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Mitología, literatura y patrimonio cultural

Micenas

La mítica ciudad del Peloponeso es Patrimonio de la Humanidad. Homero la inmortalizó en La Ilíada, pues su rey Agamenón fue quien comandó el ejército aqueo que combatió y conquistó Troya. 

Puerta de los leones

La mitología griega sostiene que la ciudad fue fundada por Perseo, hijo de Zeus y Dánae, hija de Akrisius, rey de Argos. Se dice que eligió el sitio porque allí cayó el hongo de su espada o, según otra versión, porque descubrió en ese preciso lugar un manantial con abundante agua –el de Persia-, bajo la raíz de un hongo. Para completar sus enormes murallas recibió la ayuda de los gigantes cíclopes.

Sus descendientes la gobernaron por tres generaciones, siendo el último de ellos Euristeo, asesinado sin dejar descendientes. Entonces arribaron a la ciudad los gemelos Atreo y Triestes, hijos de Pélope e Hipodamia, quienes fueron desterrados de Pisa por su padre por haber dado muerte a su hermano Crisipo, el favorito de sus progenitores. La esposa de Pélope finalmente se ahorcó, y él dominó todo el Peloponeso –isla de Pélope-.

Los hermanos se disputaron el trono de la ciudad. Atreo eligió un cordero para sacrificar en honor a Artemisa y se lo entregó a su esposa Aérope para su cuidado, quien se lo dio a su amante, que no era otro que el mismo hermano de su esposo, Triestes.

Restos de la muralla ciclópea

Éste convenció a Atreo de que aquel que hallara el cordero fuera designado rey de Micenas: mostró el animal y accedió el trono, pero prometió devolverlo si el sol se moviera hacia atrás en el cielo.

Zeus intercedió en favor de Atreo y llevó a cabo la hazaña. Éste, ya rey, se vengó de la traición matando a los hijos de su hermano, quien acudió al oráculo, que le dijo que a su hermano lo mataría un hijo nacido de él y su propia hija Pelopia.

Ésta, avergonzada del acto incestuoso, abandonó al niño –Egisto-, rescatado por un pastor que lo entregó al rey para su crianza. Ya mayor, el mismo Tiestes le reveló el secreto y Egisto mató a Atreo. Sus otros hijos, Agamenón y Menelao, gobernaron Micenas y Esparta respectivamente. 

La historia de Micenas 

La ciudad se erigió en una colina de unos 280 metros sobre el nivel del mar, entre dos montes más altos: Profitis Ilias -805 mts.- y Sarah -660 mts.-. Dominaba la llanura argólica –entrada a la península del Peloponeso- y controlaba las comunicaciones por tierra y mar. Se sabe que estuvo poblada desde el Neolítico, en el VII milenio antes de Cristo, que en el 1700 a.C. había familias aristocráticas, que el edificio central en la cima de la colina se construyó en el 1600 a.C., pero su apogeo se dio al final de la Edad de Bronce, entre  1350 y 1200 a.C. 

Fue en esta época cuando comenzaron las construcciones palaciegas, se amuralló la ciudad, se alzó la Puerta de los Leones y el llamado “Tesoro de Atreo”. Se sabe además que sus gobernantes eran poderosos y la urbe formaba parte de una compleja red de comercio en todo el Mediterráneo. Hacia el 1200 a.C. se produjo una gran destrucción –posiblemente provocada por un terremoto-, por lo que extendieron los muros para incluir dentro de las murallas la fuente subterránea de agua. Otras destrucciones posteriores y algunos incendios hicieron que el lugar fuera abandonado hacia el 1100 a.C.

Luego el recinto siguió escasamente habitado durante la época clásica porque se consideraba un lugar de culto, y en la cima se edificó un templo dedicado a Atenea. Finalmente fue conquistada por Argos y demolida en el 469 a.C. En el siglo II a.C., el historiador Pausanias testimonió que sólo quedaban ruinas.  

Homero y La Ilíada 

Este poema épico basa su historia en el sitio y guerra de Troya, entre aqueos y troyanos, con el objetivo de rescatar a Helena, esposa de Menelao -rey de Esparta-, raptada por el príncipe Paris. Se compone de 24 cantos que relatan el último año de un asedio que duró una década. Son 15.693 hexámetros, forma métrica propia de la literatura greco-latina. El narrador omnisciente describe los sucesos en tercera persona, y Homero utilizó una variante del idioma denominado “griego homérico”, lengua que no se asemeja a ningún otro dialecto.

Los temas más impactantes en la obra son el valor y la fuerza, y presenta al hombre como sujeto a la voluntad de los dioses. Se percibe la ira de los hombres, la intervención divina, los horrores de la guerra, el sufrimiento, la humanidad, el honor, el orgullo y la muerte.  

Agamenón, rey de Micenas y hermano de Menelao, es uno de los personajes más importantes y jefe del ejército que asedia Troya, y actúa por mandato de Zeus. También se destacan los aqueos Aquiles, Menelao, Helena, Odiseo –Ulises-; y los troyanos Héctor, Paris, Príamo –rey de Troya- y Eneas. Los dioses que intervienen en el conflicto son Zeus, Afrodita, Hefesto, Ares, Artemisa, Hermes, Eris, Atenea, Apolo y Hera.

Sobre Homero hay grandes misterios. Se cree que era oriundo de Asia Menor y que vivió en el siglo VIII a.C., pero ha quedado en la historia como el autor de dos obras que son la base de la cultura occidental y constituyen uno de los patrimonios culturales literarios más importantes. 

Tesoro de Atreo.Tumba de Agamenon

El sitio histórico de Micenas 

El arqueólogo alemán Einrich Schliemann fue el descubridor de los sitios históricos de Troya y Micenas. Su estímulo fue la literatura, pues su padre le regaló a la edad de 7 años -1829- un libro sobre historia ilustrada de la humanidad, que dedicaba un capítulo a la caída de Troya. Él se convenció de que la ciudad había existido y que debían encontrarse sus vestigios. Amasó una gran fortuna haciendo negocios, aprendió varios idiomas y se convirtió en arqueólogo. 
 
Conoció en la isla de Itaca al cónsul británico Frank Calvert, propietario de un territorio en la región de los Dardanelos –Turquía-, en cuyas tierras algunos estudiosos citaban la posibilidad de que hubiera estado emplazada Troya. Obtuvo permiso del gobierno turco para excavar en Hirsalik en 1870. Tres años más tarde logró desenterrar un tesoro de objetos de oro y plata, el “Tesoro de Príamo”, considerado el mejor hallazgo arqueológico del siglo XX. Se preserva en el Museo Pushkin de Moscú. 
 
Habiendo dado con la mítica ciudad de La Ilíada, Schliemann volvió a Grecia en 1876 a estudiar los restos que se suponían eran de Micenas: descubrieron tumbas reales con una veintena de cadáveres y muchos objetos. En una de ellas una máscara de oro a la que el arqueólogo llamó “La máscara de Agamenón” –luego se comprobaría que no provenía de la fecha de su reinado-.
 
El sitio está a 120 k, al suroeste de Atenas. Antes del ingreso a la ciudadela, el visitante se encuentra con el primer monumento digno de destacar: el “Tesoro de Atreo’”, supuesta tumba de Agamenón, construido entre 1350 y 1250 a.C. Es una cúpula de 14,6 m de diámetro y 13 m de altura.

La puerta tiene 7 metros. A unos 100 metros se ingresa al sitio y en la cartelería puede leerse –en griego e inglés-: ‘La ciudadela de Micenas es la más típica e impresionante creación de la arquitectura micénica. Sirvió como asentamiento de la administración del reino y de sus varias actividades, mientras los pobladores vivían afuera de las murallas en pequeños asentamientos. Las fuertes y sólidas murallas fueron construidas en tres fases (1350 a.c, 1250 a.c, y 1225 a.c). El área fortificada era casi de forma triangular y ocupaba una superficie de 30.000 m2’.
 
En el recorrido se encuentran la Puerta de los Leones, el granero, el círculo de tumbas A, el centro de culto, el palacio, los templos, la zona de artesanos, la casa de las columnas, la Puerta Norte, etc. El centro religioso se compone del Santuario de los Ídolos, el Edificio Mural, la Casa Tsounta y la Casa del Sumo Sacerdote.

El Círculo de tumbas B, construido hacia el 1650 a.C. se ubica a 100 m de la entrada principal posterior. En él se encontraron 26 restos humanos en 14 tumbas señalizadas con estelas, y se comprobó que en lugar se realizaban ofrendas de animales. Se destacan los cuerpos de guerreros enterrados con sus espadas de oro y marfil y lanzas, que testimonian el pasado guerrero de la ciudad. 
 
Quizás lo más llamativo y fotografiado por los turistas sea la Puerta de los Leones, levantada en 1250 a.C., entrada a la ciudadela amurallada. Posee 3 m de altura, contaba con dos hojas de madera y a su dintel los adornan dos leonas enfrentadas, que se cree fueron símbolo de la ciudad. 
 

Museo de Micenas. Máscara de Agamenon

El Museo Arqueológico 

Comenzó a construirse en 1985 y se completó en 1997. Su colección alberga lo encontrado en las excavaciones. En 2007 el Comité Micénico se reorganizó y asumió la tarea de “conservación, consolidación y promoción de los monumentos de la Acrópolis Micénica y sus alrededores”. Se creó para preservar el material extraído de las excavaciones a lo largo de todo un siglo, la ciudadela, su área inmediata, su entorno natural, y ‘para funcionar como un espacio expositivo, para informar a los visitantes, completando su recorrido’.
 
En el ingreso se observa una maqueta que ilustra el yacimiento y permite comprender en detalle cómo era la ciudad y cómo se distribuían los edificios. La exposición se reparte en cuatro salas: la primera ilustra sobre la vida de los micénicos; la segunda muestra sus costumbres funerarias; la tercera y cuarta albergan vasijas, utensilios ornamentales y de uso, esculturas, armas, etc. Se destaca sobre todo la máscara de oro que Schliemann llamó “Mascara de Agamenón”.
 
La ciudad de Micenas forma parte de la historia y del patrimonio cultural tangible de Grecia, y constituye un Patrimonio de la Humanidad declarado como tal por UNESCO. Homero la rescata en la literatura plasmada en La Ilíada, convierte lo tangible en intangible, y lega al mundo una obra que perdura y tiene vigencia a pesar de los siglos transcurridos. Eso es tan transcendente –igual que con Troya-, como haber penetrado la cabeza y el alma de un niño de 7 años al que dio la confianza suficiente para dedicar empeño y fortuna en rescatar estos sitios para la humanidad.
 

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