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Hipólito Ruiz

Columnista

El espejo

Un joven muchacho japonés vivía junto a su esposa y su hijita en una precaria vivienda. No tenían muchos bienes materiales ni adornos en la vivienda. Eran muy discretos, y a la mujer no le gustaba dejarse ver en público. Una vez el joven fue una feria que había en el pueblo, y allí pudo comprar un pequeño regalo para su esposa: un espejo, ya que su mujer nunca había visto uno.

¡Menuda sorpresa cuando lo vio! , dice la leyenda. Aunque no sabía lo que era, así que al mirarse en él, preguntó extrañada a su marido: – ¿Y esta mujer tan hermosa quién es?; – ¿Cómo que quién es? ¡Tú! ¡Es tu reflejo!, le respondió el esposo.

NOSOTROS, ¿QUÉ VEMOS?

La sociedad, muchas veces, se queja de los dirigentes, sin recordar que los dirigentes vienen de la gente. Hemos cumplido 38 años de democracia en la Argentina, con muchas deudas que resultan inexplicables, y si bien podemos celebrar algunos avances, todo argentino de buena voluntad seguramente admitirá que tenemos que trabajar y mucho para fortalecer este sistema que le ha permitido al facilismo del negociado de la política inmiscuirse en las cuestiones más trascendentales en los últimos años.

Los hechos de corrupción son para el espanto. Increíble. El laberinto construido por el sistema hace que el ciudadano, el contribuyente, el emprendedor, camine sin encontrar la salida, y de manera sistemática, vuelva a pasar por el mismo lugar varias veces.

¿QUE NOS PASA?

¿No nos pasa eso a los argentinos?. ¿No da la sensación que estamos atrapados en esto?.

Pero, ¿Qué vemos cuando ponemos el espejo?. ¿Acaso no es el reflejo de lo que somos como sociedad, carente de valores, demandantes consuetudinarios de medidas, actitudes, y de acciones, cuando nosotros mismos no hacemos nada, y nos hemos sumado al colectivo de los tibios que todo le dá igual?.

EL ESPEJO ESTA BORROSO

¿Cuántas veces, en los últimos tiempos, hemos escuchado discursos cargados de compromiso con la comunidad, con los valores, con los intereses de la Nación?. ¿Hace cuánto no nos hemos emocionado escuchando un discurso de algún dirigente que llame al país a poner en alto los valores y reconstruyamos entre todos esta república desbastada por la corrupción, la viveza criolla, donde el que anda en la marginalidad la pasa mejor económicamente, mientras que la trabaja honradamente, no tiene tiempo ni para dedicarle a su familia?.

No podemos dar lo que no tenemos. Si el espejo aparece borroso, es porque es lo que como sociedad, estamos reflejando.

DEUDAS

La democracia le debe al país tener mayor Educación, y le debe no haber inculcado una sociedad que le apueste al trabajo digno. Hay toda una generación que ha observado a sus padres marchar hacia un piquete, o a cobrar algun beneficio estatal sin producir nada.

Durante años, se fueron consumiendo las provisiones que había en la alacena, y no se las repuso. Quedan pocas latas de conservas, y no se ve que el Estado resuelva dar un sacudón y alentar el trabajo privado, la generación de recursos, y sigue perdido en la ideología absurda del asistencialismo para poder doblegarlos y obtener así el voto que les permita seguir en el poder. Hay deudas como algunas obras públicas clave. Hay que decirlo: hay pueblos enteros que no tienen agua potable, entonces, ¿para qué seguir hablando de otras materias pendientes?.

"EL PUEBLO ME VOTO"

Un intendente comentó en voz baja días atrás que se encontró con un grupo de personas que le reclamaron luz, nuevas calles y agua en un barrio. Hasta se animó a contar –como en broma—que les dijo, el pueblo me votó". Y tiene razón, lo votó , pero para que haga obras, pero también puede ser que el pueblo lo haya votado porque es un pueblo deprimido, que no aspiró en el momento de votar a otra cosa, porque es otro problema: el desánimo, y que el encierro por la pandemia lo profundizo en algunos casos.

UNA ARGENTINA QUE DESANGRA, OTRA QUE INTENTA NACER

Sin embargo, es tan satisfactorio ver que hay argentinos y argentinas que tienen una mirada distinta, que no siguen trabajando, que siguen apostando por este hermoso país del trigo, del algodón, del quebracho colorado, de la miel, de la carne y de la leche.

Son los que cuando escuchan el himno nacional argentino aun se les pone la piel de gallina. Son los que sienten ese palpitar que sepan aquellos gobernantes que ya andan ensayando métodos pocos democráticos y rayanos con el totalitarismo, que van a defender, pacíficamente, con la Educación y el Trabajo, la libertad que tanto costó conseguir.

Hay miles, tal vez millones de argentinos que trabajan por el prójimo. Médicos, enfermeros, voluntarios, docentes, policías que sin dudar ponen el interés del otro antes que los suyos y van llenando capítulos de hechos de altruismo y solidaridad en esta provincia y en este país.

No todo está perdido. ¿Quién dijo eso? . El ejército de la depresión, del no temas sigue operando, pero también están aquellos que siguen trabajando por causas nobles y justas hasta el fin de sus días.

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