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El largo adiós de la clase media

Golpeadas por la situación económica de los últimos años, muchas familias de clase media sufren un proceso de empobrecimiento que las aleja del sueño de la casa propia, de los trabajos de calidad y de la posibilidad de asegurar a sus hijos el acceso a estudios superiores y un futuro mejor.

El proceso de deterioro de la calidad de vida de la clase media argentina es tan lento que resulta imperceptible para la mayoría de los que forman parte de este (hasta ahora) amplio y difuso segmento de la población. Es a este grupo al que se dirigen la mayoría de los discursos políticos, publicitarios y mediáticos en el país cada vez que hacen referencia al valor del dólar, los viajes al exterior, la compra de autos y el acceso a créditos para viviendas.

Algunos estudiosos de la comunicación política y las campañas electorales dan por sentado que buena parte de quienes se consideran contenidos en este estrato de la pirámide social forman parte del grupo conocido como los indecisos a la hora de votar o, si se prefiere, con un cerebro político tan volátil que es capaz de cambiar de preferencias de la noche a la mañana. Es por eso, afirman, que cada año que se celebran elecciones esa ancha avenida del medio ingresa en el radar de los grandes partidos políticos que se disputan su preferencia.

Algunos historiadores entienden que el deterioro comenzó en la década del 70, agravándose con las políticas económicas de la nefasta dictadura cívico militar que se puso en marcha el 24 de marzo de 1976, hace exactamente 45 años, a fuerza de detenciones clandestinas y asesinatos masivos. Amordazada la opinión pública y prohibida toda actividad política o sindical, la dictadura tuvo el camino libre para reducir drásticamente la participación de los asalariados en el PBI.

La recuperación de la democracia, en 1983, devolvió las esperanzas a la ciudadanía, pero el modelo heredado de valorización financiera en detrimento de la producción y el trabajo -la Patria Financiera, como se lo denominó- se las arregló para continuar vivito y coleando durante los sucesivos gobiernos constitucionales hasta llegar al año 2001 cuando estalló una crisis económica y social sin precedentes que generó, según algunas estimaciones, una reducción del Producto Interno Bruto cercana al 20 por ciento con todo lo que eso significó para la distribución del ingreso en un país que ya venía golpeado por la desigualdad.

El ciclo político siguiente, beneficiado por una coyuntura externa favorable con alza en precios de las principales materias primas que exporta el país, devolvió la ilusión a la golpeada clase media que comenzó a respirar gracias al crecimiento del PIB de esos años (entre 2003 y 2007 se registró un incremento promedio de 8,2 por ciento), que permitió entre otras cosas realizar una reestructuración de la deuda externa.

Lo demás es, si se quiere, historia relativamente reciente: una crisis financiera internacional en 2008 que volvió a poner contra las cuerdas al país y que se tradujo en una derrota para el oficialismo de entonces en las elecciones legislativas de 2009 en las que los votos de los sectores medios volvieron a ser decisivos. En 2015 una importante porción de ese segmento aportó los votos que le permitieron ganar las elecciones a la coalición Cambiemos, cuyas figuras más relevantes hicieron gala de una gran habilidad para el marketing y la comunicación política pero poca experiencia a la hora de administrar los escasos recursos disponibles.

El resultado: en 2018 el FMI hizo un préstamo extraordinario a la Argentina por más de 56.000 millones de dólares, del cual se desembolsaron unos 44.000 millones. Y lo peor: gran parte de esa suma fugaron unos pocos argentinos al exterior, dejando el compromiso de pago al resto de la sociedad.

Distintas encuestas confirman que la clase media pierde tamaño en la estructura social. Por ejemplo, un reciente estudio realizado por la consultora Abeceb, revela que solo en la Ciudad de Buenos Aires -el distrito más rico del país- y desde el punto de vista de los ingresos el segmento medio de la población pasó de representar el 66,2 por ciento de la población al 58 por ciento entre el primer trimestre de 2015 y el mismo período de 2020.

Según esa misma consultora, también en las provincias se produce una transformación en la pirámide social, que muestra una base más ancha con un aumento de las familias pobres y un achicamiento de esa clase media que alguna vez fue símbolo de progreso y movilidad social en América Latina.