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La educación y las drogas

Varias estructuras y sectores del mundo están en crisis, donde los controles sociales y culturales establecidos por las iglesias, las familias y las escuelas se debilitan y se pierde la nitidez del límite entre lo bueno y lo malo, la frontera entre lo permitido y lo prohibido. Todo es válido, por la carencia de modelos y valores representativos de una sociedad sin rumbo. La educación integral del joven, ya no existe.

Por Salvador Cuño*

Hoy en día, el permisivismo suplanta a la socialización bajo un nuevo marco rmativo, en el cual la educación ciudadana transgeneracional (adultos responsables) es vista como represiva y no como preventiva de conductas marginales.

Hoy, el nuevo modelo educativo social genera una personalidad hedonista ya que el único valor aceptado y prestigiado es el referido al placer individual, por lo tanto el mundo de las ideas y valores queda relegado por la ley del menor esfuerzo.

OTRO MUNDO

La educación de la voluntad, el fortalecimiento de la autodeterminación y la lucha por la dignidad y libertad humanas, fueron el objetivo de todas las generaciones desde la creación del mundo. Hoy, sin embargo, el individuo sumergido en un profundo vacío de afectos, de valores, de proyectos y de ideales, se enfrenta con la complejidad del mundo actual que lo paraliza, y ante la necesidad de su propia libertad se entrega en manos de las drogas, en un intento evasivo y equivocado de auto terapia.


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El consumo de alcohol es un serio problema entre nuestros jóvenes, pero sin embargo no es asumido como tal. Es solo un aspecto de un gran desajuste social.

El inicio del cambio que debemos realizar, se basa en la toma de responsabilidad de los adultos referentes del proceso formativo y educativo de los niños. El hecho de expresar simplemente que tengo un hijo rebelde o caprichoso, no es motivo para abandonar las pautas programadas en el seno familiar para la educación de los mismos.

HUÉRFANOS AFECTIVOS

Los padres, por situaciones estresantes de la vida diaria, generalmente, no están en condiciones de confrontar y graduar las libertades y exigencias que reclaman naturalmente los jóvenes, dejando sin control la conducta de sus hijos. A esta actitud negligente e inadecuada de sus progenitores, ellos la sienten como un abandono y lo viven como huérfanos afectivos.

LLENAR EL VACÍO

La conducta de los jóvenes depende especialmente del contexto familiar donde se desarrollan y de la relación afectiva y vincular con su padres.

Recordemos que las drogas entran justamente en el espacio vacío de afecto, contención y reglas normativas claras, que dejan los padres distantes o ausentes en la crianza de sus hijos.

El correcto modelado artesanal del cerebro de los niños, está dado por la acción positiva de los padres y la acción educativa de la sociedad.

Todos somos responsables del violento descontrol que se produce en los boliches y calles de nuestra ciudad, como resultado del exceso de alcohol que consumen nuestros jóvenes, ya sea por falta de un mecanismo de autocontrol en la ingesta (falla en la educación familiar) o por el incumplimiento por parte de los comerciantes de las ordenanzas municipales y provinciales, que prohíben la venta de alcohol a menores de edad, y/o su permanencia en los boliches (falla de las autoridades de control).

Por inconciencia, negligencia o ignorancia estamos destruyendo con el alcohol y las drogas el cerebro de muchos de los jóvenes de la nueva generación, alterando su conducta y su salud.

La familia debe llenar el vacío espiritual y emocional del joven que padece una dolencia estructural psíquica o social, teniendo una participación temprana para evitar daños irreparables o la muerte. Tengamos presente que trabajar en la prevención del consumo de alcohol y drogas, es ganar tiempo y salud, y es una responsabilidad de todos.

*(El autor es médico pediatra especialista en Adolescencia; terapeuta familiar; master en Prevención y Asistencia de adicciones).

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