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En días previos a la Navidad

A través de un cuento, una niña supo que la justicia formalizó su adopción 

Los cambios en la forma de comunicar fallos son cada vez más extendidos en el fuero de familia. NORTE dialogó con el juez que acompañó el proceso.

Un juzgado dio a conocer que avalaba la adopción definitiva de una niña a través de un cuento navideño con ella como protagonista.

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Foto tomada en el juzgado de Familia, Niñez y Adolescencia N°5 de Corrientes.
Crédito: Facebook

El momento se retrató en una conmovedora imagen con los adoptantes y la pequeña de ocho años recibiendo la notificación.

La descontracturada presentación se realizó en el juzgado de Familia, Niñez y Adolescencia N° 5 de Corrientes, días antes de la Navidad.

‘Esta es la primera vez que relato un cuento; fue porque coincidieron el final de un proceso personal con un momento próximo a la Navidad‘, explicó a NORTE el juez Edgardo Frutos.

Para preservar la identidad de la niña la toma fotográfica la registra de espaldas y para comunicar la medida el juzgado eligió un nombre de fantasía: Ana.

Lenguaje llano 

Las adaptaciones en la forma en que los magistrados del fuero comunican sus decisiones vienen cambiando hace tiempo.

Antes de asumir como juez -en 2019- en su ejercicio como secretario Frutos ya manejaba una práctica que asegura desarrollan todos los jueces de familia y niñez.

Entre esas innovaciones menciona a un par de Juan José Castelli: Gonzalo García Verita, que en 2021 incorporó por primera vez la lengua qom en una sentencia para explicarle a un joven imputado que estaba sobreseído.

Palabra y acción 

Frutos describe que la búsqueda de un lenguaje claro y sencillo llevó a que el formato de cartas destinadas a niños, niñas y adolescentes se convierta en un ejercicio cotidiano.

Y no solo para los procesos adoptivos, sino también para tutelas y casos de adolescentes en conflicto con la ley penal.

‘Se toman decisiones importantes para su vida; por eso cuando se habla de lenguaje claro no solo se trata de cómo se escribe un texto, sino de una acción, de una forma de comunicar", resume.

En una foto se lo ve leer el fallo con un gorro propio de las caracterizaciones de los duendes. Personal del juzgado lo acompaña con el mismo accesorio.  

Cuento y realidad

Una publicación en Facebook recoge el instante en que la protagonista escucha la historia que tomó detalles desde de su vida contados a partir de la intervención judicial y de sus padres adoptivos.

Hacia el final se abre un nuevo camino; "esta vez en compañía definitiva de mamá y papá, abuelos, tíos y primos que la quieren con el alma", se lee en la publicación.

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Para contextualizar la situación el juez remarca una premisa que transmite a quienes se inscriben en el registro de adoptantes: "La adopción no pasa solo por la satisfacción de las personas adultas de paternar, sino por garantizar el derecho de vivir en una familia que tienen niñas, niños y adolescentes".

Historias maravillosas

A la inédita comunicación del juzgado de Corrientes también asistió la asesora Ana Inés Alvira, la secretaria Alejandra Juana Itatí Sosa y la integrante Melanie Pachue.

Al comienzo del trámite la niña tenía siete años y sus padres adoptivos habían completado una solicitud para niños de hasta seis años de edad.

Antes de presentarlos los integrantes del juzgado les plantearon las circunstancias. "Ana es una niña amorosa, inteligente, brillante, fuerte", cuenta el juez Frutos.

En el tiempo que la pareja buscó construir lazos, hubo un trabajo interdisciplinario en que participaron también una licenciada del poder judicial, una psicóloga forense y una licenciada en psicología particular.

Un proceso  

Así como para una niña todo es nuevo, para la familia también, porque implica recibir a una nueva integrante con otra historia.

En el proceso de vinculación pueden darse distintas circunstancias, resistencias o impugnaciones, por lo que a pesar de las mejores intenciones el niño o la niña puede no adaptarse.

De ahí que el juez pide considerar una diferencia significativa: una cosa es querer ser padres y otra es querer ser padres adoptivos. Lo último implica dar amor, afecto, cuidados para recibir a un niño o niña que no nació en esa familia y que se va a integrar a ella.

"Tener eso en claro conlleva pensar en alguien que llega con una historia distinta. Entonces más que tener voluntad, hay que prepararse, capacitarse, recibir mucha ayuda del Estado, la Justicia; apoyo de las redes familiares y afectivas", subraya.

Además a diferencia de los bebés, los niños mayores requieren otros cuidados. Entre las particularidades hay que tener en cuenta que ya poseen autodeterminación, pueden decidir cosas y manifestar lo que sienten, o decir si algo les molesta.

Entonces se detiene en un dato sobre los cuidadores: la mayoría tiene más de 35 y 40 años. Por lo que haría que pensar en función de la dinámica de esa etapa de la vida y de las rutinas de cada hogar.

"Para esas personas incorporar a chicos más grandes es algo que tiene enormes beneficios. En lugar de la crianza inicial, el proceso pasa más por la construcción de lazos y de afecto", destaca.

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