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Preparativos en una secundaria de Resistencia

Los problemas del regreso a las clases presenciales

Falta de infraestructura y de mantenimiento, más trabajo por menos salario para el personal escolar y clases bimodales para alumnos de un mismo curso, son algunas de dificultades que se enfrenta en el nivel secundario.  

Mientras sesionaba el Consejo Federal de Ministros de Educación el viernes en Buenos Aires, NORTE recorría una de las escuelas de Resistencia que en menos de un mes reanudará sus actividades presenciales.  

En la provincia las autoridades educativas adelantaron que en marzo las clases presenciales se cumplirán según la situación epidemiológica de cada ciudad, pero aún faltan detalles sobre quiénes concurrirán y quiénes se quedarán en casa.

“Si hablamos con los padres, un sector quiere volver y otro dice que si no se les garantizan las condiciones sanitarias no mandarán a sus hijos y prefieren seguir en el modo virtual. Es un 50% y 50%”, afirma la directora de la secundaria 68, Miriam Gómez. Desde su perspectiva es importante trabajar la presencialidad en los chicos que más lo necesitan.

“Al cabo de cinco años de acompañamiento de la escuela y de la familia en habilidades y valores un chico termina el secundario y amplía sus posibilidades de seguir estudios superiores. Tenemos alumnos de hogares muy carenciados con una mamá sola, imagínense lo importante que es la escuela pública para ellos y para consigan algo mejor para su vida”, describió.  

En la escuela que conduce se analiza volver a lo presencial para algunos casos mientras otros continúan usando una plataforma propia, diseñada por profesoras y que ‘funcionó muy bien’. Para las mesas de exámenes de febrero y marzo se contemplará la experiencia de 2020: tanto de las mesas de diciembre en espacios al aire libre del edificio, como la del uso de medios electrónicos y videollamadas por celular. La bimodalidad permitió que se reciba una mayoría de estudiantes que debía una o dos materias.

La contracara del sistema doble es la disponibilidad de recursos. “Va a ser un año más tenso que en 2020 porque si docentes y directivos tendremos que movernos del teletrabajo a la escuela para coordinar mesas de examen, controlar grupos, garantizar que las cosas funcionen, entre otras actividades, vamos a tener el doble de trabajo. ¿En qué momento vamos a parar? Eso asusta”, plantea. 

Miriam Gómez, directora de la EES 68.

Aunque Gómez destaca el compromiso de los profesores, el trabajo fue realmente agotador. Un caso que permite entenderlo es en el tiempo que se quitó a la vida familiar: “En mi casa tengo una sola netbook que compartí con mis dos hijos, que son estudiantes, así que tuvimos que coordinar horarios. Pero desde el Ministerio de Educación se hizo abuso de poder con tantas reuniones virtuales; hubo momentos en los que tuvimos tres en un día, con mucha documentación para leer y capacitación. Hubo momentos en los que me sentí superada para coordinar y elaborar propuestas que ni siquiera sé si las leen, nos quitaron tiempo valioso. Este año pido que cuiden nuestra salud”.  

Un techo para el playón deportivo 

En lo edilicio el pedido prioritario es el techado del playón de deportes. Las gestiones para tenerlo comenzaron en 2008: “Se pidió un tinglado porque en días que el sol da muy fuerte para hacer deportes y cuando hace frío por el viento o la llovizna tampoco se puede”, explica personal del establecimiento.

La escuela además tiene una orientación en artes y con frecuencia se necesita un espacio para exposiciones de trabajos.

“Hace tiempo que nuestro pedido es de público conocimiento, hasta hicimos carta de lectores pero no hubo respuestas. Necesitamos un cerramiento y que Infraestructura determine dónde es el mejor lugar”, puntualiza la directora.  

Transición y crecimiento  

En 2010 la institución se reconvirtió; dejó de ser un polimodal para absorber los dos primeros años del secundario (entonces octavo y noveno de la EGB).  

Parte del diseño del establecimiento encuentra sentido si se sabe que originalmente era una continuación de la primaria 168, hoy separada por una reja. De 270 alumnos el colegio pasó a los 600 actuales, incluso hubo un año que la matrícula llegó a 650. Una característica del edificio es que fue quedando chico y para que quepan todos los cursos. Desde 2005 existe un proyecto de ampliarlo que no avanzó. Mientras tanto las clases de primero a quinto se reparten en dos turnos. Dos cursos de la tarde pasaron a la mañana para facilitar actividades extraescolares y la práctica de deportes de sus estudiantes.

Uno de los cuatro porteros del establecimiento.

En la recorrida que NORTE realizó por el establecimiento de avenida Piacentini 1001 se observó que la mochila de los sanitarios de alumnas estaban fuera de funcionamiento.  Como tampoco hay dependencias (administrativas y de portería), donde deberían funcionar un laboratorio, una preceptoría y la dirección se utilizan para aulas de clase; y en una de ellas la cocina se fue armando de a poco con recursos propios.  

Compromiso de los docentes  

Con días que comenzaban a las 8 y terminaban a las 23, la directora Gómez resume el estrés de 2020. Hay docentes que no quieren volver en estas condiciones. “Acá nos conocen porque pese a la precariedad de nuestra escuela hay compromiso y un equipo eficiente, pero el problema que tenemos son los sueldos magros”, enfatiza.

Para ejemplificarlo menciona que además de la escuela atiende dos anexos, y a sus 26 años de antigüedad (el 120%) más título universitario cobra un sueldo neto de $60 000. Un profesor que recién empieza no llega a los $25 000 y un maestro de grado a los $18 000.

Con ese ingreso deben cubrir gastos de transporte para ir de una escuela a otra y con una vianda: “porque no tenemos refrigerio ni cobramos riesgo óptico ni otro item que nos mejore el sueldo como sí hay en otras áreas del Estado; ésta es una realidad que mucha gente no cree”, sostiene.

Aporte voluntario  

La directora de la EES asegura que la comunidad educativa está muy presente con los chicos y sus familias. “Toda esta pintura y limpieza que se ve es gracias al acompañamiento de los padres”, describe.

El año pasado se pidió un aporte voluntario de $700 (este año se redujo a $500) y con ese dinero se tomaron  previsiones para comprar artículos de limpieza y en plena pandemia para fotocopias, registros y el acto académico que se realizó el 17 de diciembre con entrega de menciones y certificados.