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Entre debates primaverales e incertidumbres

Aportes para un diálogo en una Argentina sufriente 

"Nada sorprende tanto a los hombres como el sentido común y el lenguaje sencillo". (Emerson)


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Ricardo Salto

No hace falta describir en términos clínicos el estado del paciente llamado Argentina, casi al borde del colapso, víctima de múltiples traumas y accidentes que sufrimos. 

En el Chaco, venimos con respirador por causas conocidas. Por eso, más que acentuarlos, debemos acercar propuestas y para ello convertirnos en "hospital de campaña" que cura los heridos y les da la medicina correcta con la sabiduría milenaria del sentido común y con un lenguaje sencillo, como lo cita el escritor y filósofo Ralph Emerson.

Más actitudes que contribuyan al diálogo

- No hace falta la violencia, el egocentrismo y las disputas internas que no hacen más que lastimar al pueblo. Estas actitudes no contribuyen al diálogo, que exacerban los ánimos de la gente sencilla. 

Tengamos en cuenta este mínimo detalle y trabajemos juntos, las elecciones pasan y la rehabilitación continúa por largo tiempo con diagnóstico reservado.

- Desde los medios de comunicación y redes sociales trabajemos para llevar un mensaje más pacificador y sin títulos catástrofe que potencian los enconos, rivalidades y forman parte de campañas que subestiman al receptor. 

Mostrar la realidad, pero sin manipularla, el pueblo es sabio y se da cuenta, por eso rechaza las mentiras y elige nuevas fórmulas.

- Las Instituciones deben recupera su rol, mostrar su institucionalidad; y si revisamos la historia argentina siempre atravesamos crisis y seguimos viviendo de grandezas pasadas que se hacen notorias en estos cuarenta años de democracia recuperada. 

Desde los medios de comunicación y redes sociales trabajemos para llevar un mensaje pacificador y sin títulos catástrofe.

El rol de la educación

Quizás sea la hora de calmarnos, insistir en charlas de concientización ciudadana y formación de líderes desde los valores que supimos tener: respeto, estudio, trabajo, algo tan natural. 

Los psicólogos, psiquiatras, consteladores no dan abasto; y corremos el riesgo de convertirnos en un psiquiátrico gigante. 

La educación tiene el rol invalorable de seguir inculcando la capacidad de diálogo y lo está haciendo, pero hace falta el aporte de la "familia educativa", padres, formadores, funcionarios sindicalistas que nos encuentre en ese "sentido común", seguir siendo la reserva para ver y fortalecer el futuro. 

Los docentes solos no pueden y los resultados están a la vista: un tejido social roto.


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El capital de la juventud y la familia

 Somos un pequeño tobogán que sigue un derrotero de jóvenes cuya solución está en irse del país. Sin embargo, ellos —los jóvenes— siguen siendo nuestro mejor capital de inversión si queremos salir de la arrogancia y apostar en serio.

La familia, esa pequeña Iglesia doméstica de Juan Pablo, nos insta al amor en la familia, junto a los pastores evangélicos en un marco ecuménico, debe recuperar ese espacio de unidad y dejar las visiones de un mundo consumista y de apariencia —como por ejemplo lo que se muestra fotos o en "selfies"— donde se prioriza la frivolidad y el mundo perfecto cobrándose vidas. 

Después nadie se hace cargo de los dolores de la patria sufriente.

El egocentrismo y las disputas internas no hacen más que exacerbar los ánimos de la gente sencilla.

Hacer valer nuestro sentido común

Nuestra salud, economía y seguridad ya no aguantan más. Quizás para muchos estas sean propuestas utópicas, del siglo pasado para un mundo veloz, pero seguimos apostando a la esperanza, nos merecemos todos y todas ser felices. 

Hagamos valer nuestro sentido común y la sencillez de hombres y mujeres cristianos. Es posible, esa es la deuda que tenemos con los que nos precedieron, por lo menos así lo ve un simple ciudadano que tiene errores como todos, una familia, sueños… pero no claudica ante los profetas de la desesperanza y al caos. 

Nuestra Selección nos demostró lo que se consigue cuando se juega en equipo. Ser los mejores del mundo, vaya si eso no es una alegría. 

Feliz septiembre, queridos conciudadanos. 

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