Para ver esta nota en internet ingrese a: https://www.diarionorte.com/a/206744

Cartas de lectores

Amado hormigón armado sin hierro que los arme

Señor director de NORTE:
El colapso del edificio ocurrido días pasados en Miami es insólito por varios motivos, pero el principal es porque ocurrió (y todos creemos que podrán seguir ocurriendo muchos más) en los EE.UU., donde la tecnología, los controles y la “excelencia” en la formación de profesionales siempre se presentó como un sello de garantía. 
Lo de “en todos lados se cuecen habas” resulta aplicable, de nuevo, con el agravante de que hay cientos de familias que están involucradas involuntariamente y miles que están temiendo lo peor. 
En Resistencia pasan cosas insólitas y tragedias similares, pero “en miniatura”, porque hasta noticias como esta (trágica por cierto) se minimizan o son parte de la “normalidad”.
Tal es el estado de resignación que los ciudadanos por lo general tienen, y el “bajar de brazos” de funcionarios y gobernantes que desde hace años no atinan a hacer nada de lo que exigen protocolos y códigos.
 Es más, alientan las construcciones en altura y hasta pretenden modificar la ocupación del suelo, sabiendo que literalmente estamos flotando sobre napas ubicadas a medio metro o poco más de nuestros pisos y pavimentos, que provoca rajaduras, inestabilidad y derrumbes (aunque menos espectaculares). 
Esto ha provocado esa anomia y afasia ambiental de las que hablo siempre, y causa el olvido de que el río Negro (y por ende las napas por las que se infiltra y mucho más las zonas inundables que algunas empresas inmobiliarias con vocación de piratas del paisaje quieren rellenar para hacer más barrios y/o edificios en altura) son salobres (con esa agua se hacen millones de ladrillos por años, sea dicho de paso).  
Se conoce que antes de los pozos negros y los residuos de todo tipo que arrojan a ese curso de agua, nuestros antepasados se bañaban en el río Negro buscando las supuestas propiedades terapéuticas que tenían sus aguas.
Había sido que en EE.UU. pasó antes que autorizaran a utilizar la arena de las codiciadas playas de Miami que están siendo bañadas desde hace siglos por las aguas del mar —salobres, por supuesto— siendo que en las colonias y pueblitos de todo el mundo cualquiera sabe que no se puede usar arena ni agua salobre para construir. 
 Aún así, todos descubrimos en Resistencia algún sector de nuestras viviendas con revoques reventados o alteraciones en los techos de cincuenta o más años atrás, con hierros del techo oxidados, donde el revoque cae por más que se lo trate de restaurar. Nuestros ingenieros y arquitectos hablan siempre de mezcla con agua salada.
La pregunta es cómo aguantarán todos esos enormes edificios los movimientos naturales del suelo, la acción de las mareas, y ese hecho irreversible ya, de tener al tan amado hormigón armado sin hierro que los arme. 
¿Cómo serán en los EE.UU. las sanciones y las soluciones que se propondrán? Obviamente, ya se sabe que empezarán los estudios de inmediato y que todos esos edificios —que caerán más o menos puntualmente según cuándo fueron construidos y con qué tipo de arena y preparación del suelo— serán evacuados. Y sus habitantes, de a miles, deberán emigrar. Menudo trabajo les espera a todos. Que nos sirva de lección también a los argentinos (los de acá) y que la provincia y las municipales empiecen a planificar en serio qué tipo de ciudad queremos (y podemos)

JORGE CASTILLO MIRÓ
Resistencia

......................................................................................................................................................

Enseñanza y aprendizaje virtual  

Señor director de NORTE:
La enseñanza virtual mereció un tratamiento legislativo en el que cada uno tuvo una óptica personal. La idea de que se pudiera perder la oportunidad de la enseñanza presencial tomó fuerza. 
¿A qué se le teme? Al contacto con el docente, al tiempo de tener respuestas a las dudas, a los vínculos. En los países desarrollados esta modalidad hace años que está en vigencia.  
Hay un punto que es relevante, para que esta modalidad dé sus frutos, primero hay que instalar la disciplina, los horarios fijos, y crear hábitos.  
El docente tendrá que desarrollar la memoria visual y reconocerlos por sus nombres, lo que dará vida en la pantalla a la hora del encuentro.  
Las clases no solo tienen que ser juegos o historietas, sino crear diálogos entre los participantes, alumnos y docentes.  
Puede ocurrir que el tímido no quiera hablar, pero sí se anime a escribir, quien conduce se dará cuenta de las características. Y dará oportunidades.
Hay un tiempo para aceptar los cambios y tener confianza.  
Crear tipos de evaluaciones, de cómo se sienten y ajustar las estrategias. La voz y la mirada del docente tienen su magia, seducción o rechazo.  
La buena voluntad de responder a las preguntas, indicando las horas para ello, les dará seguridad a los que estudian.  
Pero tendrá que surgir otro elemento: el del aliento, el estímulo, el premio.  
Así como aparecen los fans, crear una especie de cuadro de honor por materia. Y si se alterna lo virtual con lo presencial, esta dinámica de encuentros y libertades de expresión dará su resultado. 
Se desarrollarán otras fortalezas, la atención, la constancia, la organización y un diálogo particular con su profe.  
Y escucharemos: “Estoy en zoom…estoy en clase”.
  
MÓNICA PERSOGLIA
Resistencia