Educación, un escenario de oportunidades
Al contrario del sentido instalado por las afirmaciones-amenazas del candidato Milei, la coyuntura genera oportunidades para revisitar los más recientes sucesos educativos y proponer las transformaciones postergadas.
Ni la desaparición del ministerio del área, ni la receta de los vouchers privatistas debieran mover nuestras energías más que para enarbolar nuestros principios como ciudadanos, como docentes y como comunidad educativa.
¿A quién voy a asustar con la privación del derecho a la educación?
¿A los miles de adolescentes protagonistas del desgranamiento de la escuela secundaria?
¿A las familias que desisten del proyecto educativo no bien se termina el soporte alimenticio?
La escuela argentina está para mucho más. Las propuestas académicas, la entrega de muchos docentes, la perseverancia de la comunidad en el acompañamiento a la trayectoria escolar, con la convicción de que –todavía– pasa por allí el progreso social, constituyen una base inestimable para dar las respuestas esperadas.
En 2020, durante la pandemia de Covid, desde el colectivo Educadores Populares instamos a las autoridades provinciales a poner el ojo sobre esta deuda de la democracia. Lo hicimos confiados en la mirada popular del gobierno que lleva construidas más escuelas en la historia provincial, lo planteamos inspirados en la dinámica de gestión que no cede a las imposiciones de ajuste. Llegamos a plantear una tarjeta educativa "Incentivo", para el segmento de alumnos que entre los 15 y los 18 años corren riesgo de abandono.

Nuestra perspectiva era la de "inversión" allí donde se visualiza el problema, era un esfuerzo de acompañamiento, en el punto de quiebre de los proyectos individuales y su confluencia con lo colectivo. Sabíamos que, como cualquier propuesta, era perfectible y debatible. En la medida de nuestros escasos recursos insistimos a través de reuniones, zooms, encuentros, y escritos. Era, en principio, la oportunidad para debatir como sociedad sobre la calidad educativa, la relación entre educación y trabajo, la pedagogía –no sólo en el ámbito académico, sino principalmente de cara a la gente, en el seno de esa difusa comunidad educativa que convendría fortalecer–.
Para empezar a recorrer el camino de lo propuesto insistimos con un proyecto de ley (de Redes Multisectoriales Socioeducativas), y con un libro, al que titulamos –con intención– "Insurgencia Educativa".
Frente a la "meseta educativa", en la que cada protagonista del sistema cumple su rol de manera rutinaria, y mientras las evaluaciones generan preocupantes indicadores, creíamos en la resiliencia, asentada en nuevos aportes, subyacentes en barrios, clubes y espacios de encuentro.
El desafío está vigente, implicaría tensionar músculos y capacidades del sistema, movilizar la creatividad y el trabajo –otro tipo–, de tantos funcionarios aferrados al manual de "lo posible". La educación de un pueblo excede a una instancia electoral, el pueblo elige la escuela todos los días.
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