Cuarenta y cinco
Se registraron las alianzas electorales que participarán de las PASO chaqueñas y el peronismo aparece repartido en varias opciones. Capitanich intenta reagrupar para incrementar sus chances de reelección, pero el camino tiene varios obstáculos.
La generosa decisión de Alberto Fernández de renunciar a lo que jamás hubiera sido suyo (un segundo mandato en la Casa Rosada) distendió el clima interno en el Frente de Todos, pero la crisis económica y social hará que el efecto dure poco. Además, está lejos de quedar claro quién tomará o quiénes disputarán dentro del oficialismo la posibilidad de pelear la sucesión presidencial en las elecciones generales de este año.
Ese oleaje empetrolado del peronismo nacional moja las costas de las provincias, donde los referentes locales –incluyendo, claro, a los gobernadores del palo- hacen todo lo posible por no quedar pegados electoralmente al desastre de la gestión federal, que no logra detener la devaluación del peso ni el deterioro de los ingresos en los hogares.
El Chaco no es la excepción. El agravamiento de la situación del país es uno de los obstáculos que se pone delante de Jorge Capitanich en el camino hacia su cuarto mandato. Otro son los 16 años que lleva liderando la política provincial y el desgaste asociado a tanta exposición. Uno más es la dispersión de sectores del PJ que decidieron ir por afuera del Frente en las PASO y que amagan con hacerlo también –si superan el piso mínimo de caudal de votos exigido- en las generales.
Ese tercer factor es el que viene absorbiendo la atención de Capitanich y lo metió en una rutina frenética de contactos, reuniones, charlas, mensajes de Whatsapp y negociaciones para sumar todo lo que se pueda adicionar a su patrimonio electoral propio, que los encuestadores miden de manera dispar. En ese día a día, el número clave es 45.
El presente
¿Por qué vale tanto ese número? Es el porcentaje mínimo de votos que debe obtener un candidato a gobernador en el Chaco para quedarse con el cargo en primera vuelta. Es parte de la cláusula que en la reforma constitucional de 1994 se agregó para introducir el sistema de balotaje en los comicios de renovación gubernamental. Las formas de evitar una segunda vuelta son solo dos. La primera es obtener, cuanto menos, el 45% de los sufragios emitidos. La segunda es que si un candidato no llega a ese piso pero supera el 40% , alcance una ventaja de diez o más puntos porcentuales sobre el segundo postulante más votado.
Las dos puertas llevan a lo mismo, un triunfo en primera vuelta, sin necesidad de una segunda elección entre el primero y el segundo, pero en el coquismo se considera más deseable la opción uno. Es porque allí se vive la posibilidad de un balotaje como algo semejante a una pesadilla. La meta de hierro es noquear el 17 de septiembre sin tener que ir a la ronda definitoria, agendada –si llegara a ser necesaria- para el 8 de octubre.
¿Bacileff sí o Bacileff no?
Como ha pasado tantas veces aquí y en todas partes, la distancia entre ganar y perder puede ser de unos pocos votos. Por eso el gobernador está dedicado de lleno a juntar todos los porotos que se fueron saliendo del plato. Como se hizo público, acaba de anunciar un acuerdo con el Movimiento Libres del Sur, que hasta aquí había sido muy crítico del kirchnerismo, y ahora debe resolver si hay reconciliación o ruptura con pedazos peronistas que se desprendieron del armado coquista, como las agrupaciones de Gustavo Martínez, de Juan Carlos Bacileff Ivanoff y de Domingo Peppo, que la semana pasada inscribieron -para las elecciones primarias del 18 de junio- alianzas propias por afuera del Frente Chaqueño.
En términos cuantitativos, lo que más interesa a Capitanich es llegar a un trato con Bacileff, que en las encuestas conocidas hasta ahora aparece con una intención de voto del 13 al 19%. Una porción de la torta electoral que puede ser determinante en un tablero tan complejo como parece ser el actual. El ex vicegobernador reconoció los contactos con Jorge Milton, pero los relativizó diciendo que también habló con referentes radicales y de otros movimientos.
Sobre ese acercamiento las versiones y chismes son diversos. Algunos ya dan por hecho el acuerdo y afirman que como resultado de él Capitanich llevará como compañero de fórmula a Darío Bacileff Ivanoff, hijo de Juan Carlos. Otros sostienen que el tema no está cerrado. En el entorno del gobernador, además, hay quienes consideran que sumar a Bacileff tendría resultados magros. Se basan en un sondeo encomendado a una consultora porteña que muestra que, en gran medida, los votantes de Ivanoff para cargos provinciales son personas que en materia de candidaturas nacionales están lejos del kirchnerismo, principalmente alineados con las propuestas de Patricia Bullrich y Javier Milei. "Esa gente no nos va a votar a nosotros porque lo tengamos a Bacileff", razonaba un hombre del gobernador cuando comenzó a filtrarse el diálogo entre las partes.
Un legislador del PJ agrega otra inconveniencia, enlazada a la anterior: Bacileff, yendo a elecciones con partido y boleta propios, podría estarle restando mucho más votos a los radicales que al peronismo. Según esa lectura, tener a Ivanoff fuera del Frente podría ayudar a ampliar una eventual ventaja ganadora sobre Juntos por el Cambio y facilitar el acceso a un triunfo en primera vuelta mediante la segunda llave prevista por la Constitución (llegar al 40% y obtener sobre el perseguidor inmediato una luz de más de diez puntos).
Gustavo, siempre Gustavo
El otro gran dilema para Capitanich es Gustavo Martínez. El intendente de Resistencia tampoco se quedó dentro del Frente Chaqueño y anotó su movimiento –Corriente de Expresión Renovada, CER- para las primarias. Mantiene su propia candidatura a la gobernación. Las apuestas sobre si hay acuerdo o divorcio están 50 y 50. A su alrededor, "Coqui" escucha insistentemente sugerencias de ruptura. El plazo para decidir es breve, ya que el 29 de este mes vencerá la presentación de candidaturas. La lista de tratativas pendientes contiene también a Peppo.
No se trata de negociar por puro deporte. Hay un fantasma que atraviesa a todo el peronismo hoy, y es lo ocurrido en 1991, cuando el PJ perdió por primera vez una elección para gobernador en la provincia (sin contar aquella de 1958 en que estuvo proscripto). Acción Chaqueña le quitó el invicto por una diferencia de votos inferior a los obtenidos por el Movimiento de Bases, armado electoral del ya fallecido Rafael Sotelo, quien se abrió del justicialismo por el incumplimiento de un acuerdo de 1989 y por el giro menemista del partido.
La consecuencia de ese repaso de la historia y de palpar el momento social es que el proyecto político del gobernador y de su gente necesita sumar y sumar. Es un proceso repleto de condiciones escritas en letra chica. Por ejemplo, la capacidad de reparto de espacios en las listas es limitada, y mover una ficha para poner otra siempre generará ruidos y tensiones. Un tetris de alta dificultad que se complica por cómo son las piezas a ensamblar y porque hay una cuenta regresiva implacable.
También está la cuestión de las compatibilidades. Libres del Sur advirtió que podría salirse del acuerdo celebrado días atrás si Bacileff aparece en la fórmula, y otros componentes del andarivel izquierdo del Frente también tienen sus reservas al respecto.
"Es peronismo, van a terminar arreglando todos", pronostica sin embargo un aliado. "Si algo aprendieron en los dieciséis años afuera del poder es que no tienen que perderlo", dice, refiriéndose a la larga caminata por el desierto del llano político que hizo el PJ chaqueño entre 1991 y 2007.
La oposición
Enfrente, los radicales todavía no muestran una gran potencia –ni un programa de gobierno- pero creen que las PASO –con la pulseada entre Juan Carlos Polini y Leandro Zdero- revitalizará al partido. Hay también quienes opinan muy diferente, y creen que las primarias podrían dejar heridas que hagan que quienes pierdan no trabajen para la campaña de los ganadores.
Está además la incógnita de la penetración que lograrán Javier Milei y sus candidatos locales cuando estén definidos y en carrera. Por lo bajo, en los dos grandes partidos declaran asombro por el apoyo que perciben, aquí en el fin del país, para el libertario.
La oposición también tiene el 45 bien grabado en sus mentes, pero con una esperanza inversa a la del oficialismo. Ven a una segunda vuelta como un escenario en el que las posibilidades de Capitanich serán muy inferiores a las de la primera.
Es, sin embargo, un asunto que se dilucidará recién en las elecciones del 17 de septiembre. Falta exactamente una eternidad.
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