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Mariana Alegre

Columnista

La comunidad del algoritmo

Nos hemos esforzado por combatir las desigualdades en casi todo el desarrollo de la humanidad, pero durante toda la historia hemos ido construyendo espacios exclusivos
para este fin. Desde la Masonería, pasando en la actualidad por las comunidades virtuales: influencers, criptomonedas, redes sociales. ¿Es el algoritmo nuestro nuevo “gran hermano”?

Según la definición el diccionario prehispánico del español jurídico, la RAE (Real Academia Española), la Asociación de Academias de la Lengua Española, y la Cumbre Judicial Iberoamericana, hay tres definiciones para comunidad 1. Gral. Conjunto de personas de un barrio, villa, pueblo, ciudad, región o país. 2. Gral. Conjunto de personas que poseen características o intereses comunes. 3. Int. púb.Conjunto de naciones unidas por símbolos, políticas o identidades comunes.

He sido voluntaria en una ONG (Ecoclubes) que me permitió conocer a gente de muchas partes del país y del mundo. Pero, conversando con ellos –en español, inglés, portugués y como podíamos.- logré ver otras culturas, a través de los ojos y vivencias de estas personas.

Mis pensamientos sobre la guerra, la guerrilla, el imperialismo, lo que yo consideraba la revolución, e incluso la importancia de la democracia, fueron más reales que lo que leía en los libros o aprendí en la escuela y el colegio en clases de historia o geografía. Siempre he dicho que fue una escuela más de vida. Me sentía parte de una comunidad, que sin embargo de vez en cuando me permitía traspasar mis fronteras mentales. El mundo era más grande que todas mis comunidades.

En la actualidad, la idea de comunidad adquiere una concepción más amplia. Según algunos especialistas tecnológicos, las comunidades virtuales permiten que aquellas personas que tienen un interés y objetivo común puedan reunirse, generando incluso intercambio de conocimiento.

Por ejemplo, también se utilizan en la jerga de criptomonedas y videojuegos, donde se incluyen términos como “líder” o “sublíder”. En el mundo “influencer” llama comunidad a los seguidores. No estoy muy segura si incluyen a los heaters (odiadores). Sin embargo, estos espacios de “libre albedrío”, no son tan horizontales como se pregonan, y contienen muchas reglas, y algoritmos que lejos están de dejarte decidir.

Actualmente, una comunidad no es solo el barrio, el pueblo, el club. Ya no son cinco o diez personas, pueden ser miles, millones. Hay comunidades para el bien, y para el mal. Por eso es tan fundamental entrenar la capacidad de cultivar el pensamiento crítico sobre lo que consumimos, en una comunidad.

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“El valor más alto al que deberíamos apelar es el de demoler las fronteras”, dice Nuccio Ordine, profesor y escritor italiano, en su manifestó “La utilidad de lo inútil” (2013), y cita a Charles Montesquieu (filósofo francés 1689-1755): Si supiera de alguna cosa que me fuera útil y que resultara perjudicial para mi familia, la expulsaría de mi mente. Si supiera de alguna cosa útil para mi familia, pero que no lo fuese para mi patria, trataría de olvidarlo. Si supiera de alguna cosa útil para mi patria, pero perjudicial para Europa y para el género humano, lo consideraría un crimen.

Marshall MacLuhan (filósofo y profesor canadiense. 1911-1980) nos ha aportado, en la universidad, además de larguísimas horas de estudio, un avistamiento a una sociedad que para aquel entonces (fines de los 90’, inicios de los 2000), nos parecía absurdo, bueno me parecía. Su concepto de “Aldea Global”, hablaba del derribo de estas fronteras, pero advertía de una falsa sensación de libertad. Para el que no quiera leer, recomiendo la película The Truman Show (otra obra visionaria).

 MacLuhan, sobre quien nos machacaron con la frase “el medio es el mensaje”, tenía mucho más por decir.

En lugar de dirigirse hacia una vasta librería de Alejandría, el planeta se ha convertido en una computadora, un cerebro electrónico, como una obra de ciencia ficción infantil, al exteriorizarse nuestros sentidos, el Gran Hermano se asienta en nuestro interior. Así que, a menos de que seamos conscientes de esta dinámica, nos moveremos hacia una fase de terrores de pánico, adaptándonos a un mundo pequeño de tambores tribales, interdependencia total y coexistencia superimpuesta. Una vez que hayamos supeditado nuestros sentidos y sistemas nerviosos a la manipulación privada de quienes intentarán beneficiarse a través de nuestros ojos, oídos e impulsos, no nos quedará ningún derecho.

Estas afirmaciones fueron hechas en los 70’. MacLuhan murió en 1980, y ya nos advertía sobre Facebook, y todos los que llegaron después. Puede que la tecnología haya borrado algunas fronteras –para bien y para mal, insisto- pero, hasta qué punto existe una democracia en estas comunidades. ¿Quién pone las reglas, cuál es el medio, cuál es el mensaje?

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Los espacios de cuestionamientos sobre el impacto de las tecnologías –para bien y para mal- deben ser los centros educativos, por excelencia, pero no los únicos. Las expresiones culturales se han modernizado (entendiendo la modernidad como el tiempo más cercano a nuestro presente, en comparación con nuestro pasado), pero sus bases han existido desde el inicio de los tiempos (otro berenjenal difícil de determinar, según qué mirada hay sobre esto).

“Los profesores hoy hacen muchas cosas pero no aquello para lo que se les paga. Tienen que dedicar mucho tiempo a la burocracia”, asegura. “La verdadera meta de la universidad es la experiencia”. ¿La escuela y la universidad que estamos construyendo serán capaces de estimular la curiosidad de los estudiantes y de garantizar el derecho a buscar la propia verdad?, reflexiona Ordine.

"Cada año pregunto a mis estudiantes nuevos qué han venido a hacer a la universidad, y todos me responden: profesor, hemos venido a obtener una licenciatura Yo pienso que el cometido de nosotros, los profesores es hacer entender a los estudiantes que no se va al instituto a obtener un diploma, y que no se va a la universidad para obtener una licenciatura. La cosa principal que debemos enseñarles es que la cultura y el estudio no solo sirven para una profesión, sirven sobre todo para formar a ciudadanos libres. Hombres y mujeres capaces de razonar con su propia cabeza”, agrega.

Ordine termina este intercambio con sus estudiantes citando al poeta griego Konstantino Kavafis

Ten siempre a Itaca en tu mente. Llegar allí es tu destino.

Mas no apresures nunca el viaje. Mejor que dure muchos años y atracar, viejo ya, en la isla, enriquecido de cuanto ganaste en el camino sin aguardar a que Itaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje. Sin ella no habrías emprendido el camino. Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.

Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, entenderás ya qué significan las Itacas.

En un mundo que ha dado otra vuelta de tuerca, arrasado por la pandemia y sus propias ambiciones, una nueva transformación latente nos vuelve a llamar a las bases, a replantear –como dice Ordine- la utilidad de las cosas inútiles para volver a tomar el control que le dejamos al algoritmo.

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