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Drogas: nuestra juventud en peligro

La adicción a las drogas es una enfermedad que no se cura. Solo, después de muchos años de tratamiento, se logra una readaptación y reinserción social.

La sociedad actual mantiene inconscientemente un antifaz que no le permite ver la realidad en la que se desarrollan y viven  los jóvenes en esta provincia. Diría, más bien, irresponsablemente no quiere ver una realidad que pasea a diario frente a sus ojos, en las plazas, en los colegios o en los boliches.


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(Foto ilustrativa)

Niños y jóvenes que consumen todo tipo de sustancias tóxicas, adictivas, comprometiendo seriamente su estado de salud actual y reduciendo gran parte de su capacidad intelectual y racional por lesiones del noble tejido cerebral.

La adicción a las drogas es una enfermedad que no se cura y que destruye las células del cerebro, pulmones, corazón e hígado, entre los órganos más importantes del organismo, de acuerdo al tiempo y cantidad de consumo.

Solo, después de muchos años de tratamiento, se logra una readaptación y reinserción social, y luego de largos períodos de dolorosas recaídas marcados por la abstinencia a la droga.

Pérdida de libertad 


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La adicción es la pérdida de la libertad del ser humano. El individuo pierde su capacidad de decidir y aplicar su propia voluntad, ya que el mandato biológico dictado por las drogas domina y maneja el funcionamiento de su organismo. El desmoronamiento físico, psicológico  y social es progresivo e insensible para el paciente, que pierde el sentido de la realidad y comprensión de lo que le sucede, por lo cual se resiste al tratamiento.

La sensación que experimenta cualquier adicto a las drogas es un estado transitorio de bienestar creado artificialmente por las sustancias químicas que actúan sobre las células del cerebro, alterando sus funciones.  Sensación ésta que pretende llenar un vacío en el alma del adicto, un espacio negro creado por la soledad, el abandono y la marginación.

Futuro en riesgo 

La realidad es que, si vemos la velocidad de expansión de esta epidemia y la cantidad de jóvenes en contacto con las drogas legales y/o ilegales, el futuro de la humanidad está en serio peligro. 

Los jóvenes de hoy serán los directores del futuro mundo en el que viviremos. Me quedan grandes dudas de la salud e integridad mental de todos los individuos que alegre e irresponsablemente hacen de las drogas un pasatiempo peligroso.

Actualmente vemos los resultados a diario: accidentes automovilísticos, violencia, suicidios, homicidios, abuso sexual, abandono escolar, pérdida laboral, destrucción familiar, etcétera. Pensando en futuro veo "entes" caminado por las calles sin rumbo, sin capacidad de controlar sus impulsos, sin poder razonar adecuadamente, con escasa memoria y capacidad de aprendizaje. Muñecos sin voluntad de reclamar sus derechos y cumplir con sus obligaciones. Masa humana marginada, enferma de cuerpo y espíritu, destinada al descarte y a la aniquilación.

Los jóvenes de hoy serán los directores del futuro mundo en el que viviremos. Me quedan grandes dudas de la salud e integridad mental de todos los individuos que hacen de las drogas un pasatiempo peligroso.

Tomar conciencia 

No quiero ser fatalista ni exagerado, solo quiero despertar y concientizar a los que, de alguna manera, tienen la responsabilidad de hacer prevención con la participación de toda la comunidad, para tratar de reducir las consecuencias de esta plaga del siglo XXI.   


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(Foto ilustrativa)

Responsabilidad compartida por padres, autoridades e integrantes de toda la sociedad chaqueña, en permitir el uso indiscriminado de las mal llamadas drogas lícitas (tabaco, alcohol y psicofármacos) y tener actitudes negligentes o inadecuadas para combatir el tráfico y consumo de las drogas ilegales (marihuana, cocaína,  pasta base, etcétera).

Los padres deben participar activamente en este esfuerzo comunitario. Ellos deben cumplir con la responsabilidad de proporcionarle  apoyo y guía a sus hijos, para desalentarlos  al consumo de drogas y encaminarlos hacia una vida sana y un futuro elegido en libertad.

Debemos los adultos emplear modelos de comportamiento personal apropiados, para  llegar a los jóvenes con buenos ejemplos y motivarlos con mensajes claros y enfáticos contra las drogas y la violencia. 

(*) El autor es médico pediatra especialista en adolescencia; terapeuta familiar; master en prevención y asistencia de adicciones.

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