El león enamorado
Un león se había enamorado de la hija de un labrador y la pidió en matrimonio. El labrador temeroso del león enamorado por ser un feroz animal, no podía oponerse a la oferta del matrimonio por el temor que el león le inspiraba, pero tampoco le agradaba entregar a su hija en matrimonio a un animal por muy poderoso que fuera.
Entonces ideó el siguiente ardid: como el león enamorado no dejaba de insistirle, le dijo que le parecía digno, como rey león que era para ser esposo de su hija. Pero para dar su bendición al matrimonio de su tesoro y el león al menos debería cumplir con las siguientes condiciones:
Debía de arrancarse los dientes y además cortarse sus afiladas uñas, porque eso era lo que atemorizaba a su hija y le preocupaba al granjero.
El león aceptó los sacrificios porque en verdad la amaba. Una vez que el león llevo a cabo lo solicitado, cuando volvió a presentarse ya sin sus temidos poderes, el labrador, lleno de desprecio por él, lo despidió sin piedad a golpes, cuenta la fábula de Esopo.

AMOR Y CRISIS
La fábula podría ser tomada como una alegoría de lo que hoy sucede. La sociedad y sus estratos, como el sector productivo primario, siente en el pecho la emoción del “ser argentino”.
Ama la patria, la bandera, el trabajo fecundo de sol a sol. Ama la lluvia y espera que el sol le traiga aliento para levantar sus cosechas. Siempre ha sido así. Y tiene todo el derecho de prosperar e invertir en maquinarias y también por qué no, en vehículos para poder salir en tiempos de lluvia.
Pero hay un sistemático hostigamiento que sufre el campo. Y calla, y sigue trabajando. Y lo que es peor, va perdiendo conquistas porque el productor no tiene tiempo para analizar leyes ni decretos, solo tiene que poner el hombro por su país, por la famosa “mesa de los argentinos”.
El productor se enamora de su patria. Y dará todo ella. Pero no debe dejar que los “encantos” engañosos (tal como los cantos de sirena de la fábula) le quiten el poder que los caracteriza: el esfuerzo y el trabajo, para que no le ocurra como al león de Esopo.
Hay muchos emprendedores y algunos productores que tienen listas las valijas para irse del país. Algunos de muy cerca de Sáenz Peña, que emplean a unas 120 personas en forma directa e indirecta pero que apuntan radicarse en Paraguay, cansados de las permanentes trabas
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