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Trabajaba en el Poder Judicial del Chaco y renunció para vivir en una aldea de montaña en Córdoba

Lucas Donaire tiene 45 años. Se autodefine como administrativo, auditor, instructor de yoga, reikista, bioconstructor, viajero y aprendiz. Como si su presentación no fuera poco, hace dos meses decidió dejar un ingreso mensual bien redituado para buscar un cambio de hábitos y una vida más cercana a la naturaleza en el Valle de Traslasierra.

A falta de 10 materias para finalizar la carrera de Contabilidad dejó los estudios para desempeñarse en el plano laboral, auditando sucursales de diferentes empresas y viajando por distintas provincias.

"Luego de ser despedido de una empresa agroquímica, donde no me sentía bien con el rubro, decido emprender un viaje en bicicleta hacia el Sur. Trabajé en diferentes lugares de manera voluntaria a cambio de un lugar donde armar la carpa o dormir y comida", relata.

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"Pase por Bariloche, donde de niño siempre iba de vacaciones y me encantaba la energía del lugar. Llegué hasta Trevelin en Chubut, más específicamente a 35 km de Chile y regresé. Me tomo un año el viaje, pero conocí muchas personas y lugares mágicos", explica.

"En San Javier (Valle de Traslasierra) me quedé casi 3 meses en el cuartel de bomberos voluntarios, donde conocí a quienes hoy son muy buenos amigos. El pasear por todos esos lugares y conocer la idiosincrasia fue clave para decidir irme a vivir allí", asegura.

En 2019 comenzó a trabajar al Poder Judicial y decidió hacer el instructorado de yoga. "Lo tenía pendiente desde que comencé con el coaching ontológico en 2013", revela.

La práctica del yoga, el coaching y la meditación lo llevaron a evaluar ciertos aspectos de su vida y futuro. "Todo se intensificó, creo yo, con la pandemia porque la cursé en un departamento pequeño", señaló.

El 2021 transcurrió con la idea casi definida de juntar ahorros y mudarse a Córdoba en 2022. En el proceso sumó una nueva capacitación de desarrollo personal que brinda herramientas para facilitar procesos de toma de decisiones en grupos y ámbitos sociales.

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Una vida campestre en plenas sierras cordobesas

La comunicación con Lucas se dio de forma intermitente y vía WhatsApp. Sucedió en los escasos minutos en que pudo dar con la señal de la empresa prestadora del servicio de telecomunicaciones. Para hacerlo debió movilizarse unos kilómetros de la aldea.

El asentamiento se ubica unos 7 kilómetros al Norte de Traslasierra, en el paraje Boyo Paso, entre Taninga y Tala Cañada.

Un grupo de unas 10 personas decidieron comprar un campo con una extensión de 132 hectáreas. Se lo dividió en parcelas de 10 hectáreas… "Yo entré casi a lo último, con una fracción más chica, donde tengo un cuarto de esa fracción, unas dos hectáreas y media", afirma.

La aldea tiene una zona central. Se trata de una chacra donde se desarrollan proyectos productivos. Por ejemplo, hay un corral con ovejas, una perforación de agua de vertiente, que es lo que provee del líquido vital a los lugareños.

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Hay unas 80 colmenas ubicadas en dos zonas, corral norte y sur. Hay en la actualidad unas 25 ovejas en total, sumando crías y dos machos, al cuidado de Lucas. Asimismo, tienen unos 60 árboles frutales variados, en un predio que cuenta con alambrado y boyero eléctrico.

"Comenzamos a recortar la lana de las ovejas en un proyecto de esquilamiento. Empezamos a plantar hierbas aromáticas, que con las lluvias que empezaron a regar el terreno están creciendo a buen ritmo", asegura.

Incendios forestales: un peligro latente

Hace unos dos meses un pueblo muy cercano a la aldea que habita Lucas, llamado La Cañada (a unos 30 kilómetros), fue arrasado por las llamas y se perdió la mitad de la vegetación del lugar.

"Una de las preocupaciones más fuertes que tenemos es el tema de los incendios forestales. Pese al cuadro que representa un peligro constante, tenemos la ventaja de contar con un cuerpo sumamente voluntarioso, son los Bomberos Voluntarios de San Javier", analiza.

El plan habitacional principal

Se lo llama ‘Proyecto Portal’, que es donde se hacen las casas. Son viviendas de unos 23 metros cuadrados, que están apoyados sobre unos pilotes de hormigón. Las construcciones tienen un armazón de madera, y están revestidas en el piso, las paredes y el techo rellenos con paja. Con un acabado de barro que le da una inercia térmica y aislación muy confortable.

"A simple vista son rústicas, pero son muy acogedoras. Pensando en el motivo principal por el que elegimos establecernos en esta aldea es que nos enamoró el paisaje, así que en ese sentido realmente da más para estar más tiempo afuera de la casa que adentro", revela Lucas.

"Es un lugar de difícil acceso, con poca población. No hay casi señal en los teléfonos, tampoco ruido de autos ni motos… El cielo es una locura, una verdadera postal cuando está completamente despejado. La idea es de a poco ir abasteciéndonos, en ese sentido también tenemos pensado llevar adelante un proyecto de una gran huerta. Eso se está empezando a construir, y allí cada uno va aportando su granito de arena", comenta.

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"Algunos, como yo - por ejemplo -, ya estamos viviendo en carpas por el momento. Si bien tenemos la conciencia de que estamos muy expuestos a las inclemencias naturales no deja de ser cierto que tiene el condimento de tener absoluta paz, las sierras son una belleza y se puede pasear por todos lados. Yo me manejo prácticamente en bicicleta casi todo el día. Lógicamente que cada tanto nos encontramos con algunas espinas o cardos, fuera de eso es hermoso vivir aquí", asevera.

"No deja de ser una vida campestre y rústica, no es color de rosas. No hay aire acondicionado ni red de tendido eléctrico convencional. La energía con la que contamos es mediante los paneles solares y cada uno ya debe armarse su combo de baterías, y dispositivos como los powerbanks", manifiesta.

"Está bueno, es linda la experiencia y de a poco vamos tratando de generar nosotros todo lo que se pueda en lo habitacional y alimenticio. Queremos hacer quesos, por eso vamos a tratar de traer al menos un par de vacas lecheras. Algún día usaremos lo que den los frutales para tener yogur, también mermeladas, frutos envasados y carne", expresa.

En cuanto a la forma de organización, Lucas indica que se manejan mediante asambleas. No hay una fecha fija para las reuniones, pueden ser una o dos veces por mes… "Estamos elaborando un reglamento de convivencia, para definir el tema de los visitantes, el seguro de las personas que ingresan a la aldea, por lo que puede implicar cualquier riesgo de animales o siniestros ocasionados dentro del lugar", afirma.

"Queremos buscarle un nombre a la aldea, en ese sentido queremos que sea algo que no solo defina geográficamente sino también a los que habitan este lugar. La gran mayoría de los habitantes son de Buenos Aires, soy el único norteño por aquí", expone. Uno de los referentes para la construcción de las casas es Diego Cirelli, que tiene un centro de diseño en permacultura que se llama ‘Naturalia’, el cual está ubicado en Las Tapias (entre Villa Dolores, Villa San Javier y Villa Las Rosas, en pleno Valle de Traslasierras).

"Diego (Cirelli) sabe mucho de la temática del diseño de permacultura y de granjas integrales, así que tenemos mucha información al respecto. La idea es lograr tener nuestra aldea autosustentable", refrenda.

"Ahora que lo pienso… Lo hubiera hecho mucho antes"

- ¿Cómo costeaste este cambio de vida?

- Junté los ahorros que tenía y dejé todo allá en el Chaco. Me ayudó mucho el viaje en bicicleta… Ser austero y conocer que es lo realmente ‘necesario’, ya que muchas veces gastamos en muchas cosas que la verdad no necesitamos.

- ¿Qué es lo que más te gusta de tu nueva vida?

- Lo que más me agrada aquí es el contacto con la naturaleza. Caminar a las 7 de la mañana, tomar unos mates escuchando los sonidos del monte al despertar. No hay ruidos de motos ni de autos, ni siquiera señal en el teléfono (ríe).

- ¿Cómo te imaginás en 5 años?

- En 5 años me veo por aquí o viajando en bici. Hay muchos proyectos productivos interesantes que queremos desarrollar en esta pequeña comunidad.

- ¿Qué buscabas con el cambio? ¿Solamente te atrajo la vida en medio de la naturaleza o buscabas algo más?

- Los planteamientos se fueron dando con el correr de los años, siempre fui una persona que analizaba en retrospectiva todo y escuché esas voces de adentro que me decían que acá (por el Chaco) no era, o que en realidad quería ir a dónde realmente me gustara.

De chico siempre me agrado la naturaleza, por eso es que al enterarme que en el proyecto de la aldea había un enfoque de permacultura me decidí a brindar mi apoyo y trabajo.

- ¿Cómo es tu día a día?

- Actualmente, estoy viviendo en carpa y esto va a continuar hasta primavera del año que viene. Ahí sería el turno de hacer mí casita aquí, mientras tanto trabajo en la obra de las demás casas. Todos tenemos asignadas tareas, yo estoy encargado de las ovejas. También hay otros proyectos productivos que apuntan a lograr la autosustentabilidad, que van apareciendo a medida que se va habitando el lugar.

- ¿Le temés a algo en especial o disfrutás la vida que estás llevando?

- Muchas cuestiones dan miedo… Por ejemplo: un tema complicado es la temporada de incendios forestales. Lo demás también todo es miedo (risas). La verdad es que aprendí que, aun sintiendo miedo, hay que dar los pasos que se decide... Luego uno se agradece a si mismo haberlo hecho.

- ¿Volverías a hacerlo?

- Ahora que lo pienso… Lo hubiera hecho mucho antes, aunque aprendí que las cosas suceden cuando tienen que pasar. Y si alguien no se anima, le diría lo que leí por ahí que escribió Mark Twain: "De aquí a 20 años te vas a arrepentir mucho más de las cosas que no hiciste que de las que si hiciste, así que despliega esa vela y emprende esos viajes".

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