Museo Histórico Sarmiento
Fue uno de los más trascendentes presidentes argentinos. El Museo Histórico ubicado en el barrio de Belgrano de la ciudad de Buenos Aires es uno de los sitios donde se le rinde justo homenaje.

Nació en la ciudad de San Juan el 15 de febrero de 1811, en el matrimonio de José Clemente Sarmiento y Paula Albarracín. Comenzó estudios en la Escuela de la Patria, pero los abandonó para sumarse al ejército y combatir contra las tropas de Facundo Quiroga. En 1828 fue nombrado subteniente del Batallón de Infantería de San Juan, y en 1829, con grado de teniente, se sumó a las fuerzas unitarias del coronel Vega y participó en dos combates contra las federales de Aldao. En 1830 se incorporó al Escuadrón de Dragones con el grado de ayudante mayor.
Destinado al escuadrón de Caballería Provincial, colaboró con el coronel Indalecio Chenaut, formando un regimiento de 600 hombres por órdenes del general José María Paz. El triunfo de Quiroga en 1831 lo obligó a emigrar a Chile con su padre, y allí fue maestro de escuela en Los Andes, bodeguero, dependiente de tienda, y estudió idiomas e historia. Fundó la primera escuela de preceptores -1842- de América del Sur y fue miembro de la Facultad de Filosofía y Humanidades.

Tras el “Pronunciamiento de Urquiza” contra Rosas, se incorporó a su ejército con el grado de teniente coronel y fue nombrado redactor del Boletín de la Campaña de 1852. Al no congeniar luego con la política urquizista, pidió su retiro y volvió a Chile. Regresó en 1853 a Buenos Aires –separada de la Confederación -, y se le concedió el grado de teniente coronel. Fue concejal fundador de la municipalidad porteña, director de escuelas (1856-1862) y senador en la legislatura de Buenos Aires en 1857, 1860 y 1861. Además lo eligieron convencional para la reforma de la Constitución de 1853 y ministro de Gobierno bajo el mandato de Mitre.
Tras la victoria de Buenos Aires en Pavón -1861- se lo nombró -1863- comandante de las fuerzas de San Juan, Mendoza y San Luis con grado de coronel. En San Juan fue elegido gobernador, pero inmediatamente se lo designó ministro plenipotenciario de la Argentina ante los gobiernos de Chile, Perú y EEUU.
Presidente Sarmiento
Fue elegido presidente el 29 de agosto de 1868. Su labor en la primera magistratura fue ardua y de avanzada para el futuro del país. Creó nuevas escuelas, 800 en todo el país, elevando la escolaridad de 30.000 a 110.000 alumnos. Además, importó de Europa gabinetes de ciencias y colecciones de historia natural; creó escuelas normales para capacitar maestros; fundó el Colegio Militar, la Escuela Naval, la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas y escuelas de arboricultura y agronomía en San Juan, Mendoza, Tucumán y Salta; estableció la enseñanza para ciegos y sordomudos y realizó el primer censo escolar.

Creó el Museo de Historia Natural, el Jardín Zoológico y el Jardín Botánico de Buenos Aires; fundó la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares –CoNaBiP-; organizó el primer censo nacional -1869- (en el país había 1.836.490 habitantes con 8% de inmigrantes europeos y 70% de población rural; el 71% de los argentinos eran analfabetos); creó la Oficina Meteorológica Nacional, dio impulso a la inmigración con la fundación de numerosas colonias, aprobó el Código Civil creado por Vélez Sarsfield, y culminó la guerra contra el Paraguay en 1870, iniciada durante el gobierno de Mitre.
El escritor y periodista
Fundó el periódico El Zonda en San Juan en 1836, desde el cual fue muy crítico del gobernador Benavídez, quién determinó su destierro en Chile. En el país trasandino publicó textos escolares y notas en los periódicos El Progreso, Heraldo Argentino y El Mercurio. También escribió los libros “Mi defensa”, “Vida de Aldao”, y una de las obras más importantes de la literatura hispanoamericana del siglo XIX: “Facundo, o Civilización y Barbarie”.
Entre 1845 y 1848 viajó a Europa y África, publicando a su regreso “Viajes y Educación Popular”, al que seguirían “Argirópolis” y “Recuerdos de Provincia” (1850). Luego “Campaña del Ejército Grande” (1852), “Memoria sobre educación común” (1856), “El Chacho” (1865), “Las escuelas, bases de la prosperidad” (1866), “La infancia y educación de Abraham Lincoln” (1873), “Conflictos y armonías de razas en América” (1884), y “Vida de Dominguito” (1886). Su nieto, Augusto Belín Sarmiento, editó sus obras completas entre 1884 y 1903 en 53 tomos.
El reconocido escritor Miguel de Unamuno diría de él en su libro “Americanidad”: “Sarmiento se me presenta como el escritor en lengua castellana más hondamente castizo que hemos tenido en el siglo pasado, y conservó ese casticismo gracias a no haberse enfrascado en la enojosa lectura de nuestros clásicos de los siglos XVI y XVII. Por no haber pretendido nunca imitarla ni escribir como ellos, escribió de la manera más briosa y genuinamente española”.

Por su parte, Pedro Enríquez Ureña expresó: “…tenía el ímpetu romántico pleno, la energía de la imaginación y el apasionado torrente de palabras, junto con viva percepción de los hechos y rápido fluir de pensamiento. Pero con todos esos dones no se resignaba a quedarse en mero escritor; sólo pensaba en servir a su patria argentina, a Chile, a toda la América española.”
Después de la Presidencia
La vida pública de Sarmiento no terminó con su presidencia. Entre 1875 y 1879 ocupó una banca en el Senado representando a San Juan. Fue ascendido a coronel mayor en 1877, y en 1879 nombrado Ministro de Relaciones Exteriores y Ministro del Interior por breve período. Dirigió la instrucción primaria en la provincia de Buenos Aires, y Roca lo nombró Superintendente de Escuelas.
Su salud se fue deteriorando: se estaba quedando sordo y poseía insuficiencia cardiovascular y pulmonar, por lo que se alejó de Buenos Aires rumbo a Asunción del Paraguay con su hija Faustina en 1888. Falleció el 11 de septiembre de ese año. Su cuerpo fue embalsamado y trasladado a Buenos Aires, sepultado diez días más tarde en la Recoleta. En su despedida, el vicepresidente Carlos Pellegrini sostuvo: “Fue el cerebro más poderoso que haya producido América”.
Museo Histórico Sarmiento
A partir de la sanción de la Ley 8109 de 1910 que permitió la expropiación de la casa natal de Sarmiento en San Juan para convertirla en museo, comenzó a conformarse una colección con objetos personales y documentos que se atesoraron en un primer momento en el Museo Histórico Nacional. Pero recién en 1929, Antonio Dellepiane, director del museo, destinó un espacio de exposición que denominó “reliquias sarmientinas”.

Al cumplirse el cincuentenario de su fallecimiento, el presidente Ortiz dictó un decreto que ordenaba la instalación de una institución museológica dedicada al prócer, encargando la tarea a la Comisión Nacional de Museos y Monumentos Históricos y Comisión Nacional de Homenaje a Sarmiento, presidida por el Dr. Ricardo Levene. Se dispusieron cien mil pesos moneda nacional para adquirir nuevas colecciones, y se inauguró la institución el 11 de septiembre de 1938, con siete salas de exposición: Vida Pública de Sarmiento, Sarmiento íntimo, Sarmiento y los caudillos, Dormitorio de Sarmiento, Sección Juan B. Alberdi, Sala Presidente Avellaneda, y Sección Congreso de Belgrano.
El edificio y las exposiciones
El edificio del museo fue construido por el reconocido arquitecto Juan Buschiazzo para ser la sede de la Municipalidad de Belgrano hasta 1880, cuando se dictó la Ley de Federalización y se llevó a cabo allí el llamado “Congreso de Belgrano”, donde se debatió la norma mencionada. En esas sesiones, Sarmiento, como expresidente, ejerció en cuatro oportunidades la facultad de veto cuando se proponía para el país otra ciudad capital que no fuera Buenos Aires.
Luego el pueblo de Belgrano pasó a ser parte de la jurisdicción de Buenos Aires, desde entonces capital de la República Argentina. Y hasta que fue sede del museo, funcionaron allí oficinas públicas. Es de estilo neorrenacentista –italianizante, y del original fue modificada la torre campanario, donde se montó el reloj adquirido por el gobierno nacional como homenaje al congreso citado, y se emplazó una escultura que representa a la república en la cúspide del pórtico de uno de sus accesos. Está en la esquina de Cuba y Juramento, al Norte y a unos 13 km del centro de la ciudad. Lo antecede un cuidado jardín, y se accede a un hall amplio de recepción, también sala de exposiciones temporarias.
La visita –cuyo sentido de circulación se marca en el piso-, se inicia en una sala que expone la historia del museo, la “Cuestión Capital” y los vetos de Sarmiento. En la siguiente estancia se ilustra sobre su vida, exponiendo pinturas de sus padres, cartelería explicativa sobre distintas etapas de su vida y se exhiben objetos personales, como su bastón de mando, un uniforme militar de gala y el sillón para enfermos -obsequiado por su amigo Ambrosio Olmos- con atril articulado, tintero, portalapicera y portalámpara, mobiliario que usó en sus últimos días y con el que fue fotografiado estando muerto.
En el tercer espacio se ilustra sobre su obra como presidente, desde los cambios territoriales hasta su inmenso trabajo por la educación y su labor como escritor. Como objetos a destacar, y expuestos en un rincón penumbroso pero sobreelevado, encontramos una biblioteca, el escritorio -1870-, un sillón, escultura y reloj. Continúa la sala dedicada a Nicolás Avellaneda, donde se resalta la capitalización de Buenos Aires y se expone la biblioteca del presidente, su escritorio de madera con incrustaciones de marfil, la escribanía con un busto de Belgrano, un sillón de su despacho, y un piano fabricado a su pedido en París y que conservaba en su casa.
Desandando el camino se vuelve al hall de ingreso. En el trayecto hay un espacio destinado a salón auditorio, donde se observa una exposición sobre Sarmiento y su pertenencia a la Masonería. La institución cuenta con una importante biblioteca temática, un valioso archivo histórico, y un área de gestión cultural.
Las exposiciones son austeras y decoradas con buen gusto, la iluminación cenital es correcta en gran parte del recorrido, y la lectura de la cartelería no agobia. El museo, uno de los 26 nacionales, rinde justo y merecido homenaje a uno de nuestros grandes próceres, figura emblemática y controvertida de nuestra historia.












