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Mariana Alegre

columnista

Atravesar puertas

¿Cuánto tiempo nos lleva ese famoso momento "click", como si termináramos de armar un rompecabezas?. Terminar algo, dejar algo, despedir algo o a alguien, siempre se nos presenta con la palabra cierre; así como también empezar algo nos remite a abrir, en ambos casos ciclos, etapas, puertas. ¿Y en el medio, qué pasa?

Almudena Del Mazo (2014)

Cerrar se define como "hacer que el interior de un espacio o lugar no tenga comunicación directa con el exterior, no dejando aberturas o cubriéndolas, tapándolas, etc"; en cambio atravesar se define como "pasar de un lado al otro de una cosa".

Abrir, se define como "hacer que el interior de un espacio o lugar tenga comunicación directa con el exterior quitando o separando lo que lo impide o realizando una abertura, paso o conducto"

Quizás el cerrar, nos deje "algo adentro", en cambio atravesar, nos permita realmente concluir ese ciclo o etapa. No significa olvido, sino que de alguna forma hemos aprendido algo de lo que nos tocó vivir, para luego abrir las puertas y dejar entrar lo nuevo a nuestro día a día.

Entiendo que hasta aquí todo es muy metafísico, y en las columnas buscamos explorar un poco el mundo nuevo que inicio con la pandemia, que en realidad nos dimos cuenta que –como la supuesta Atlántida- estaba enterrado en las profundidades de nuestra historia, consciencia, memoria selectiva.

En estos momentos imagino a mi profesor de filosofía con una cara de espanto, o más bien de beneplácito, ya que fueron muchos los que preguntaron ¿para qué estudiamos esta materia?. La primera respuesta es fácil: para terminar la carrera (bueno si no haces la tesis no te dan la factura, así que más o menos por eso); la segunda me sorprende, al encontrar que siglos y siglos de grandes pensadores ya trataban los temas que atañen al ser, el cosmo, la naturaleza, Dios y hasta la nada misma.

Volviendo del árbol al que me trepe (ya no es una rama), desde muy pequeña he sido una "trotamundos", un poco por la profesión de mi papá (periodista), y luego por elección. Amo conocer lugares nuevos, no importa dónde. Me acostumbré a irme, a dejar lugares, a cerrar etapas, casi siempre para abrir nuevas historias o procesos en la vida, por suerte he conservado amigos, por suerte puedo volver a esos lugares cada tanto. 

No comprendí hasta esta "etapa" de pandemia que en cada partida, en cada cierre "me llevaba conmigo" cosas que quedaban en mi interior sin procesar, encerradas. Y cosas sin concluir: puertas sin cerrar que no me permitieron abrir otras. Me había quedado en el umbral, sin cruzarlas. Tal como dicen que es el limbo (no, no es la canción de Daddy Yankee), palabra que proviene del latín limbus que significa borde o límite. 

Muchas veces no podemos hacer esta transición solos. Hay puertas que podemos atravesar de forma natural, como parte de nuestra evolución como seres humanos, y otras en las cuales necesitamos de amigos, familia, profesionales, incluso la religión juega un papel importante. Somos mente, cuerpo y alma (bueno, la mayoría nos concebimos así).

Cuando tenía 14 años, mis abuelos, a quienes visitaba cada verano desde los 5 años en Funes, Santa Fe, decidieron volver a Chaco. Para ese entonces, había hecho muchos amigos, despedirme de ellos, de aquellos veranos mágicos de mi infancia y adolescencia fue difícil (lo loco es que el colectivo que tenía que parar la noche que nos íbamos se olvidó –parar- y tuvimos que volver una noche más al lugar).

Cuando tenía 23 años, volví a ese lugar, a donde mis abuelos vivían, por esas cosas de la vida (una frase que nos sirve de muleta para tantas cosas) con otros amigos, en otra etapa de mi vida. No fue volver hacia atrás, sino atravesar la puerta que no había cerrado y cerrarla, con mucho cariño y sin nostalgia.

Doce meses después -casi sin planearlo- iba a despedirme de Rosario, que fue mi casa durante 7 años. Sin mi tesis, y dejando una ciudad que sentí como mi casa, y a mis amigos. Pasaron 22 años, y es una puerta que aún no atravesé. Ese es mi limbo personal. Mi vida siguió, viví en Capital Federal un tiempo, y pegué la vuelta a Chaco. 

Inevitablemente, el hombre con su necesidad de control, ha modificado mil cosas en esta etapa de pandemia, que como un dominó nos sigue afectando a todos, en menos o mayor medida, el miedo a lo desconocido siempre tira de nosotros la necesidad de control, pero a veces no solo se trata de cerrar o abrir puertas, sino de quedarnos en el limbo, no atravesarlas. Atravesar puertas nos transforma, y quizás –cerrando o abriendo las mismas- ese sea un denominador común en el proceso.

Como dijo  Kilroy Oldster  (abogado y autor) "no experimentamos vidas idénticas ni ejemplificamos personalidades replicables. Cada persona es un receptáculo capaz de experimentar la gama completa de toda la condición humana. Nuestras vidas actúan como un período de aprendizaje, que dedicamos a trabajar para descubrir las verdades por las que podemos vivir". 

Continuando con Oldster "la auto-transformación comienza con un período de auto-cuestionamiento. Las preguntas conducen a más preguntas, el desconcierto conduce a nuevos descubrimientos y la creciente conciencia personal conduce a una transformación en la forma de vida de una persona. La modificación intencionada del yo solo comienza con la revisión de las funciones internas de nuestra mente. Las funciones internas renovadas eventualmente alteran la forma en que vemos nuestro entorno externo"

No podemos dar un portazo a la pandemia, ni a las situaciones que se han desprendido de ella, como a ninguna de estas "puertas" que la vida nos va planteando, nada es mecánico, nada es planificado, no hay manual de instrucciones, pero de alguna forma sabemos cuándo las hemos atravesado ya sea para cerrarlas y/o para abrirlas.

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