Ambiente e inteligencia artificial
La inteligencia artificial (IA) es uno de los mayores desarrollos tecnológicos del siglo XXI y es considerada la cuarta Revolución Industrial. Se diferencia de los anteriores desarrollos porque no solo está dirigida a la industria y la producción masiva de bienes y servicios, sino también a labores cotidianas, ocio, relaciones interpersonales y espacios íntimos de la existencia, deshumanizándolos o tecnificándolos como nunca se había imaginado.
Se entiende por inteligencia artificial (IA) a la capacidad de una máquina computadora u ordenador para solucionar problemas complejos y determinados, mediante la implementación de un algoritmo. Algoritmo es una secuencia o un conjunto de instrucciones o reglas definidas, ordenadas y finitas que permite, típicamente, solucionar un problema, realizar un cómputo, procesar datos y llevar a cabo otras tareas o actividades.
Expertos de varios sectores y altos funcionarios de la ONU discutieron sobre cómo los avances y las nuevas tecnologías pueden beneficiar las vidas de muchas personas alrededor del mundo. Por ejemplo, pueden mejorar la seguridad alimentaria, reducir los desperdicios y ayudar a las economías locales a crecer a través del acceso a nuevos mercados y formas de financiación.
El titular de la ONU afirma que el desarrollo de una inteligencia artificial que beneficie a todos requiere de límites basados en los derechos humanos, la transparencia y la rendición de cuentas. La buena noticia es que si somos más inteligentes y nos enfocamos en cosas positivas podríamos ayudar a distribuir eficazmente los recursos existentes en el planeta como la comida y la energía.

Los impactos cada vez más negativos
A medida que el planeta continúa calentándose, los impactos del cambio climático empeoran. La IA podría ayudar a mejorar la gestión de los ecosistemas y la restauración de los hábitats, esencial para disminuir el declive de las poblaciones de peces y fauna silvestre. Pero la extracción de datos consume casi el 10% de la energía a nivel mundial, siendo esencial afrontar el alto consumo de energía y el consiguiente impacto en la emisión de carbono. Pero el Consejo de Seguridad de la ONU debatió sobre los riesgos de la inteligencia artificial para la paz y la seguridad mundial y dijo que no abordar sus riesgos es olvidar nuestra responsabilidad con las nuevas generaciones. Y que la IA tiene un potencial enorme para el bien y para el mal a gran escala e insta a evaluar con urgencia las implicaciones esa tecnología, pronunciándose por una gobernanza global de la misma.
Gobernanza es la forma de gobierno basada en la interrelación equilibrada del Estado, la sociedad civil y el mercado para lograr un desarrollo económico, social e institucional estable. Los elementos fundamentales de la buena gobernanza son la transparencia, la integridad, la legalidad, las políticas sólidas, la participación, la rendición de cuentas, la capacidad de respuesta, así como la ausencia de corrupción y delitos.
Necesitamos políticas internacionales, nacionales y marcos regulatorios para garantizar que estas tecnologías emergentes beneficien a la humanidad en su conjunto y que deben estar al servicio de los intereses de los ciudadanos, y no al revés. La Unesco adoptó el primer acuerdo mundial sobre la ética en la IA mediante un instrumento normativo mundial que también promoverá los derechos humanos y la dignidad humana.

Desafíos para el derecho
La IA desafía las reglas de la ingeniería, la medicina, las ciencias y también del derecho, a partir de cuestionamientos sobre cómo los ordenamientos jurídicos deben responder a estos nuevos desarrollos. Es ahí, donde cabe hacer hincapié en la protección de los derechos hasta ahora conocidos y, a su vez, plantear la necesidad de reconocer unos nuevos que permitan proteger los intereses del ser humano.
¿Cómo hacemos en derecho para garantizar el debido proceso no solo de partes y en particular de jueces que harían uso de sistemas de IA, robots o máquinas para tomar de decisiones? Estos sistemas no tienen la capacidad interpretativa de los hechos y las circunstancias que sí tiene un humano. La IA en derecho está solo está diseñada con datos de la demanda, contestación, pruebas documentales, confesionales, testimoniales y presunciones.
Desde Naciones Unidas declaran que la IA debe beneficiar a todos, incluida la tercera parte de la humanidad que aún está desconectada del internet, e insisten en la necesidad de llegar urgentemente a un consenso sobre cuáles deben ser las normas que guíen su uso. Si no es así, puede vulnerar derechos como la igualdad, la privacidad, el debido proceso y la libertad de expresión. También afirman que la IA tendrá un impacto en muchas esferas de la vida cotidiana y pública, por lo que se debe evaluar con urgencia para aprovechar sus efectos positivos y minimizar los riesgos que acarrea.
Terreno desconocido
El Consejo de Seguridad previó que esa tecnología tendrá consecuencias dramáticas en el desarrollo sostenible, el mundo del trabajo y el tejido social por su velocidad y alcance. Se está en presencia de un terreno desconocido.
También mencionan riesgos como el uso de la IA con fines terroristas o criminales, argumentando que los ataques cibernéticos habilitados por inteligencia artificial ya están apuntando a la infraestructura crítica y a las operaciones humanitarias y de mantenimiento de la paz de la ONU, causando un gran sufrimiento humano.
Se evidencia una alarma de que por la IA puede amplificar los prejuicios, reforzar la discriminación y permitir nuevos niveles de vigilancia autoritaria. Por ello, conminan a actuar con celeridad respecto de la regulación de esta tecnología.
La IA tiene un enorme potencial para el bien y el mal a gran escala. Sus propios creadores han advertido que se avecinan peligros mucho mayores, potencialmente catastróficos y existenciales, aludiendo la autonomía que pueden tener algunas herramientas o armas operadas con esa tecnología.
(*El autor es abogado –MAT.764 STJ Chaco–, especialista en evaluaciones ambientales).
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