Abundancia de austeridad
El debate generado por la propuesta del justicialismo de unificar el año que viene las elecciones para gobernador y para presidente ya tiene final cantado, y en realidad nadie en el PJ creyó seriamente en que tendría chances de prosperar. La enmienda constitucional planteada por el peronismo no se aprobará, pero en realidad no es lo que importa. La oposición quería que el tema generara algún costo político para el gobierno, y es difícil saber si realmente alcanzará ese objetivo. Del asunto, muy probablemente, ya nadie se acordará el año que viene. Pero está claro que, mientras tanto, la iniciativa sirvió para generarle alguna incomodidad al gobierno de Leandro Zdero.
La jugada fue simple y eficaz, entre otras cosas porque se valió de argumentos que el propio oficialismo había esgrimido para promover (y lograr) la suspensión de las elecciones PASO, los comicios primarios que ya no estarán en el calendario del 2027: que la medida permitiría ahorrar recursos públicos y reducir la cantidad de veces que los ciudadanos tengan que movilizarse hacia las urnas.

Fue una movida inteligente, y la prueba estuvo en los días de silencio gubernamental que siguieron a la presentación del proyecto. Luego, en una reacción ralentizada, algunos voceros del oficialismo salieron a restarle entidad a la propuesta de unificación electoral, tachándola de oportunista y poco seria. Una respuesta esperable, casi de manual, que finalmente fue el eje de la postura radical en el asunto.
Vida corta
Fue un debate que nació para morir, pero en su vida de mariposa le dio al PJ el gusto de poner nervioso al gobierno y sus cuadros. Como dijimos antes, difícilmente reporte mucho más que eso. A lo sumo, la posibilidad de mostrar alguna diferencia de criterio entre la UCR y La Libertad Avanza, que en el Chaco tienen una alianza sellada y bendecida por Javier y Karina Milei.
Es que la cúpula mileísta nacional preferiría que los gobernadores afines o aliados no separen en sus distritos las elecciones provinciales de las nacionales. La imagen presidencial viene en baja y la Casa Rosada aspira a que los mandatarios provinciales, como parte de un acuerdo en pleno proceso de rediseño, vuelquen sus créditos políticos locales en favor de las posibilidades de reelección del líder libertario. Los gobernadores, a su vez, no se entusiasman con esa idea: hoy por hoy prácticamente todos ellos tienen, en sus distritos, niveles de aprobación mayores a los de Milei en las mismas jurisdicciones. Conclusión: ir hoy en la misma boleta es, en principio, un mal negocio para los caudillos de las jurisdicciones. Trasladándolo al Chaco, el peronismo cree que sería más fácil ganarle a Zdero el año que viene si se vota todo el mismo día y su nombre aparece a centímetros del de Milei que si las fechas de la decisión provincial y la nacional se mantienen separadas.
Para Zdero (que -según una medición de Consultora CB- tenía el mes pasado una imagen positiva del 51%, contra algo más de un 30% de Milei en la provincia) la mejor excusa para esquivar un eventual mangazo de Buenos Aires para la unificación de fechas es que la propia Constitución provincial obliga a desdoblar los comicios. Es así desde la reforma de 1994, cuando los constituyentes decidieron anular la posibilidad de que se vote para gobernador y para presidente el mismo día, algo que antes de la asamblea constituyente era posible.
A raíz de esas circunstancias, la carta jugada por el peronismo despertó el rechazo de los radicales pero un contenido suspiro en algunos mileístas chaqueños. No habrá más que eso, a menos que la Rosada decida jugar fuerte en el tema y le pida al gobernador del Chaco que aproveche el ofrecimiento del PJ para unir en un mismo domingo las dos grandes votaciones del ’27. En la Casa de Gobierno, seguramente, cruzan los dedos y encienden velas para que jamás llegue desde Buenos Aires una solicitud semejante.
Para la UCR, de todos modos, hay una vacuna jurídica que trasunta infalibilidad: la única manera viable de modificar la cláusula constitucional que impide la unificación de fechas es mediante una enmienda vía Legislatura que sea aprobada por la totalidad de los 32 diputados que componen ese poder. Y aunque en la actividad política todo es posible, en ella la unanimidad es tan frecuente como el paso del cometa Halley. Más aún en un tema de intereses claramente opuestos.
Cocciones
Algo también bien pensado en la movida opositora fue que entre sus efectos estuvo poner en segundo plano, siquiera durante un tiempo, la interna irresuelta del justicialismo, donde hay varios precandidatos a la gobernación buscando -con intensidades y niveles de dedicación diferentes- posicionarse como tales y un interrogante que persiste: ¿realmente la figura que ofrecerá el partido el año que viene para enfrentar a Zdero saldrá de esos siete u ocho aspirantes en carrera o a último momento Jorge Capitanich copará la parada en busca de revancha por la derrota del ’23?
Ayer, un dirigente muy cercano al exgobernador, al trasladársele el interrogante, aseguraba estar cada vez más convencido de que Capitanich realmente no quiere ser el candidato del año que se avecina. Pero agregaba, de inmediato, que hay una doble presión sobre él para que lo sea: desde el peronismo nacional, porque lo ven como el único actor local que puede jugarle un partido de igual a igual a Zdero y sumar para la batalla contra Milei, y desde una parte importante de la estructura provincial. Esto último, expresado en dirigentes que no están jugando en la interna y consideran que "Coqui" no garantiza la recuperación del gobierno provincial (aunque se ilusionan con una victoria) pero sí asegura un caudal electoral que, ante una derrota, minimizaría daños: ayudaría a mantener la paridad en la Legislatura (donde oficialismo y oposición tienen hoy 16 bancas cada uno) y a conservar la mayoría de las intendencias que hoy están en poder del PJ, con la posibilidad de sumar a algún municipio administrado hoy por la UCR. La fuente asegura que las encuestas que maneja el justicialismo sostienen esas lecturas.
Impaciencias
Sin embargo, nada se queda quieto, y en el peronismo varios precandidatos comienzan a impacientarse con la idea de que la interna podría ser el cansador ensayo de una obra que nunca llegará a estrenarse. Esos postulantes vienen volcando tiempo y recursos a promocionarse, y no les simpatiza en lo más mínimo la posibilidad de que todo termine siendo esfuerzo (y dinero) tirado al fuego.
A modo de ejemplo, se puede leer en la edición de hoy de NORTE que Javier Martínez, integrante de ese lote de pretendientes e intendente de Margarita Belén, le pidió elegantemente a Capitanich un retiro "a lo Messi" (pero sin los drones) y la grandeza de decir "hasta aquí llegué". Es de los primeros coquistas en decirlo tan claro y fuerte. Antes hubo dirigentes que plantearon lo mismo pero no desde el mismo palo del jefe partidario, sino desde otras veredas, como Claudia Panzardi, Juan Carlos Ayala o Gustavo Martínez. En off, varios otros lo comparten. Pero en off hay gente que desde hace un montón de años pide cambios de fondo y luego termina aplaudiendo los guiones de siempre.
Esa evolución de la cocción peronista es seguida atentamente por el gobierno, que declara una interpretación totalmente opuesta a la de la fuente citada antes. El leandrismo afirma que una candidatura de Capitanich sería el escenario más conveniente para la reelección de Zdero, porque -según opinan- esa nominación captaría menos votos independientes que si el PJ mostrara una renovación drástica. Es difícil saber si realmente lo creen así y si las encuestas que reciben respaldan esa afirmación, pero es lo que dicen. También aquí es imposible saber si la teoría se ajustaría a cada realidad posible.
Pero por ahora todo es ruido, amagues y -más o menos- las rutinas de siempre. No hay que ilusionarse con grandes debates en los tiempos que siguen de aquí hasta las elecciones. Esa sí es una abundante austeridad.











