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Una parte de su rica historia en el camino de convertirse en emblema literario

Nacido el 1 de agosto de 1912 en Estación María Lucila (Buenos Aires), se radicó en la provincia del Chaco a partir de 1937, cuando el Consejo Nacional de Educación lo designó como maestro rural de una escuela de Campo del Cielo, a 17 kilómetros de General Pinedo. Un año más tarde fue puesto al frente de una escuela rural que él mismo inauguró, a 5 kilómetros de allí, en Colonia San Antonio.


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En 2006 recibió por parte de la UNNE el título Doctor Honoris Causa, por su trayectoria en la poesía.

En 1956 se trasladó a Resistencia, para encargarse de la secretaría técnica de la Inspección de Escuelas Nacionales. Se jubiló en 1963, pero siguió trabajando en la Biblioteca Popular Herrera de esta capital. También colaboró en el desaparecido diario El Territorio y con NORTE, durante cinco y veinte años, respectivamente. Sin embargo, Aledo siempre se identificó como poeta, ya que desde sus 17 años escribía prosas para sus compañeros.

Aledo nos dejó como legado al pueblo chaqueño, que los tiene como una lectura ineludible, alrededor de 20 libros de poemas y coplas, muchos de ellos con varias ediciones. Comenzó a escribir en 1965, y muchas de sus coplas fueron musicalizadas y grabadas por artistas como Liliana Herrero y Coqui Ortiz.

Su obra forma parte de las lecturas obligatorias del nivel educativo secundario en el Chaco. En sus últimos años ganó el cariño y la admiración de las más jóvenes generaciones de folcloristas.

El propio Aledo se definía como un "trenzador de palabras". Sus obras fueron: Tierra ceñida a mi costado, 1965; Rama y ceniza, 1966; Coplas de barro, 1971; Como el aire y el día; 1974; Costumbre de grillo, 1976; La palabra desnuda, 1980; Umbral del silencio, 1983; La luz que uno amaba, 1987; Antología, 1988; Antes que sea de noche, 1990; La otra mirada, 1992; Memoria y olvido, 1993; Leve fulgor, 1995; Todo se vuelve azul; Las nubes que pasan; Don de lágrima; y La copla del lunes.

Aledo falleció el 11 de enero de 2016, a los 103 años, y dejó detrás de sí una gran obra literaria. "Fue una humanista, con una sensibilidad social increíble, con un compromiso social indiscutible. No le negaba nunca una entrevista a los periodistas y siempre facilitaba materiales a aquellos que lo necesitasen". Así lo definía la periodista Cristina Matta, en un diálogo con Radio Provincia hace unos años. Ese legado, además de sus libros y sus enseñanzas, también quedó entre nosotros.

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