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Habla la fiscal que denunció maltrato y violencia psicológica en el Tribunal de Cuentas

"Cuando dejé de callarme sentí que comenzaba a recuperar mi vida"

La contadora Carola Urlich denunció tratos humillantes por parte de su superior en el organismo de contralor. "Hacete las tetas", "no estás capacitada", "tenés que pagar derecho de piso", son algunas de las expresiones que atribuye a su jefe durante años. Dialogó con NORTE sobre lo que vivió y acerca de su presente.

Carola Urlich parece una persona naturalmente calma y respetuosa. Pero al hablar, hay puntos en los que su ánimo toma una curva brusca, la voz se le empantana y los ojos se le cargan de lágrimas. Es una de las marcas del proceso que viene viviendo y al que le puso un punto de inflexión cuando se decidió a denunciar una situación de violencia psicológica y laboral que dice haber padecido durante años en el Tribunal de Cuentas.

NORTE hizo público ayer el caso. Urlich, fiscal del TC, hizo en agosto de 2021 una presentación ante el directorio que conduce el organismo de contralor, denunciando que sufría continuos destratos de su superior. "Hacete las tetas", "no estás capacitada", "tenés que pagar derecho de piso", "operate la nariz", "no me gustan las mujeres que miran novelas", son algunas de las expresiones que afirma que periódicamente escuchaba de boca del fiscal relator Luis María del Cerro.

Al ver que las autoridades demoraban una respuesta, Urlich, sintiendo que colapsaba, recurrió a otras vías en busca de una solución. Lo único que quería, dice, era poder trabajar en paz y ser respetada. Hizo una presentación ante la justicia penal, a la Legislatura, a la Secretaría de Derechos Humanos, a la Fiscalía de Investigaciones Administrativas, a la Oficina de Erradicación de la Violencia Institucional. La acción judicial avanza, la Secretaría de DDHH dictaminó que el caso encuadra en "violencia laboral con connotaciones de género".

Pero el propio Tribunal de Cuentas, sin embargo, dispuso archivar las actuaciones sobre el tema y simplemente pidió a denunciante y denunciando que "reflexionen" para que los hechos no se repitan.

"NO ESTOY ARREPENTIDA"

Romper el hábito de digerir humillaciones y llorar a escondidas tuvo un precio. Dice que las presiones y los movimientos dirigidos a hacerle más difícil todo en su trabajo se incrementaron. "Pero no estoy arrepentida –dice-, porque sé que seguir agachando la cabeza iba a hacerme peor. Pasé meses durísimos, toqué fondo, pero cuando dejé de callarme sentí que comenzaba a recuperar mi vida".

Carola Urlich, fiscal del Tribunal de Cuentas, en NORTE. Relató el proceso que le tocó vivir en el organismo.

Urlich es contadora, tiene 38 años, está casada con el novio que conoció en la adolescencia y tiene dos hijos pequeños. El año pasado sintió que todo ese mundo se derrumbaba. "Fue un proceso progresivo. Yo entré al Tribunal en 2014, rindiendo un examen de ingreso, y estaba bajo la órbita de él (por el contador Del Cerro). Después de algunos meses comenzaron sus frases más humillantes. Empezó con mi apellido, diciendo que yo sin eso no era nada". Carola es hija de Carlos Urlich, dirigente radical que fue presidente de la Legislatura. 

"Después comenzó con que tenía que hacerme las tetas, operarme la nariz, que yo no era top porque me iba de vacaciones a Mar del Plata y no a Punta del Este como él. Siempre ostentaba una relación fluida con los vocales del Tribunal, y eso era real, porque siempre conseguía lo que pedía. Particularmente tenía un vínculo muy estrecho con el vocal Quijano", dice. Se refiere a Rubén Quijano, durante décadas el hombre fuerte del organismo, quien se retiró este año. "Así que yo sabía que no tenía que denunciar lo que me pasaba, porque no había posibilidades de que lo que yo planteara prosperase. Así que me callaba, iba a llorar al baño o al pasillo, o salía a caminar una vuelta manzana para despejarme", cuenta.

"MAMÁ, ¿POR QUÉ SON MALOS CON VOS?"

Los testimonios reunidos en diferentes actuaciones labradas sobre el caso difieren. Algunas de las personas que trabajan en el Tribunal de Cuentas dicen que el clima de trabajo allí es normal y "bueno". Otras respaldan lo denunciado por Urlich. "Todo el tiempo hacía comentarios el contador sobre la vestimenta de las mujeres que trabajan en el tribunal, sobre sus cuerpos, su forma de hablar, es decir comentarios clasistas, sexistas, elitistas", declaró una mujer en la Secretaría de Derechos Humanos.

Carola entró en una fase de deterioro físico y mental. Recurrió a tratamiento psicológico y psiquiátrico. "Tenía que trabajar empastillada, estando en casa no me quería levantar de la cama, no me sentía estimulada a hacer nada. Dejé de hacer cosas con mis hijos", dice, y es uno de los momentos en que el llanto aflora. "Mi esposo se puso todo al hombro", valora.

La fiscal dice que, a la vez, las expresiones denigrantes y la descalificación profesional no cesaban. "Me devolvía (Del Cerro) todos los informes, yo ya no tenía ninguna confianza en mí. Yo era fuerte, pero ahí me sentí que estaba anulada. Mis hijos, que percibían lo que estaba pasando, me decían: ¿Mamá, quién te hizo esto, por qué estás así, por qué son malos con vos?", recuerda, y debe volver a hacer una pausa antes de poder continuar.

Cuando el año pasado se animó a denunciar lo que vivía, lo hizo más por sentir que no tenía ninguna otra salida que por suponer que eso podía terminar bien. Porque en realidad nada le indicaba –ni le indica hoy- que su reclamo vaya a tener eco en el organismo, donde romper el silencio parece haberla convertido en una oveja negra. Un vocal llegó a decirle que lo suyo era "un capricho". El pedido institucional de "reflexión", frente a la gravedad de lo denunciado, fue casi una broma pesada. 

"Pasé un tiempo horrible. Sentí miedo, vergüenza, creía que era yo la equivocada, sentí culpa. Bajé de peso, no podía comer, temblaba, tenía palpitaciones. Sentí que ya no tenía mi mundo", dice.

Aun con todo en contra, Urlich dice que no se arrepiente del paso que dio. "De a poco recupero mi confianza, lo que yo era, cosas que hacía antes, simples pero que eran parte de mi vida. Yo recién este mes volví a llevar a mis hijos a un cumpleaños, por ejemplo. Cuando vi el título de la nota de NORTE (por la publicación de ayer), donde citan la manera en que yo era denigrada, no me conmoví. Eso era parte de mi rutina, era lo que yo vivía".

En medio de su lucha por tranquilidad y condiciones de trabajo racionales, un hombre con rol jerárquico en el Tribunal le habló el año pasado de que "no sería bueno que todo esto saliera afuera, porque yo ahí podía tener una carrera prominente. Después de eso me pregunté cuál era el precio de tener una carrera prominente, y me di cuenta de que yo no quería pagarlo".

A raíz de una medida cautelar planteada judicialmente, desde febrero de este año Urlich trabaja bajo la dependencia de otra fiscalía relatora. Lo que espera, dice, es que todo lo que vivió no quede en la nada.