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Adultos mayores en el siglo XXI

Entre las tendencias demográficas que se observan en las sociedades de este siglo XXI se destaca el proceso de envejecimiento de la población.

Según la ONU, en cada vez más países el número de personas mayores de 65 años crece a un ritmo más rápido que el resto de los segmentos poblacionales. Este nuevo escenario se explica, en gran parte, por los avances logrados en el campo de la salud que amplían la expectativa de vida de hombres y mujeres que ingresan a esta etapa del ciclo vital con experiencias y destrezas que no deben ser desaprovechadas.

Según la Organización de Naciones Unidas, este fenómeno ya afecta a distintos grupos sociales en todo el mundo, y por eso el organismo internacional volvió a hacer un llamado a los gobiernos para promover políticas públicas que fortalezcan la participación activa de las personas adultas mayores en distintas actividades.

Se calcula que los países de América Latina llegarán al año 2040 con más personas adultas mayores que menores de 15 años entre su población, conformando así un nuevo escenario que obligará a revisar la mirada tradicional que la sociedad tiene sobre las personas mayores. De lo que se trata, explican los estudiosos del fenómeno, es de pensar estrategias para sumarlos como protagonistas más activos de la sociedad. Sin embargo, hasta ahora, muchas personas siguen rindiendo culto al paradigma social y estético de la juventud.

"Dejame todas las arrugas, no me quites ni una. He tardado toda una vida en conseguirlas", dijo alguna vez la actriz italiana Anna Magnani, fallecida en 1973. La frase fue rescatada por el Papa Francisco en uno de sus mensajes en los que cuestionó el mito de la juventud eterna. En un libro publicado sobre la biografía de Magnani se observa que, antes del rodaje de una película, la actriz recordaba que estaba dispuesta a defender las arrugas en su rostro cada vez que un maquillador intentaba ocultarlas.

"Vivimos en una época en la que el mito de la eterna juventud es una obsesión", observa el Papa Francisco y remarca que las arrugas son "símbolo de experiencia, de madurez y de vida y de haber hecho un camino". En varios países, son cada vez más las organizaciones no gubernamentales que trabajan para promover el rol social, los saberes y habilidades de las personas mayores para ponerlos a disposición de la sociedad. El proceso de envejecimiento de la población es un fenómeno que está presente, en mayor o menor medida, en todos los países. Por eso la Asamblea General de las Naciones Unidas planteó la necesidad de cambiar la forma de ver y abordar la edad y el envejecimiento de las personas.

Frente a esta nueva realidad es necesario erradicar prejuicios y estereotipos que asocian a las personas mayores con ciertas patologías y discapacidades. Si bien es cierto que el estado de salud de una persona no es el mismo a los 70 años que a los 20, esto no debe ser interpretado como la obligación de resignar espacios en los distintos ámbitos en los que interactúan las personas mayores. Hace unos años, un estudio realizado por médicos franceses especialistas en deportes que analizaron los resultados de las competencias de maratón de Nueva York que se llevaron a cabo entre 1980 y 2009, reveló que los corredores de mayor edad fueron los que lograron reducir más el tiempo que demanda recorrer los 42 kilómetros de ese desafío. La investigación concluyó que hay nuevos límites de edades para quienes, en condiciones físicas adecuadas, se animan a enfrentar estos desafíos. Pero, claro, no todo en la edad adulta gira en torno al rendimiento físico de los individuos.

La experiencia acumulada a lo largo de la vida es un recurso valioso para el conjunto de la sociedad que muchas veces es desaprovechado por prejuicios o ignorancia de las transformaciones que experimentan las sociedades actuales. Es necesario, entonces, replantear la visión tradicional que hasta ahora se tiene de esta etapa del ciclo vital del hombre y la mujer, para entenderla como lo que es: una etapa natural de la vida, que puede y debe vivirse con plenitud. Se trata de un tema que debe estar presente en la agenda pública ya que se estima que, en nuestro país, en el año 2050, uno de cada cinco argentinos tendrá más de 64 años de edad. Para esa fecha la población argentina rondaría los 50 millones de habitantes, de los cuales 10 millones serán adultos mayores.

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