¿Qué te enciende?
No, la de hoy no es una columna sentimental, ni de otras características afines (espero no haber perdido lectores con la aclaración). Sócrates dijo (eso dicen, porque no dejó nada escrito) “solo sé que no se nada”, pero él sabía algo más. Invocando su genio sagrado, a través de mi viejo libro de filosofía, propongo pongamos en práctica la mayéutica socrática, les prometo que lo que viene no es tan complicado como suena.
Sócrates había interrogado a políticos, artesanos, zapateros, entre otros, sobre diferentes cosas. “..Comprende por fin (Sócrates) la verdad profunda de la declaración de dios: los demás creen saber, cuando en realidad no saben ni tienen conciencia de esa ignorancia, mientras que él, Sócrates posee esta conciencia de su ignorancia…” (Adolfo Carpio, Principios de Filosofía).
Empecemos por explicar qué es la mayéutica. Está considerado el segundo “momento del método socrático”, y significa “el arte de partear, de ayudar a dar a luz”. La madre del filósofo griego era partera, entonces él comprendió que como una “comadrona” ayuda a dar a luz, él podía, “ayudar al alma de los interrogados a dar a luz sus conocimientos”.

Por esto, Sócrates no utiliza el discurso (propio de los sofistas*), sino el diálogo. ”El espíritu del que aprende, para que su aprendizaje sea genuino, debe comportarse activamente…Lo que se busca no es informar sino formar.
(Imagino que los zoom con Sócrates hubieran sido muy largos, pero interesantes)
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Entonces, pongamos la mayéutica en práctica: ¿qué te enciende?. Qué hace que muevas el motor –mental y físico- aún en esos momentos en que no encontramos la motivación, ni la disciplina. Qué es aquello que te hace sentir como como si fueras Fredy Mercury en el escenario de Wembley o Messi en la final de un Mundial…Copa Libertadores, bueno la Champions; o simplemente esa ilusión que hace que te levantes de la cama sin alarma (no todos los días porque no somos robots).
Lo que te enciende, ¿es una causa, es tu sueño de vida, es combustible?. Puede cambiar con el paso del tiempo, la experiencia, la vida. Entonces, ¿no deberíamos acaso preguntarnos cada tanto-al menos cada 31 de diciembre- qué nos enciende?.
Como buena sofista (creo que Sócrates me consideraría como tal), a falta de encontrar argumentos sólidos para mi hipótesis –que no falaces, pero sí muy diversos- recurro a otro genio: Eduardo Galeano, que decía:
“Somos… un mar de fueguitos. Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales…”
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Siguiendo con mi amigo Sócrates (ahora nos llevamos bien a pesar de aquellos desencuentros en la universidad) él, sostenía que “el interrogado no hace sino encontrar en sí mismo, en las profundidades de su espíritu conocimientos que ya poseía sin saberlo...”. Entonces, me propongo interrogar.
Vanina, ingeniera agrónoma (41 años): “En lo profesional, el intercambio con otras personas, más allá de la parte técnica. Me hace crecer, no solo profesionalmente. Me motiva viajar, me hace muy feliz organizar viajes para descansar. Me motiva cuando le salen bien las cosas a mis familiares y amigos. Significa que estamos vivos, que consigan cosas fuera de lo material”.
Abril, estudiante (15 años): “No sé si es una motivación, pero tengo un objetivo que es, en el futuro, no depender de nadie económicamente; entonces para eso, por ejemplo: el colegio aunque no me guste, trato de estudiar y al terminar perfeccionarme en otra cosa y poder cumplir el objetivo que tengo”.
Marcelo, docente, director de teatro y conductor en radio (29 años): “Lo que me motiva a levantarme todas las mañanas y hacer lo que hago, es conseguir lo que aún no tengo. Es como que me enfoco en lo que aún me falta. Me doy cuenta que cuando consigo algo, busco algo más allá, más grande. No me conformo, intento un poco más, como una especie de ambición. No es solamente desde lo material, sino cosas como el conocimiento, aprender cosas nuevas, conseguir desafíos un poco más. Sino no tengo propósitos, desafíos, me aburro”.
Gabriela, empleada judicial (35 años) “aquello que me apasiona, por más mínimo que sea. Levantarme a la mañana, ir a mi trabajo, hacer un plan con mi familia o amigos. Esas cosas me dan ganas de levantarme, de peinarme, cambiarme, cuando voy a encontrar en eso donde voy algo que me genera disfrute. Sobre todo en este momento donde encuentre paz, tranquilidad, y no complicaciones”
Daniela, técnica en turismo y emprendedora (35 años) “En este momento de mi vida, en el que me siento plena como mujer, me enciende el hecho de haber encontrado mi "lugar" en mi trabajo, en mi familia como esposa y participando en una institución. Me motiva el hecho de poder conseguir mis objetivos, los cuales persigo sin abandonarlos hasta alcanzarlos por más difíciles que se pongan, aun cuando deba cambiar repetidamente la estrategia. Durante muchos años era muy reservada al dar mi opinión porque generalmente no concuerdo con la mayoría de las personas y pensaba que no confrontar era lo mejor, pero eso me generaba un conflicto interno con el que me costaba lidiar. Hoy en día, siento que el expresarme me libera, me enciende y a la vez me conecta con gente que, aunque piense distinto, puedo encontrar puntos en común y experiencias que me nutren como persona. Este cambio fue posible ya que siempre me sentí respaldada y acompañada por mis padres, familia, amigos, pero sobre todo por mi pareja (esposo) porque entienden mi necesidad de crecer por mi cuenta en mis proyectos, carrera y actividades. Mi tranquilidad y seguridad está en que se que pase lo que pasen van a estar conmigo.
En tiempos de cuarentena, de pandemia, aún en esta burbuja siempre a punto de explotar, muchos nos reencontramos con nuestro interior, y nos reeplanteamos o descubrimos muchas creencias, conceptos, prioridades, que quizás no sabíamos que teníamos, se han caído también otras tantas.
Ha sido un tiempo en el que nos hemos conectado aún más a través de la tecnología, con el otro. En este sentido, Jorgé Carrión, en su columna del New York Times “La velocidad de la tecnología atropella nuestros cerebros”, plantea –entre otras cosas- que la velocidad en que crece la tecnología, a diferencia de nuestros cerebros podría ser perjudicial. “La tecnología está acelerando el mundo a una velocidad frenética y sin precedentes. El problema es que nuestros cerebros, en cambio, no han ganado en las últimas décadas mayor capacidad de procesamiento”, expresa Carrión.
Probablemente, no sea posible ya “desconectarnos” de la vida del silicio, o la IA (inteligencia artificial), pero quizás estamos a tiempo de conectarnos con nosotros mismos, aunque sea en tu cumpleaños o el 31 de diciembre. Volver a pensar qué nos enciende, sin encender ningún aparato.
*Sofistas: pensadores que se ocupaban de determinar cuál es la realidad de las cosas. Actualmente, el término se utiliza para un discutidor hace valer malas razones, y no buenas que intenta convencer mediante argumentaciones falases.
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