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Una larguísima guerra sin resistencias

El presidente de la Nación prometió hace algunos días "una guerra contra la inflación". Lo hizo horas antes de que el INDEC difundiera los datos sobre variación de precios de febrero, que arrojaron un 4,7% para ese período y un registro del 52,3% con respecto al mismo mes de 2021. Es decir que el año no se perfila bien para la intención oficial y el deseo popular de que el costo de vida de 2022 al menos aminore su ritmo de crecimiento.

Se pueden encontrar otros casos de naciones que también lidian con procesos inflacionarios fuertes, pero apenas tres están hoy peor que la Argentina. Saber cuáles son da una idea de la categoría en la que nos estamos desenvolviendo. Esos países son Venezuela (340% de inflación interanual a febrero de 2022), Líbano (239%) y Turquía (54%, apenas dos puntos por encima nuestro).

Pero más allá de este podio circunstancial, lo que es seguro es que ninguna otra nación del planeta puede mostrar a la inflación como un fenómeno tan encarnado a su realidad económica a lo largo de las décadas. Aquí ya hemos asumido que es parte de la vida, y que cualquier período de índices bajos es apenas un paréntesis antes de que los precios vuelvan a tener una remarcación semanal.

EL CASO DEL BILLETE DE 100

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Aviso publicado en NORTE en marzo de 1992.

En enero de este año se cumplieron treinta años de la aparición del billete de 100 pesos. Oficialmente, comenzó a circular desde el 1 de enero de 1992, como parte del Plan de Convertibilidad lanzado en 1991 por el ministro de Economía Domingo Cavallo, bajo la presidencia de Carlos Menem.

Por imperio de ese mismo programa, aquellos 100 pesos equivalían a cien dólares estadounidenses. Hoy no alcanzan ni para comprar cincuenta centavos de dólar en el mercado blue.

La pérdida de valor de nuestra moneda se hace más visible si se considera qué cosas podían comprarse tres décadas atrás con 100 pesos. Una recorrida por los avisos publicitarios que se veían en los ejemplares de NORTE de aquel tiempo -algunos de los cuales aparecen en las imágenes que acompañan a este artículo- permite hacer ese doloroso cálculo.

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Aviso publicado en NORTE en marzo de 1992.

Vamos a los ejemplos. El kilo de asado especial era ofrecido por una carnicería de la avenida 25 de Mayo, en marzo del ’92, a $2,49 por kilo. Es decir, con cien pesos podían adquirirse 40 kilos. Hoy ese mismo billete alcanza para comprar apenas unos 140 gramos del mismo tipo de corte en algún lugar que ofrezca una generosa oferta.

Si se elige un rubro de valores mucho más elevados, como el de los automotores, el asombro crece. Una concesionaria ofrecía en marzo del ’92 un auto mediano usado, fabricado dos años antes, a 17.000 pesos. El tipo de vehículo que hoy, con la misma antigüedad, cotiza en el orden de los 2,5 millones de pesos. La moto Juki, un ciclomotor emblema de los ’90, con tres años de uso, se vendía en los clasificados de este diario a 550 pesos.

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Aviso publicado en NORTE en marzo de 1992.

Para los más ecológicos: una bicicleta tipo mountain bike, con diez velocidades, costaba $167. Hoy supera los $30.000. Un freezer de primera marca, de 320 litros, se conseguía a $575 en un local de electrodomésticos de la calle Perón. Hoy un equipo equivalente está por encima de los $70.000. Una heladera de doce pies, con freezer, se vendía a $624. Hoy vale cien veces más.

En otro negocio, sobre calle José María Paz, un acondicionador de aire de 2.250 frigorías se pagaba con 760 pesos. Actualmente el mismo tipo de equipo (modelo "de ventana") ronda los $65.000.

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Aviso publicado en NORTE en marzo de 1992.

Sigamos sufriendo. Comprando fiambres por pieza, se podía conseguir el kilo de jamón cocido a $5,90. En un supermercado muy popular en aquellos años, el kilo de queso barra estaba a $4,67, el de salame milán a $3,35 y la mortadela a $2,16 por kilogramo. Y, pensando en el postre, un balde 5 litros de helado se podía comprar a $8,20.

Para quienes padecieron los gastos del inicio de clases, este dato. Treinta años atrás se podían conseguir mochilas a $8,90 (las grandes, las medianas estaban a $5,90) y los guardapolvos se podían obtener a $7,90. En el centro de Resistencia, un par de zapatos para chicos en edad escolar estaba a $9,90 cada par, según una oferta del mismo marzo de treinta años atrás. Hoy esos mismos modelos están encima de los $5.000.

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Aviso publicado en NORTE en marzo de 1992

Si la idea era dar un paseo, un hotel de tres estrellas en la zona de Once, en Capital Federal, tentaba con aprovechar los fines de semana: $89 costaba alojarse en una habitación doble durante dos noches, con desayuno incluido. Un viaje de compras a Encarnación, en ómnibus, salía $15. Uno a Buenos Aires costaba $60, incluyendo pasajes de ida y vuelta y una noche de hotel.

¿Cuánto ganaban los argentinos en aquellos años? El salario mínimo fijado en marzo de 1991, y todavía vigente en 1992, era de 97 pesos. En agosto de 1993 subió a $200. Un cajero de un comercio tenía un básico inicial de 254 pesos. O, para tener una referencia, el equivalente a más de cien kilos de asado.

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Aviso publicado en NORTE en marzo de 1992

PARA ATRÁS

A raíz del aniversario del empobrecido billete de $100, algunos medios nacionales hicieron otras comparaciones entre el ayer y el hoy. Podemos seguir torturándonos al saber que con él en 1992 se podían comprar también 100 kilos de pan francés y hoy menos de uno.

Se compraban 59 kilos de arroz; hoy, con suerte, un paquete de medio. Los $100 podían pagar 34 pollos enteros; hoy ni siquiera la mitad de uno. Pagaban 32 kilos de filetes de merluza, hoy 100 gramos o menos. Cien pesos se podían cambiar por 92 paquetes de yerba de medio kilo; cada uno de ellos hoy no baja de los $220.

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Aviso publicado en NORTE en marzo de 1992.

Si se toman como referencia los precios del INDEC de una época y de otra, en 1992 con el billete con la cara de Roca se podían adquirir 303 kilos de harina, 294 de papas, 227 litros de leche (hoy, con suerte, uno) o 112 paquetes de manteca de 200 gramos cada uno.

Cualquiera que vea estos datos y haga sus propias cuentas sabe que los salarios no crecieron al mismo ritmo, y explican el porqué de la pauperización de la Argentina, que en la primera mitad de los ’70 tenía un 4% de pobreza y hoy supera el 40, con más de la mitad de sus chicos en situación vulnerable.

En la web hay estudios interesantes sobre la inflación en nuestro país, que confirman lo viejísimo que es el problema (y lo inexplicable que es que se mantenga como tal). La variación de los precios que pagan los consumidores estuvo relativamente bajo control entre 1900 y 1944, donde –salvo escasas excepciones- se conservó por debajo del 10% anual. Pero a partir de 1945 los números comenzaron a tener turbulencias. El promedio de inflación anual se acomodó en los dos dígitos, con un pico del 129% en 1959, aunque ya habían aparecido señales de alarma entre 1951 y 1952, con marcas superiores al 30%.

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Aviso publicado en NORTE en marzo de 1992.

Las cosas fluctuaron en los tiempos que siguieron, y comenzaron a descomponerse en los ’70. En 1972 y 1973 en particular el índice anual estuvo en el orden del 60%, con una baja al 25% en 1974 y el punto de inflexión del Rodrigazo, bajo la presidencia de María Estela Martínez de Perón, que llevó la inflación anual al 182% en 1975.

Llegó la dictadura y las cosas se volvieron peores también en términos económicos. Pese a los ajustes de José Alfredo Martínez de Hoz, el ministro del general Jorge Rafael Videla, la marca de 1976 fue un 444%. El promedio de inflación anual durante todo el régimen militar estuvo por encima del 300%.

HISTORIA CERCANA

Lo más reciente es conocido. Raúl Alfonsín tampoco pudo cambiar las cosas. Tras el veranito del Plan Austral, la hiperinflación del ’89 se lo llevó puesto. Menem, luego de sufrir un estallido propio, pudo convertir a su segundo mandato en el período de la historia argentina con menor inflación de la historia.

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Aviso publicado en NORTE en marzo de 1992.

A De la Rúa le tocó oficializar el fin de una convertibilidad que crujía por todas partes, y manejarlo inadecuadamente le costó irse en helicóptero de la Casa Rosada.
Llegó la gestión de bombero de Eduardo Duhalde, que abrió paso a las gestiones del matrimonio Kirchner.

El mandato de Néstor tuvo una medición anual promedio del 8% y Cristina se fue del poder en 2015 con una inflación en sus dos mandatos que es difícil de conocer con certeza. Los índices oficiales, sospechados de manipulación, hablaban de un 140% acumulado en ocho años. Estimaciones privadas la situaban en el 494%.

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Aviso publicado en NORTE en marzo de 1992.

Macri arribó al poder diciendo que la existencia de inflación era una prueba de incapacidad de los gobernantes. El promedio de inflación anual en sus cuatro años fue del 40,6%, que se hacía aún más impactante por el fuerte contexto recesivo.

Alberto, ahora, tuvo en 2021 un índice también inflamable, un 50,9%, y este 2022 arrancó de una manera que dispara a la cabeza de las expectativas. La "guerra" que anunció para el viernes que pasó arrancó casi en plan pacificista: no se conoció ni una medida. Y las que se estudian, aparentemente, son más de lo mismo que ya vimos fracasar tantas veces.

Porque en realidad, en el fondo del problema, hay una negación constante sobre cuáles son las disfunciones estructurales de nuestro país. Pero hacerse cargo de eso seguramente costaría caro. Casi tanto como ir al supermercado.

El peso actual se creó quitándole cuatro ceros a la moneda anterior, el austral. Pero si se suman los cambios desde la creación de la primera moneda nacional, el peso se desprendió en total de trece ceros en nuestra historia. Una brutal prueba de la pérdida de valor de nuestro signo monetario y de la degradación general de la realidad sobre la que navegan los sueños de los ciudadanos.

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