CARTAS DE LECTORES
Tiempos de confusión y falsas pruebas de ecumenismo
Señor director de NORTE:
Estos tiempos que vivimos son tiempos de confusión y la Iglesia católica no es ajena a ellos. Baste ver cómo quienes debieran ser celosos guardianes de la pureza e integridad de la fe, son quienes realizan denodados esfuerzos por hacer que nuestra Santa Iglesia forme parte del adefesio de credos que quieren implantar y para ello realizan cuanto sirva para promocionar y difundir la concreción de ese objetivo sacrílego: celebraciones en conjunto con ministros de otras creencias; presencia en templos católicos (consagrados para la celebración del culto debido a Dios y para ningún otro fin) de brujos, chamanes, sacerdotisas e ídolos de más que dudosa procedencia e intenciones; realización de encuentros y/o recibimiento de delegaciones de otras religiones siempre en un marco de camaradería y nunca en un intento de evangelizar para atraerlos a la fe verdadera. Lejos han quedado los días en que religiosos de la talla del cardenal Mercier declaraban que "poner la religión de origen divino en el mismo nivel con las religiones inventadas por los hombres es la blasfemia que atrae los castigos de Dios a la sociedad, mucho más que los pecados de las personas y las familias"; o cuando el Papa sacaba a relucir su calidad de Papa fulminando una dura Encíclica ante una situación que amenazaba a la fe de la iglesia; tal lo hecho por el beato Pío IX con la Encíclica "Mortalium Animos", en la que escribió "La unión de los cristianos no se puede fomentar de otro modo que procurando el retorno de los disidentes a la única y verdadera iglesia de Cristo, de la cual un día desdichadamente se alejaron; a aquella única y verdadera Iglesia que todos ciertamente conocen y que por la voluntad de su fundador debe permanecer siempre tal cual él mismo la fundó para la salvación de todos..."
Contrariamente a lo expresado por el beato Pío IX, el "ecumenismo" propiciado por la jerarquía y apoyado por fieles incautos, promueve más el abandono de la fe católica que lograr que los no católicos la abracen. Con buena voluntad, los fieles se suman alegremente a esta movida "integracionista" pero sin analizar de qué se trata realmente. Y es que esta supuesta "integración" tiene enormes huecos por los que se cuelan resplandores y hedores siniestros. Se nos dice a los fieles católicos que debemos (para con otros credos) mirar lo que nos une y dejar de lado lo que nos separa. Aquí hay tres cuestiones: 1) ¿realmente hay algo que nos une? Los musulmanes no creen en la Santísima Trinidad, tienen un dios que pide la muerte para fieles de otros credos. Los judíos (que no creen en Jesús y, por ende, tampoco creen en la trinidad) tienen un dios que les ha prometido que el mundo será de ellos y a esa tarea se encuentran abocados: gobernar el mundo, nada de salvación de almas. Los hindúes tampoco creen en nada de lo que profesamos los católicos y tienen un ejército de divinidades antropomorfas, además de creer en la reencarnación. Los budistas tampoco creen en la trinidad (ni en Dios, ni en Jesús…) y también van por la reencarnación. Protestantes y la incontable variedad de cristianos sin denominación creen en Dios y en Jesús pero para ellos salen sobrando María Santísima y los santos… Los cismáticos orientales creen en la trinidad, María y los santos, pero se separaron de la Iglesia alegando diferencias doctrinales y teológicas cuando, en realidad, sus motivos fueron políticos y si fueron capaces de dar la espalda a la única fe de origen divino por sus mezquindades, es de suponer que no es Dios y su obra lo que primero está para ellos. Ahora adivinen: ¿cuál es el único Dios de estos credos que enseña el amor y la misericordia? ¿Realmente se ve algo que nos una?
2) Aun si hubiera algo que nos uniera (y porque no se trata de creer en lo mismo según por qué, cómo, cuándo y porque se nos antoje), es fácil ver que lo que nos separa es enormemente más grande que lo que pudiera unirnos: el error. Si no miro —aunque sepa que esté— el error de aquel a quien voy a unirme, no puedo sacarlo del error y entonces yo, como parte de la Iglesia, no estaría cumpliendo con el Canon 1752 que dice"es ley primordial de la iglesia trabajar por la salvación del alma de los fieles" y también estaría pecando de falta de caridad al no sacar del error al otro. Además, ¿cómo unirme al que está en el error sin caer yo en el error? ¿Debo abandonar la verdad del catolicismo y sumergirme en el error en aras de la unión? ¿Debo darle la espalda al dogma de mi fe que dice fuera de la iglesia no hay salvación para hacer posible la unión con los no les interesa salvar su alma? ¿Qué clase de fe sería esa unión en la que unos estarían en el error y otros no…?
3) La tercera cuestión es la más delicada (por no decir peligrosa). Vemos que la jerarquía —y también muchos sacerdotes— impulsan esta movida "ecuménica" pero… ¿y los otros credos? Sinceramente, teniendo en cuenta la cuestión 1, no imagino a un rabino picoteando la cabeza de sus fieles para llevar a cabo la mentada unión. Tampoco a un imán o a un mulláh, al Dalai Lama o a sus monjes, a los yoguis o gurúes hindúes o a los pastores evangélicos… La vez que estos líderes se han reunido con la jerarquía católica, fue para la foto; una foto, una noticia o evento que se le vende sólo al católico. Yo no creo que el mundo islámico, por ejemplo, esté enterado de esta pretendida unidad, o los judíos, hindúes, budistas a no ser para cuestiones publicitarias o de marketing que sólo se la encajan al católico. Supuestas celebraciones interreligiosas se han realizado en templos católicos de países católicos. No supe de lo mismo en templos hindúes o budistas de Calcuta, Islamabad, el Tibet o una sinagoga de Tel Aviv.
Es cierto (¿pero será cierto? porque hoy, tecnología mediante nos venden cualquier cosa) que se ha construido la casa de la familia abrahámica, pero hasta eso es una fantochada, porque la tal"casa"está compuesta por tres edificios separados. ¿Dónde está la unidad? Pero además, esa casa es otra forma de hacernos equivocar en algo fundamental: si bien, religiosamente hablando, los católicos procedemos de Abraham, se intenta dejar medio escondido que primera y fundamentalmente somos hijos de Dios.
Aun si la unidad se lograra, ¿cuánto tiempo pasará hasta que los fieles de uno de los credos reclame la supremacía y liderazgo sobre las demás creencias en virtud, por ejemplo, de ser la mayoría? Otros le pueden oponer que su dios es más bueno y lindo que el de ellos pero otros reclamarán el mando por ser los más antiguos o por tener más dioses… Cuenta una leyenda que los orcos tenían dos dioses: Gorko y Morko. El pueblo estaba dividido en su fidelidad a cada dios, lo que los llevó a enfrentarse en una guerra feroz. A punto de extinguirse, dieron fin a la guerra creando un nuevo dios: Gorka-Morka, tan inútil y falso como los dos anteriores. Esta historia se hará realidad en el absurdo ecumenismo al que se pretende arrastrar a la Iglesia católica…
El padre Louis Bouyer, de cuna luterana y convertido al catolicismo, opinaba que quienes impulsaban el ecumenismo luego del Concilio pretendían lograr un "ecumenismo de Alicia en el País de las Maravillas, en el cual todos ganaran y ninguno consiguiera un premio". Su opinión era que resultaba imposible abordar el diálogo "ecuménico" obstinándose en que nada cambie ni de una parte ni de la otra y considerando que cada cual pueda seguir creyendo en lo que se le ocurra. Esto lleva al convencimiento de que, en definitiva, lo que se creyera o se deje de creer son cosas sin importancia.
Tal parece, entonces, que la intención detrás de todo esto sería, no la unión de las religiones sino mezclar al catolicismo con las demás, lo cual no es lo mismo. ¿Por qué? Veámoslo así: cada religión es un recipiente con pintura de un color distinto cada una; al catolicismo, démosle el azul. Lo que yo veo que se pretende hacer no es echar todo de cada color en un recipiente mayor, sino volcar un poco de cada color en el recipiente de pintura azul, con lo cual el azul ya no será azul pero el rojo seguirá rojo, el verde seguirá verde, el blanco seguirá blanco… Todos los colores seguirán allí, cada uno puro en su recipiente; sólo un color habrá desaparecido para siempre: el azul. ¿Se entiende? Como es probable que este ejemplo no se haya comprendido, vayamos entonces a un ejemplo de la realidad misma, así que agucen los sentidos: la mejor prueba de la falsedad del ecumenismo que se promueve hoy desde Roma, es que sólo la Iglesia católica ha degradado sus ritos y su liturgia para que sean aceptados por el mundo y así agradarle, dejando de lado el agradar a Dios; sólo la Iglesia católica le ha dado la espalda a sus dogmas, a su magisterio y a su tradición, persigue a los fieles que quieren mantener el camino transitado durante más de dos mil años, pero se deshace en lisonjas para con los falsos credos.
Ninguna otra creencia que pretende ser unida a la fe católica ha variado, ni siquiera retocado absolutamente nada de sus preceptos o estructuras; ninguna de ellas ha cedido ni revertido un ápice de nada en aras de esa unión. Por ello resulta más que evidente que, detrás de la perversa fachada del ecumenismo se esconde el verdadero objetivo: intentar despojar —para destruirla— de todo aquello que hizo grande, esplendorosa y respetada a la Iglesia católica y que ninguna otra institución del mundo tiene: origen divino, conciencia de lo sagrado y la búsqueda de la santidad.
JOSE LUIS RODRIGUEZ
RESISTENCIA
Temas en esta nota

El Episcopado difundió una oración para preparar la visita del papa León XIV a la Argentina

Ramón Dus: "La disminución de fieles es un desafío que nos invita a salir y escuchar más"

Hace 87 años se creaba la diócesis de Resistencia
Memorias de Resistencia

En su primera encíclica, el papa León XIV pidió luchar contra el dominio de la IA
Denunció la deshumanización en el mundo

Una multitud volvió a colmar Puerto Tirol en una jornada de fe
Devoción y promesas

Donald Trump volvió a criticar el papa León XIV y advirtió: "Está poniendo en peligro a muchos católicos"











