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CARTAS DE LECTORES

DERECHO DE RÉPLICA 

Abogado desmiente acusaciones

Señor director de NORTE:

En disconformidad con las declaraciones vertidas en los distintos medios de comunicación por el doctor Ricardo Osuna (abogado defensor de César Sena), en las que se hacen afirmaciones falaces e injuriantes contra el sacerdote Rafael Del Blanco y mi persona, formulo el presente desagravio.

En primer lugar, desconozco el porqué de los agravios expuestos públicamente por el letrado de referencia.

En segundo lugar, las opiniones de un abogado o un sacerdote respecto al hoy imputado César Sena carecen de absoluta relevancia procesal en un eventual juicio por jurados, en tanto el debate en esa instancia debe limitarse a la teoría del caso de las partes, y la información (pruebas y contrapruebas) recabadas (salvo situaciones excepcionales) en la actual etapa investigativa.

En tercer lugar, si los públicos agravios se motivaron en comentarios de alguien que se ha quejado de mi quehacer profesional, primero debería preguntarle: ¿Cuánto le ha quedado a deber usted al doctor Díaz?

Resulta indecorosa la actitud del colega Osuna, en el entendimiento de que ha defenestrado públicamente a terceros que no tienen intervención en la causa en la que se investiga el femicidio de Cecilia Strzyzowsky.

Personas que, como cualquier vecino, solo han expresado sus criterios al respecto que, como señalé, carecen de toda validez procesal.

JUAN FERNANDO DÍAZ

ABOGADO

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Un cielo para Petrona

Señor director de NORTE:

Los nombres indican un poco la época en que vivieron. Antes elegían nombres con criterios diferentes a los actuales. Por el Santo, por el calendario, o por los parientes. 

Muchas veces se "heredaba" el nombre de un abuelo o abuela, y todos llevaban ese sello como segundo nombre, el cual lucían con orgullo.

Por eso algunos nombres suenan antiguos y se distinguen de los actuales, como Mia, Ian, Priscila, Flavio y muchos otros.

Petrona pertenece a la generación de los 40, cuando a las empleadas domésticas las llamaban "sirvientas". Las de cama adentro que se iban a dormir cuando sus patrones se acostaban. Y a veces convenían que además del domingo les permitieran un franco en la semana.

Petrona, de piel curtida, ojos verdes y piel tez pecosa, descendencia guaraní con alemán… mujer de temperamento fuerte pero sumisa con los dueños de casa, madre soltera de una niña debilucha y temerosa, Eva. 

Era muy severa con ella, solo conocía el castigo físico para educarla, como lo habían hecho con ella, para que "salga derecha" decían. Las palizas eran frecuentes, como lo eran los abrazos antes de acostarse y rezar juntas.

Trabajó muchos años en Resistencia, y se tentó con Buenos Aires, allí serían más horas, pero ganaría mejor. Se fueron, madre e hija vivían en la habitación de una familia adinerada, lo que permitió que Eva estudiara nada menos que en Capital.

Petrona trabajaba duramente, pese a sus dolores físicos y a sus piernas hinchadas por las várices. Era ambiciosa a su modo, quería vivir diferente, mejor… 

Se enamoró de un chofer de colectivo, con él tuvo a Rocío, pero siguió viviendo sola con ellas, ahora ya eran tres, Eva de 17 años, su hijita la porteña y ella.

Como ocurre en algún momento de la vida quiso regresar al Chaco, Eva se casó y se fue a vivir a la provincia de Buenos Aires, Rocío y su mamá se instalaron en una pequeña vivienda lejos del centro, ya en Resistencia, algo así como un rancho y una casa, compartiendo la cama de una plaza y media. 

Petrona seguía siendo rígida y severa hasta en el manejo de su economía: "Nunca pidas prestado, conformate con lo que hay y administralo". No faltó la comida, batata asada, mandioca, polenta y mucho mate.

Rocío se recibió en una escuela técnica y quería llegar más lejos, aunque conocía las limitaciones que tenían en su hogar. Ahora Petrona trabajaba ya en una sola casa, era mayor.

La perseverancia, la intuición y su instinto de madre hicieron que Petrona pueda conseguir lo que se propuso, que Rocío se casara y formara su familia, ahora había un hombre en la familia.

Orgullosa de su yerno, vivió con ellos en un departamento de un barrio en Resistencia. Un cielo para Petrona, aunque tuviera que subir los dos pisos.

Colaboraba con su jubilación y cuidaba de los niños. Disfrutó de sus nietos y hasta vacacionaba.

 "Fue una luchadora, le peleó a la vida", expresaron sus familiares el día en que mansa y cansadamente cerró sus ojos.

Un ejemplo de disciplina, trabajo y de un proyecto de vida: tener una familia numerosa.

La tuvo con sus cinco nietos, Hugo —el mayor—  es maestro, vive en Buenos Aires. Pero no alcanzó a enterarse de que su nieto el menor, su protegido, es piquetero.

"Dulce es el sueño del trabajador, coma mucho, coma poco."

MONICA PERSOGLIA

Resistencia

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Cecilia, el grito de todos 

¡Dejen de matarnos ya!  Hay otra muerte hundida  

Alzo mi voz por  los que claman justicia

por los padres dolientes,  los hijos quebrados, los 

que no saben dónde acaba la región de la angustia

Todo un pueblo marcha hasta agotar sus voces

harto de andar con el pánico a cuestas que se 

                                               ahoga en la sangre

y el múltiple reclamo hará tronar las bases

                                     del imperio del miedo

no habrá más silencios, dejen de matarnos ya!

El Chaco enardecido con sus pañuelos rosas

encenderá en la patria una conciencia nueva

para que salgan todos a pelear  por sus muertas 

sus desaparecidos. ¡Dejen de matarnos ya!

PATRICIA BUSTOS

RESISTENCIA 

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