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Riesgos evitables detrás del cáncer

Un estudio publicado en la revista científica The Lancet reveló que el 42% de las muertes por cáncer a nivel mundial se debe a factores de riesgo prevenibles. Esta cifra, que equivale a casi la mitad de los fallecimientos por esta enfermedad, pone de relieve la necesidad de tomar conciencia sobre la problemática y fortalecer las estrategias de prevención.

La investigación, que analizó datos de diferentes países, identificó un total de 44 factores evitables que están directamente relacionados con el desarrollo de diversos tipos de cáncer. La mayoría de estos factores se agrupan en categorías relacionadas con la contaminación ambiental, las exposiciones a productos químicos en ambientes laborales, el consumo de tabaco, la dieta poco saludable, los hábitos de vida perjudiciales, las infecciones y otros riesgos metabólicos y conductuales.

El principal factor de riesgo identificado fue el tabaco. Su consumo, en cualquiera de sus formas, fue responsable de una de cada cinco muertes por cáncer. Esto incluye tanto a fumadores activos como a personas expuestas al humo de cigarrillos que fuman otras personas. Le siguen otros factores de alto impacto como la obesidad, el consumo elevado de alcohol, una dieta inadecuada, el sedentarismo y los niveles elevados de azúcar en sangre. Estas condiciones, además de ser modificables, según el estudio, son cada vez más comunes a nivel global, incluso en países de bajos ingresos.

El estudio también señaló la contaminación del aire como una fuente de riesgo. La exposición prolongada a partículas finas, al humo generado por combustibles sólidos utilizados en los hogares en viviendas se relaciona con el desarrollo de varios tipos de cáncer, en especial los que afectan a los pulmones, la tráquea y los bronquios. Del mismo modo, las exposiciones en espacios laborales a sustancias tóxicas como el arsénico, el amianto, el benceno, el cadmio y el cromo constituyen un peligro latente para millones de trabajadores, sobre todo en industrias con escasos controles
ambientales.

La mala alimentación, otro factor destacado en el informe, se relaciona con el sobrepeso y la obesidad, pero también con desequilibrios metabólicos como la hiperglucemia. Estos desequilibrios aumentan el riesgo de desarrollar cáncer en órganos como el hígado, el páncreas y el colon. Además, el consumo excesivo de alcohol se vincula directamente con el cáncer de esófago, de hígado y de mama. Las infecciones adquiridas por prácticas sexuales sin protección, como el virus del papiloma humano, también figuran entre los factores de riesgo prevenibles, especialmente en el caso del cáncer de cuello uterino.

El informe indica que en 2024 se registraron 10.4 millones de muertes por esta enfermedad y 18.5 millones de nuevos casos, lo que representa un aumento importante respecto a los datos recopilados por otro estudio similar realizado en 1990. La publicación concluye que, si no se adoptan medidas concretas para reducir la exposición a los factores de riesgo identificados, las proyecciones indican que esta tendencia continuará en aumento hasta 2050. Es decir, no basta con invertir en tratamientos y tecnologías médicas, sino que resulta fundamental implementar políticas públicas orientadas a la prevención, porque -como está demostrado- reducir los factores de riesgo evitables es una de las formas más eficaces de combatir el cáncer.

El estudio publicado en The Lancet insiste en que millones de muertes prematuras podrían prevenirse si se actuara de forma decidida sobre estas causas. Esto requiere, entre otras medidas, la adopción de políticas de control del tabaco, mejoras en la calidad del aire, regulación de sustancias tóxicas en entornos laborales, promoción de dietas saludables, aumento de la actividad física, acceso a educación sexual, y campañas de concienciación a gran escala.

Un párrafo aparte merece la cuestión del sedentarismo, definido como un estilo de vida con poca actividad física. A pesar de los avances en el conocimiento médico y la promoción de estilos de vida saludables, muchas personas siguen sin incorporar suficiente movimiento en su vida diaria, lo que se traduce en consecuencias tanto para el bienestar individual como para los sistemas de salud.

Gran parte de los casos y muertes por el cáncer están directamente relacionados con las condiciones ambientales, decisiones individuales y las políticas públicas. Si se abordan de manera coordinada y sistemática los factores de riesgo prevenibles identificados por la investigación publicada en The Lancet, se puede reducir el impacto del cáncer y mejorar la calidad de vida de millones de personas

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