Morgan Stanley decidió mantener a la economía argentina clasificada como "standalone"
Es un revés financiero para el ministro de Economía Luis Caputo, que cifraba en esa calificación la posibilidad de nuevas refinanciaciones de deuda y toma de crédito privado.

Morgan Stanley decidió mantener a la economía argentina clasificada como "standalone" (mercado aislado), una categoría que comparten apenas un puñado de países, varios de ellos en situación de conflicto bélico como Líbano, Palestina o Ucrania. La noticia, que representó un revés para el ministro Luis Caputo —quien esperaba que una mejora en la calificación abriera la puerta a nuevas refinanciaciones y crédito privado—, impactó negativamente en la bolsa local, donde se especulaba con un ingreso masivo de inversiones extranjeras.
En paralelo, el oficialismo aceleró en el Congreso la aprobación del Super RIGI, un régimen de rebajas impositivas por 30 años para inversiones en nuevos sectores tecnológicos. A diferencia del RIGI anterior, más orientado a la minería e hidrocarburos, esta versión busca ampliar la matriz productiva. Sin embargo, mantiene una debilidad crítica: no exige contratación de proveedores locales, ya que permite importar bienes sin aranceles. Además, el monto mínimo requerido es de 1.000 millones de dólares, pero solo el 20% debe invertirse en los primeros dos años, y ese desembolso puede cubrirse con activos locales o maquinarias importadas, lo que diluye el ingreso efectivo de divisas. A modo de referencia, de los 22.000 millones aprobados en el RIGI anterior, se estima que entraron menos de 800 millones.
Mientras el riesgo país experimentaba un leve incremento, el gobierno parece resignarse a no acceder a los mercados voluntarios de deuda en el corto plazo y negocia con grandes bancos un crédito por 5.000 millones de dólares con garantía de organismos internacionales. Ese monto ayudaría a cubrir vencimientos del año, junto con otros mecanismos internos: los bancos utilizan depósitos en dólares (que ya suman 42.000 millones, equivalentes al 90% de las reservas del Banco Central) para comprar bonos del gobierno o expandir créditos en moneda extranjera, trasladando así divisas privadas a las reservas oficiales para afrontar pagos externos. Este esquema funciona mientras no se produzca una corrida bancaria.
Por ahora, el equilibrio se sostiene gracias al superávit comercial acumulado en los primeros cinco meses del año, que alcanzó casi 12.000 millones de dólares impulsado por un crecimiento del 22% en las exportaciones, a pesar del tipo de cambio competitivo.










