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Mano a mano con el arquero

Nada está dicho rumbo al 17 de septiembre. Puede ser que Jorge Capitanich consiga su cuarto mandato, puede ser que Leandro Zdero cierre el ciclo peronista de dieciséis años en el poder. A diferencia de los duelos anteriores por el mismo premio, esta vez no hay resultado cantado.

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La única certeza en el proceso electoral del Chaco es que no hay certezas. Los dos comicios que ya se realizaron aquí este año (las primarias provinciales de junio y las nacionales de agosto) admiten innumerables lecturas, todas discutibles. Probablemente una de las que lograría mayor consenso es la que sostiene que, rumbo al 17 de septiembre, nada está dicho. Puede ser que Jorge Capitanich consiga su cuarto mandato, puede ser que Leandro Zdero cierre el ciclo peronista de dieciséis años en el poder.

La novedad que agita la campaña es precisamente ésa. A diferencia de los duelos anteriores por el mismo premio, esta vez no hay resultado cantado. Posiblemente haya que remontarse al balotaje de 1995 para encontrar una cotienda parecida. En la primera vuelta de aquel año todos consideraban una fija el triunfo de Florencio Tenev, el candidato del PJ, pero cuando en esa elección Angel Rozas salió segundo y logró forzar (por un margen agónico) a una ronda definitoria, se sabía que el radical tenía chances. El tercero más votado, José Ruiz Palacios (coronel fundador de Acción Chaqueña), dejaba libre un caudal que nadie podía imaginar volcándose al peronismo. De hecho, se traspasó casi entero a Rozas, que ganó la batalla final.

Alguien podría anotar en esa categoría de peleas impredecibles a la del propio Capitanich con Rozas en 2007, pero hay una diferencia muy gruesa: solo el actual gobernador confiaba en su victoria. Fue 100% batacazo. Esta vez, un triunfo de Zdero no se podría considerar tal cosa. Los comicios recientes hablan de que es posible.

EL VIEJO MUNDO

La idea de una realidad sin puntos fijos de apoyo, inasible, no es nueva ni mucho menos original. Hace ya varios años el sociólogo polaco Zygmunt Bauman la resumió en una frase quizá desoladora pero difícil de rebatir: "La única certeza es la incertidumbre". 

"Cuando yo era joven, podías ir a la Ford o la General Motors, entrar como aprendiz y jubilarte allí. A partir de esa seguridad, montabas una familia, te comprabas la casita y te hacías un seguro. Eso se acabó. La estadística dice que el joven que acaba la universidad cambiará ocho veces de empleo antes de los 35 años -decía Bauman en una entrevista de 2008-. Blas Pascal, matemático y filósofo francés del siglo XVII, escribió sobre el temor que provocaba la propia temporalidad frente a lo eterno, a lo inalterable, del mundo. Esa relación se ha invertido. Hoy es el mundo el que cambia continuamente, y la certeza está en la propia existencia".

Y si eso sigue pasando en el mundo, el fenómeno alcanza también -por una cuestión de proximidad- a uno de los planetas más cercanos a la Tierra: la Argentina. 

ESPANTOS

En un terreno de puras subjetividades, lo ocurrido en las primarias nacionales parecen manifestar que, en nuestro país, la sensación de vulnerabilidad que genera un contexto en permanente modificación se superpone y potencia con el hecho de que aquí los cambios no están asociados en lo más mínimo a nuevas formas de confort y bienestar, sino a un deterioro progresivo de las condiciones de vida.

La frustración provocada por esas circunstancias encontró en Javier Milei a su cosechero más hábil y blinda en gran medida a sus votantes contra cualquier intento de hacerles cambiar el sufragio en las generales. ¿Por qué? Porque no hay manera de asustar con la idea de un "futuro espantoso" cuando el presente ya lo es. En los incendios de edificios en torre, hay gente que intenta salvarse arrojándose desde los balcones.

En el caso del peronismo chaqueño, el revés de las PASO provinciales pateó hormigueros e instaló un clima deliberativo que nunca antes había existido en la era Capitanich. El fin de semana pasado, algunos dirigentes y militantes de la generación del ’70 para atrás lograron una reunión con el gobernador. Fue en la sede del PJ, en Mitre y Rivadavia. Le cuestionaron la falta de comunicación hacia abajo en la estructura partidaria, el poco eco de la vieja guardia en las definiciones relevantes y que algunos lugares clave de las listas hayan sido para figuras a las que consideran sin millaje ni antecedentes militantes suficientes como para merecerlas. Un viejo dilema de los partidos tradicionales: hacer caso a la demanda social de renovación o bajarles la barrera a los más jóvenes para premiar la antigüedad.

VIDRIERA DESPAREJA

Zdero afronta complicaciones propias. Aunque la interna contra Convergencia Social, el movimiento de Angel Rozas, concluyó sin grandes fisuras, hay algunas heridas dispersas. Además, esa batalla primaria obligó a gastar recursos que ahora faltan para la campaña general.

Otro contrapeso es la visible falta de un equipo que alimente bien el discurso del candidato. Desde el peronismo se chicanea al ex Zorro sobre su falta de propuestas para el caso de resultar elegido. Es un rompeportones de campaña, pero no le falta una base de verdad: Zdero pega bien cuando marca las carencias y manchas del gobierno actual, pero sus desarrollos cuando le toca describir cómo gestionaría la provincia no se salen de las generalidades y las consignas playas.

En el debate del lunes pasado, junto a Capitanich y Gustavo Martínez, en Charata, volvió a mostrar que la oferta de Juntos por el Cambio renguea por ese lado. Quedan once días de campaña y un debate más. ¿Habrá algo nuevo en esa parte de la vidriera?  

CIRCUNSTANCIAS 

Capitanich se muestra, en ese aspecto, más solvente. No es para sorprenderse, va a cumplir en diciembre doce años como gobernador y su organismo parece preparado para guardar cifras y estadísticas hasta en la vesícula. También tiene a su favor los metros de ventaja que a cualquier candidato le da el poder hacer campaña desde la función pública, en materia de exposición y de recursos. Lo que tiene en contra no es nada menor: lo que pasa en las calles y en los bolsillos familiares. No hay récord de pavimentación ni kilómetros de fibra óptica que puedan compensar la bronca de salir del supermercado como si uno hubiera sido apaleado por una pandilla de ninjas. 

Está justamente ahí el viento que más empuja la canoa de Zdero. Le permite pararse sobre el descontento social para acercarse a la fruta del 17. El PJ, para limar esa estrategia, se esfuerza en recordar su condición de administrador local de la Anses durante la presidencia de Mauricio Macri. 

En la historia hay además un tercer personaje: Gustavo Martínez. Su caudal de votos en las primarias lo dejó lejos de la conversación, pero lo dejó vestido con el traje de hombre clave. En el peronismo sospechan que llegó a un acuerdo con Zdero; los radicales creen que se reconciliará con Capitanich. "Hoy no hay eso, mañana no sé. Pero yo creo que Coqui, si ve que lo necesita, no lo va a buscar a Gustavo, va a buscar los votos de Gustavo", suponía ayer un dirigente intermedio del PJ, habitante del mundo legislativo.

¿HAY BALOTAJE?

Por si faltaran interrogantes, está también el de si la gobernación tendrá nuevo dueño dentro de dos domingos o si habrá segunda vuelta. Si la elección se polariza demasiado, el balotaje podría volverse innecesario ya que el más votado estaría con más chances de superar la línea del 45% de los votos.

Las encuestas corren, aunque no son tantas. Además, los que las leen ya no se fían de ellas. La sorprendente performance de Milei en las elecciones de agosto no fue anticipada por ningún consultor (excepto un chaqueño, Sergio Elías, que a fines de marzo había dicho en NORTE que sus sondeos le daban al libertario un apoyo de más del 20% en el Chaco). "A nosotros Leandro nos da cuatro puntos arriba, pero para mí están palo a palo", dice una figura de la primera línea radical. "Hay mucha gente que no fue a votar (en las PASO), los vamos a buscar. Coqui ya lo dio vuelta una vez, y la diferencia era peor", recuerda un intendente justicialista, rememorando la proeza de 2021.

Como en la final de Qatar, la Copa está para cualquiera. En el minuto final, Capitanich y Zdero tendrán la oportunidad de quedar mano a mano con el arquero adversario. El que falle en la última gambeta verá el festejo ajeno con las manos vacías.

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