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Cartas de lectores

Propiedad privada y destino universal de los bienes

Señor director de NORTE:
Hace unos días fue noticia una afirmación del Papa Francisco referida a la propiedad privada como derecho secundario subordinado al destino universal de los bienes. No es la primera vez que Francisco alude a esta dimensión de la doctrina social de la Iglesia, sostenida desde hace décadas por el Magisterio de la Iglesia, pero, si no retrocedemos en la historia del pensamiento del magisterio de la Iglesia, puede aparecer como una novedad de este pontificado. Por ello es necesario ahondar en el sentido de esta afirmación para evitar malentendidos y conocer el pensamiento social de la Iglesia al respecto.
La Doctrina Social de la Iglesia, ya desde su primera Encíclica social (Rerum novarum, León XIII), sostiene que la propiedad privada y otros modos de dominio privado de los bienes “aseguran a cada cual una zona absolutamente necesaria para la autonomía personal y familiar y deben ser considerados como ampliación de la libertad humana” (Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, 71). Asimismo, la doctrina social reconoce también el acceso a todos por igual de la propiedad de los bienes, de forma que todos puedan ser propietarios de algún bien.
De este modo, el pensamiento social cristiano no aceptó jamás como absoluto e intocable el derecho a la propiedad, siempre lo ha comprendido como subordinado al derecho común de todos a usar de los bienes de la creación, es decir, al principio del destino universal de los bienes. Este principio afirma en primer lugar la potestad divina sobre toda la realidad, así como la finalidad de que los bienes creados sean destinados al desarrollo de todos los hombres y de todo el hombre. Este principio del destino universal de los bienes, por ende, no se opone al derecho de la propiedad privada, sino que destaca la necesidad de regularlo, ya que la propiedad es un medio y no un fin. El derecho a la propiedad es un medio para la concreción del mandato bíblico, a través del cual se ha dado al hombre la tierra para que la domine con su esfuerzo y trabajo y goce de sus frutos (cf. Gn 1,28-29). Cada persona necesita satisfacer sus necesidades primarias, que constituyen las condiciones básicas de su existencia. Los bienes creados para todos son indispensables para sustentarse, crecer y relacionarse con los demás. Es por ello que es el destino universal de los bienes es el “primer principio de todo el ordenamiento ético-social” (Juan Pablo II, Laborem excercens, 19). Se trata de un derecho natural, inscrito en la naturaleza de la persona, y originario, inherente a la persona concreta, a toda persona.
Para no malinterpretar este principio, el “destino y uso de los bienes no significan que todo esté a disposición de cada uno o de todos, ni tampoco que la misma cosa sirva o pertenezca a cada uno o a todos” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 173). Si cada persona nace con el derecho al uso de los bienes, es también verdad que para “asegurar un ejercicio justo y ordenado, son necesarias intervenciones normativas, y un ordenamiento jurídico que determine y especifique tal ejercicio (Ídem). De modo que este principio del destino universal de los bienes se corresponde con la llamada que el Evangelio dirige a todos y cada uno de preservarse ante la tentación de la ambición desmedida y del afán exagerado de posesión, guiados por la avaricia.
Por tanto, la propiedad no es un derecho absoluto en el sentido que debe reconocer su función social según el principio primordial del bien común, entendido como “el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección” (Gaudium et spes, 26). Para que cada persona pueda lograr su propia perfección y alcanzar la finalidad para la cual fue creada, es preciso que tenga acceso de modo equitativo a la propiedad de los bienes de la tierra, “sin excluir a nadie ni privilegiar a ninguno” (Compendio…, 171).
En síntesis, la propiedad privada tiene sus ventajas para la persona que posee bienes: “mejores condiciones de vida, seguridad para el futuro, mayores oportunidades de elección” (Compendio…, 181), pero no es absoluta, ya que cualquier cosa creada depende de Dios creador, y solamente orientando dichos bienes al bien común, es posible “conferir a los bienes materiales la función de instrumentos útiles para el crecimiento de los hombres y de los pueblos” (Compendio…, 181).

PABLO FERREIRO SJ 
(Párroco de San Javier)
Resistencia 

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