El camino de salida de la pandemia
Un puñado de países industrializados, cuyos habitantes representan solo 13 por ciento de la población mundial, ya reservaron más de la mitad de todas las vacunas contra Covid-19 que se producirán en este año.
Esto quiere decir que el resto de las naciones deberán esperar más tiempo para poder avanzar con sus campañas de vacunación masiva y, por lo tanto, será más largo el camino de salida de la pandemia.
Pese a que la comunidad científica advirtió que el virus no respeta las fronteras y que, por lo tanto, la pandemia no terminará hasta que no se haya erradicado en todo el mundo, las naciones más ricas optaron por dejar de lado el espíritu de cooperación que exige la actual emergencia global y encerrarse en la política del “sálvese quien pueda”.
El caso de Canadá es paradigmático: ya compró las suficientes dosis como para vacunar nueve veces a cada uno de sus habitantes. Estados Unidos siguió el ejemplo, y reservó siete dosis por habitante. Los países de la Unión Europea tampoco se quedaron cortos y, como bloque regional, se aseguraron la compra de cinco dosis por habitante.
A este singular fenómeno algunos analistas de la política internacional lo denominaron “nacionalismo de las vacunas”. La Organización de las Naciones Unidas se apropió del término y advirtió que esa política del sálvese quien pueda es algo así como pegarse un tiro en el pie.
Y no se equivoca, cualquiera con un poco de conocimiento se da cuenta que en un mundo globalizado, hiperconectado y con fronteras porosas (al virus le demandó muy poco tiempo llegar a todos los rincones del mundo) no se le ganará la batalla con nacionalismos, sino con una inteligente cooperación internacional.
Es por eso que la ONU sigue advirtiendo que el nacionalismo de las vacunas, que hace que algunos países compren más dosis de las que realmente necesitan, es contraproducente y demorará la recuperación mundial. El secretario General de la ONU, Antonio Guterres, dijo que las vacunas están llegando rápidamente a los países de altos ingresos, mientras que los más pobres del mundo no tienen ninguna.
Según las estimaciones de expertos, si esta situación no cambia, las naciones más pobres podrían comenzar a vacunar a su población recién en 2023 y, en el peor de los casos, en 2024. “El impacto mortal de la pandemia se ha visto agravado por la ausencia de un esfuerzo global coordinado. El mundo tiene que ser mucho más solidario. Ahora es el momento”, insistió Guterres en un mensaje difundido hace pocos días.
Entre los líderes de los países ricos, la única que recogió el guante fue Angela Merkel, de Alemania. “Para contener la pandemia, la vacunación debe ser posible y accesible para todos los países”, reconoció la canciller.
Una muestra más de lo erróneo de la postura de los países industrializados y su falta de cooperación es la advertencia que hacen científicos de todo el mundo respecto a la necesidad de una estrategia global para poner fin lo más rápido posible a la pandemia y evitar que surjan nuevas cepas mutantes de rápida propagación detectadas en varios países.
Una solución posible a estos problemas es la que presentaron India y Sudáfrica en octubre del año pasado ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) una exención de propiedad intelectual para todos los países hasta que se alcance la inmunidad de grupo a nivel mundial.
Pero la fuerte presión de las corporaciones farmacéuticas sobre los gobiernos de algunos países hizo fracasar esa idea de liberar las patentes mientras dure la pandemia. El representante del gobierno canadiense ante la OMC fue uno de los más férreos opositores a esa iniciativa, junto con sus pares de Japón, Reino Unido y Estados Unidos.
El rechazo de las naciones más ricas a la propuesta para que las vacunas sean consideradas un bien público mundial, como propone la Organización de las Naciones Unidas, es un botón de muestra de los intereses que pesan en los foros internacionales y el criterio, alejado de todo espíritu cooperativo, que aplican las naciones más ricas y poderosas aún en los momentos más difíciles para el planeta.
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