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Palabras enlazadas

Rodolfo Juan Chaij es médico, docente, escritor, divulgador, nació en Buenos Aires y se afincó desde el 2011 en Curuzú Cuatiá, ciudad correntina de donde es oriunda Gabriela Bracco Ganancias, su mujer, con quien se casó hace 25 años.

Obtuvo el título de médico en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, con Diploma de Honor, donde ejerció la docencia hasta que por razones laborales se radicó junto a Gabriela y por 15 años en Estados Unidos; de allí regresaron con su hija Milagros y una nacionalidad extra.

Sus primeras publicaciones fueron de carácter científico en forma de colaboraciones en revistas médicas, congresos y publicaciones en el campo de la Psiquiatría Biológica y la Farmacoepidemiología. Hasta que en 2017 publicó Fantasmas Personales, su primera colección de cuentos y microficciones. Luego, Universos compartidos en 2018 y el año pasado apareció su tercer libro Palabras Enlazadas.

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En la actualidad dicta clases, en los niveles secundario y terciario, de Biología, Farmacología, Inmunología, Lenguaje artístico; también, seminarios de Historia Argentina y Fisiología, entre otras disciplinas.

“Además, en Curuzú, esta ciudad que me adoptó hace 10 años, brindo charlas sobre arte, historia, ajedrez, rock, filosofía, literatura y temas de género e inclusión. Soy co-conductor de Si te he visto sí me acuerdo, un programa que se emite semanalmente por Radio Ciudad de Curuzú ‘FM 91.3’, donde difundimos arte, literatura, historia, filosofía, humor y música”, comentó el autor. 

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Palabras Enlazadas es su tercer libro de microficciones que tiene la particularidad de poder ser leído de los dos lados, la mitad de los textos están hacia arriba y la otra mitad hacia abajo. “Es así para crear dos sentidos de lectura posibles y la idea de una cinta sin fin, un libro circular, por eso en la foto del libro se ven dos colores como si fueran dos libros, no posee contratapa, sino dos tapas”, apuntó Rodolfo Chaij.

En el prólogo y/o epílogo de su último libro dice:

(Advertencia)

Bienvenido querido lector.

Tal vez has estado aquí y no lo recuerdes.

Tal vez nunca estuviste aquí y creas recordarlo.

Tal vez estés aquí y no lo sepamos ni tú ni yo.

Tal vez estés de vuelta sin darte cuenta.

Estas empezando a leer este libro por el principio, pero puede ser éste tal vez el final.

O tal vez el final de un principio y el principio del final de este libro.

¿Aquí comienza o termina tu viaje?

¿Es apenas una estación de un viaje que no recuerdas donde empezó?

August Ferdinand Möbius creó una superficie que no acaba, un eterno retorno a ninguna parte. Este libro es en cierta medida una cinta de Möbius literaria.

Una sucesión de cadenas, de situaciones, de ideas y de mundos que se enlazan sin tocarse.

Una aventura literaria sin principio y sin fin.

Un libro para empezar en cualquier parte, para leer en cualquier sentido, para girar sin que pierda sentido y que pierde el sentido sin girar.

No hay comienzo, no hay final

No hay un antes ni después, tal vez apenas un durante.

Un libro que se reinventa cuando lo abres y que se desordena cuando lo cierras.

Un libro que se escribe mientras no lo lees, pero que una vez abierto empieza donde quieras y una vez sumergido en él no termina nunca.

Ten cuidado entonces que son muchos los lectores que no han podido salir, te lo advierte el autor, que aún está atrapado en estas páginas.

Palabras Enlazadas ©Rodolfo Chaij. Ediciones AqL- 2020

La frase

Y ella finalmente lo dijo.

Lo pronunció fuerte y claro como para que no quedaran dudas.

La frase lo golpeó entre los ojos. Seca, violenta, brutal.

Estallaron las palabras en su cabeza.

Sus pedazos se esparcieron por la habitación.

Su cerebro se escurría por el piso adhiriéndose pegajoso a los muebles y la alfombra.

Murió allí mismo.

Parado como estaba.

Sin embargo permaneció de pie.

En un resto de dignidad intacta giró sobre sus talones y ya casi saliendo logró articular:

—Yo tampoco.

Juegos

Se acerca por detrás y tapándome los ojos me pregunta quién es.

Sé con certeza que es ella: Mi hija de cuatro años que juega

como siempre.

Por un momento olvido que mi hija tiene treinta y cinco y hace

más de cinco que no regresa al país.

Universo en suspenso

H. tenía un momento trascendental en su día.

Una situación que no ameritaba interrupciones ni compromisos.

Un instante trascendental de contacto con la realidad.

Una acción que requiere toda su concentración y energía.

El balance del mundo depende de la precisión de sus acciones.

Todo el universo de H. cuelga suspendido y se detiene mientras

ella desparrama la manteca sobre la primera tostada del día.

Muros

Nos viven diciendo que los muros nos protegen, nos brindan

seguridad, confort y abrigo.

Pocas veces nos recuerdan que también nos aíslan, nos encierran

y nos atrapan.

Los muros se pueden levantar con barro, piedra, concreto, vidrio

o acero.

Los más resistentes están hechos de miedos, prejuicios y odios.

¿Qué hacer?

¿Qué hacer con una pena tan grande que oprime el pecho más

allá de la respiración?

¿Qué hacer con un dolor que se clava con cada memoria?

¿Qué hacer con una ausencia que es un vacío brutal?

¿Qué hacer con un grito si no hay aire para respirar?

¿Qué hacer con todo esto?

Poesía.

Universos Compartidos ©Rodolfo Chaij. Ediciones del Ángel- 2018

El pensador

Recorrió el mundo con sus ideas.

No hubo pueblo que no estudiara.

Dominó ocho idiomas a la perfección.

No le fueron extrañas la filosofía occidental y oriental.

Llevó sus ideas por retorcidos caminos de Oriente y Occidente.

Discutió epistolarmente con las mentes más brillantes de su tiempo.

Fue referencia mundial en varios campos de la ciencia.

Jamás abandonó los límites de su biblioteca.

Los buscadores

Todos pertenecemos a alguna clase de buscadores.

Están los que buscan y no encuentran.

Los que encuentran lo que no buscan.

Los que buscan y encuentran pero no saben lo que

encontraron.

Los que no encontraron pero creen haber encontrado.

Los que encontraron y perdieron.

Los que perdieron lo que nunca encontraron.

Los que dicen que no buscan nada con el secreto propósito

de despistar al destino y en un descuido de este, encontrar lo

que realmente buscan.

En definitiva, todos somos buscadores frustrados o

encontradores equivocados, como más nos guste pensarnos.

Los cafés

Se sentaron frente a dos cafés. Se miraron con la certeza

del no retorno. Raramente las relaciones implosionan en un

caos arrebatador que todo lo arrastra. La mayoría son como el

café. Se van enfriando inexorablemente hasta que llegan a un

punto que todos sabemos que intentar sorberlo sería amargar el

paladar. Revolvieron con las cucharas concentrados en sendos

torbellinos. Casi no profirieron palabras que sabían inútiles.

La relación y el café se habían enfriado más allá del punto de

retorno.

Por suerte tuvieron la certeza de saberlo y no resistirlo.

Ella marchó dejando un tibio beso en su mejilla. Él retrasó

la partida lo que duró la cobranza. Los dos cafés se enfrían

irremediablemente frente a las sillas ya vacías.

El diablo y el infierno

-El diablo es judío.

-No, es musulmán.

-No, el diablo es gitano.

-No, el diablo es negro.

-No, el diablo es mujer.

-No, el diablo es homosexual.

-No, el diablo es el indio.

Por lo pronto el diablo se frota las manos. Finalmente su

tarea está cumplida.

No hace falta más el infierno: El infierno es el otro.

Bastones

Soy un gran coleccionador de bastones.

Cambio de bastones según mi dolencia.

Muchas veces los veo nuevos o usados, y no puedo

resistirme a comprarlos.

Tengo bastones que uso por izquierda y por derecha.

Bastones de dos, tres y cuatro patas.

Bastones para dolor de espalda, de tórax, de codos y de

piernas.

Tengo bastones para lluvia y para sol.

Bastones de nieve y de desierto.

Tengo bastones para distancias cortas y bastones

intercontinentales.

Bastones de fiesta y bastones para velorios. Aunque a veces

he llevado mi mejor bastón de fiesta a un velorio largamente

esperado.

Mi estado de ánimo se expresa a través de los bastones.

Tengo bastones de tristeza, de ira, de felicidad y de angustia.

Yo no sé porque algunos siguen insistiendo que no son

bastones lo que colecciono sino libros.

Cuestión de semántica, supongo.

Autor: Rodolfo Juan Chaij

Editorial: AqL

Año: 202

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