Esparta: una cultura de guerra
Fue una de las ciudades-estado más importantes de Grecia. Cimentó su fama en la fuerza y temeridad de sus guerreros, cualidad que les valió gran respeto en el mundo antiguo, pero que también fue causa de su trágico final.

Mitología y literatura
Zeus era el dios de los dioses, y de su matrimonio con la diosa Hera nacieron sus hijos Ares, Hebe y Hefesto; luego tuvo otra hija con Dione, a quien llamaron Afrodita. De otras relaciones con diosas, ninfas y mujeres nacerían más hijos, entre ellos Atenea, Apolo, Artemisa, Hermes, Perseo, Argos, Dionisio y Lacedemón. Este último –hijo también de la pléyade Taigete- tuvo cuatro hijos con Esparta y fue el fundador de la ciudad, a la que bautizó con el nombre de su esposa, y otorgó el suyo propio a la región: Lacedemonia.

Helena –hija de Leda, casada con Tindáreo, rey de Esparta- era la más hermosa de toda Grecia, por lo que tenía muchos pretendientes. Una difícil decisión pesaba sobre el monarca a la hora de elegir al candidato que la desposara. Uno de ellos, Odiseo de Ítaca, propuso que todos defenderían al que la princesa señalara. Ella se inclinó por Menelao, y Tirándeo le cedió el reinado de la ciudad. Pero estando el nuevo rey de viaje en Creta, el príncipe troyano Paris sedujo o raptó a Helena, con la colaboración de Afrodita, y juntos volvieron a Troya.
En la literatura, Esparta fue una de las protagonistas de esta guerra que duraría una década, cuyo desenlace fue descripto por Homero en “La Ilíada”. Su rey, Menelao –hijo de Atreo y nieto de Pélope-, fue quien instigó a su hermano Agamenón, rey de Micenas, a entrar en la contienda para rescatar a su esposa. En su otra magistral obra, “La Odisea”, relata que al emprender el regreso a Esparta la flota de Menelao quedó a merced de tormentas que la empujaron a Creta y Egipto, donde el rey debió atrapar al dios Proteo para que le dijera qué sacrificios debía hacer para regresar a su patria. Un regreso con Helena que le demandó varios años de travesía.
La historia de Esparta

La ciudad-estado de Esparta estaba en el valle del río Eurotas en Laconia-Lacedemonia. Si bien la zona estaba habitada en el neolítico y fue importante en la Edad de Bronce, la evidencia dice que la ciudad surgió en el siglo X a.C. Dos siglos más tarde ya había conquistado Mesenia y Laconia y abarcaba un territorio de unos 8.500 km2. En inferior condición se encontraban los ilotas, trabajadores de fincas espartanas de condición cuasi esclava.
Estos se revelaban con frecuencia, provocando enfrentamientos internos que hacían flaquear al ejército espartano y lo llevaban a derrotas, como contra Argos (660 a.C) y contra los arcadios de Tegea. Formó entonces la Liga del Peloponeso, junto a Corinto, Elis y Tegea –sin incluir a Argos- (505 a 365 a.C). Esto permitió la hegemonía de Esparta hasta el siglo IV a.C. Fue grande su rivalidad con Atenas, aunque supieron aliarse para enfrentar enemigos comunes, como los persas.
Contra la principal polis griega combatieron en la llamada Guerra del Peloponeso (431 y 404 a.C): la victoria fue para Esparta, que logró la supremacía helénica durante corto tiempo. Dadas sus ambiciones sobre la Magna Grecia, tuvo conflictos bélicos importantes, como la Guerra de Corinto contra Atenas, Tebas, Corinto y Persia (396 y 387 a.C), que concluyó con la firma de la Paz del Rey: Esparta cedió su imperio a Persia para concentrarse en dominar Grecia, pero fue derrotada por el ejército tebano al mando de Epaminondas en la batalla de Leuctra (371 a.C). Fue el comienzo del fin: se enfrentó a los macedonios, se unió a la Liga Aquea (195 a.C) y la abandonó por presión romana, bajo cuyo dominio siguió hasta que en 396 d.C. fue saqueada por un ejército visigodo al mando de Alarico.
Fue una ciudad-estado famosa por sus hoplitas, los más entrenados y aguerridos soldados de la antigua Grecia, destacándose en batallas memorables como las de Termópilas y Platea, contra los persas. El historiador Jenofonte se refirió a ella: “…en todos lados admirada y en ninguno imitada”.
Patrimonio arqueológico

Un mercader llamado Bernard Randolph viajó al Peloponeso a fines del siglo XVII, sobre el cual publicó dos libros en 1689: fueron las primeras investigaciones sobre la región de Esparta. En el siglo XIX los ingleses se interesaron en la zona: William Gell y W. M. Leake. El primero brindó datos sobre la Acrópolis de la ciudad y el segundo sobre el teatro y su ubicación.
En 1828 Francia envió a la península un contingente de 14.000 hombres –muchos estudiosos y científicos entre ellos-: realizaron excavaciones, mapas, estadísticas, etc. Años después, los alemanes Ludwig Ross y Ernst Curtius serían los primeros en dedicarse exclusivamente a la arqueología en el lugar. El arqueólogo alemán Heinrich Schliemann ya había excavado en Troya, Micenas y Tirinto, y siguiendo la literatura de Homero en “La Ilíada” decidió compenetrarse con la ciudad de Helena y Menelao: trabajó allí en 1888.
Sin embargo, el estudio sistemático de Esparta se dio en las primeras décadas del siglo XX por arqueólogos británicos de gran prestigio, como Bosanquet, Dawkins, Rose, Dickins, Wace y Woodward. Estudiaron el santuario de Orthia Artemis, donde hallaron evidencias de mil años de actividad, el santuario de Atenea y el teatro. La Escuela Británica en Laconia continuó su trabajo en 1960 y 1970 para echar luz sobre las distintas épocas, y siguieron con el templo de Apolo en Amiclas y el de Zeus en Mesapo, al norte de la antigua ciudad. Aún queda mucho por descubrir –santuarios, edificios, viviendas, etc.-, pues los resultados en otros sitios como Atenas, Delfos u Olimpia ubican a Esparta en lugar secundario en la arqueología europea. La ciencia debe contrastar los relatos literarios que brindan testimonio valioso en ciertos aspectos, todavía sin corroborar.
Museo Arqueológico de Esparta

Fue diseñado para albergar las colecciones halladas en las excavaciones. Su construcción comenzó en 1874 y se terminó dos años más tarde. Los hallazgos sucesivos obligaron a rediseñarlo, modificarlo y agregar nuevos espacios.
El museo es pequeño --una superficie de exposición de apenas 500 m2-- y consta de siete salas, por lo que solo se muestra una pequeña parte de su colección. La Sala I exhibe columnas de la época romana, con inscripciones que dan cuenta de los ganadores de juegos en el santuario de Orthia Artemis. La Sala II presenta los hallazgos en dicho santuario: ofrendas de fieles en marfil, piedra, arcilla y plomo, y máscaras votivas de arcilla, imitaciones de las de madera utilizadas en ceremonias. Hay objetos obtenidos en el santuario de Atenea y ánforas funerarias.
La sala III ilustra la época romana de la ciudad, con esculturas, retratos, sarcófagos, mosaicos helenísticos y romanos. La sala IV exhibe objetos prehistóricos de Laconia, y ocupan lugar destacado los hallazgos de las tumbas micénicas de Pellana. La Sala V expone mosaicos que adornaban edificios espartanos, entre los que destaca la representación de Aquiles en Skyros -siglo IV- y la decapitación de Medusa -siglo III-.
En la Sala VI se ilustra la construcción del templo de Apolo en Amykles, con una columna piramidal bifurcada que representa parejas de figuras (Orestes-Clitemnestra y Menelao-Helena) en su centro, y a los lados relieves que representan hechos heroicos, deidades y ofrendas del santuario de Alexandra-Kassandra en Amykles. Finalmente, en la Sala VII se exponen esculturas de Laconia, en el centro la de Leónidas. Se ve la columna de Damonos, que menciona victorias en competencias, lápidas de guerreros con inscripciones, y la cabeza gigante de la diosa Hera.
El circuito museológico no sigue un orden cronológico y no está demarcado para que el visitante recorra el museo por su cuenta. La cartelería está en griego e inglés, combina iluminación artificial con natural que penetra por los ventanales, y el estado general del museo es correcto. Sin embargo, la institución no hace honor a la historia de Esparta; las autoridades proyectan la construcción de un nuevo edificio y la puesta en valor del sitio.
Sitio de la ciudad antigua

La nueva ciudad de Esparta está a 211 km al sudoeste de Atenas, al sur del Peloponeso. Fue construida cuando en 1834, tras la Guerra de Independencia de Grecia librada contra el Imperio Otomano que la ocupó durante cuatro siglos, el rey Otón I mandó a erigir una urbe en el mismo lugar donde estuvo la antigua. Hoy tiene unos 35.000 habitantes. Allí, un sitio a visitar es la supuesta tumba de Leónidas.
El sitio arqueológico de Esparta está apenas a un km y medio al norte de la ciudad nueva. A 600 m del ingreso, se encuentra un imponente monumento erigido en honor a Leónidas –el que enfrentó a los persas en las Termópilas-, con una leyenda en su base: ‘Ven y tómalas’, frase que según Plutarco habría dicho el jefe espartano cuando el monarca Jerjes lo conminó a que depusiera las armas.
El ingreso es libre y gratuito y, llamativamente, no está cercado por completo. Los vestigios que se observan distan mucho de otros existentes en Grecia; incluso decepcionan a primera vista, pues faltan demarcaciones, señaléticas, información, etc. No hay guías, ni plano que demarque los monumentos sobresalientes.
Se distingue a simple vista el teatro, del período imperial temprano, en la ladera sur de la acrópolis. Se sabe que debió ser reconstruido en el siglo I a.C., que presumiblemente albergaba a 16.000 espectadores, que el escenario era de mármol blanco y las paredes de caliza. Son visibles restos de la acrópolis que contenía los templos de Artemis y Atenea –sus columnas ya no están en pie-, y parte de una fortificación de la época romana, defensa ante el asedio de los pueblos bárbaros. Hay que destacar que en las sucesivas excavaciones se encontraron restos de artesanías, herramientas, mosaicos, etc.
El sitio arqueológico recuerda lo que dijera el historiador Tucídides: si Esparta quedase desierta y sólo permanecen sus ruinas, ‘en eras distantes no podrán creer que el poder de los espartanos era tan grande como su fama’.



















