van den Brule, dijo que "como herramienta avanzada de gestión de conflictos, el ajedrez invita a pensar con criterios amplios y no restrictivos. Es un laboratorio de I+D portátil. Su belleza nunca se consume pues es como un Fénix milenario. El ajedrez, como la música, es un idioma universal". Otras personas, que también apuestan a la incorporación de este juego en los ámbitos educativos, aseguran que el ajedrez tiene todas las cualidades necesarias para ser una excelente herramienta educativa.

Por todo lo expuesto, es de esperar que, más allá de las dificultades que seguramente deberá atravesar este año el ciclo escolar, el ajedrez esté al alcance de más niños, jóvenes de nuestra provincia y también, por supuesto, de todos aquellos docentes que estén interesados en explorar distintos métodos de enseñanza e incorporar nuevas propuestas a los programas escolares.

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