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“Propiedad intelectual” y salud global

Los países ricos, que representan sólo 14% de la población mundial, ya compraron hasta 53% de las vacunas hasta la fecha. Este acaparamiento, que en algunos casos les sobraría para vacunar varias veces a cada ciudadano, contrasta con los llamados “países pobres”, que solo podrían vacunar a uno de cada diez habitantes el año que viene, si todo va bien.

Rubén Tonzar
Por: Rubén Tonzar
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Vacunas antiCovid.

La propuesta de Sudáfrica e India para que se exima a los países miembros de someterse a algunas patentes, secretos comerciales o monopolios farmacéuticos en esta circunstancia, sufrió la deserción de Brasil, mostrando una vez más que la ilusión de los BRICS fue un sueño que hace mucho terminó (el bloque Brasil, Rusia, China, India y Sudáfrica, que supuestamente iba a enfrentar a los países del “primer mundo”).

India y Sudáfrica se basaron en un artículo de los estatutos de la OMC que garantizan, en situaciones excepcionales, descartar ciertas disposiciones de propiedad intelectual y patentes, cuando aparecen como un obstáculo para el desarrollo de una respuesta rápida y concreta contra una enfermedad o situación catastrófica.

Si la OMC hubiese habilitado, sus 164 países miembro hubiesen estado en mejores condiciones para producir en forma genérica cualquiera de las vacunas aprobadas.

Pero el proyecto fue violentamente rechazado el 9 de diciembre por EEUU, la Unión Europea, Gran Bretaña, Suiza, Japón, Canadá, Australia… y Brasil en Consejo ADPIC (la comisión de patentes y propiedad intelectual) de la OMC. Y este 17 de diciembre, en el consejo general de la OMC, volvieron a imponerse las maniobras de EEUU, la UE y Gran Bretaña. EEUU argumentó que “facilitar incentivos para la innovación y la competencia” era la mejor manera de garantizar la “entrega rápida” de cualquier vacuna y tratamiento.

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Una investigación de la BBC mostró que en el Reino Unido la financiación de las vacunas corrió en su mayor parte por cuenta del Estado; los partidarios de liberar patentes dicen que es igual en todo el mundo.

La Unión Europea aseguró que “no hay indicios de que los problemas de derechos de propiedad intelectual hayan sido una barrera genuina en relación con los medicamentos y tecnologías para Covid-19”. Los británicos caracterizaron la propuesta de exención como “una medida extrema para abordar un problema no probado”.

La postura, aunque insolidaria y egoísta, podría considerarse razonable desde el punto de vista de quien ha invertido miles de millones e intenta recuperar su inversión. Pero los registros públicos conocidos muestran que Moderna recibió unos u$s 2,5 mil millones del gobierno estadounidense como “incentivo a la investigación” y como pago anticipado de vacunas.

La propia empresa reconoció que los u$s 1.000 millones recibidos para investigación cubrieron todos los costos. Por su lado, Pfizer cobró un subsidio de u$s 455 millones del gobierno alemán para el desarrollar de la vacuna, y más de u$s 5 mil millones como anticipos de compra desde EEUU y la UE. AstraZeneca, en tanto, recibió fondos públicos para el desarrollo y más de u$s 2 mil millones desde EEUU y la UE para investigación y compra anticipada.

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“Nadie se salva solo. No servirá que un país rico vacune a toda su población, mientras la mayoría de los pobres no puedan vacunar a la mayoría de su gente”, dicen Médicos Sin Fronteras.

También firmó acuerdo por u$s 750 millones para entregar a la Coalición para las Innovaciones en la Preparación ante Epidemias (Covax) y a Gavi, la Alianza de Vacunas, 300 millones de dosis. La iniciativa de Sudáfrica e India fue rechazada instantáneamente porque en la OMC no hay decisiones votadas, sino que las resoluciones deben tomarse “por consenso”.

Si solo uno de los consejeros se opone, la resolución no sale. Y si se oponen todos los pesos pesado para defender los intereses de las empresas con sede en sus países, ni hablar. Adicionalmente, reiteremos la deserción de Brasil, que en los ¨90 había luchado para que se difundieran los retrovirales para el VIH/SIDA pero esta vez se pasó del lado de los propietarios. Y, lógicamente, el mutis de la Argentina, que pendiente de un (nuevo, enésimo) acuerdo con el FMI, está imposibilitada de cualquier iniciativa política internacional.

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Médicos Sin Fronteras desarrollan, junto a otras organizaciones, una campaña global para que los laboratorios renuncien a la propiedad intelectual mientras dure la pandemia.

Por último, pero no menos impotentes, señalemos a los organismos internacionales: la Organización Panamericana de la Salud (OPS), filial continental de la OMS, advirtió que las expectativas para la región latinoamericana, en el mejor de los casos, es vacunar al 20% de la población para fines de 2021.

Las patentes y la propiedad intelectual son monumentos a la propiedad privada, que se apodera por esos medios de esfuerzos sociales realizados a lo largo de generaciones, como lo son las investigaciones científicas y tecnológicas.

Así, no solo se reproducen las estructuras económicas y sociales que perpetúan y profundizan la pobreza. Peor aún, luego impiden elegir la mejor opción (o alguna opción) para combatir las plagas generadas por la depredación ambiental que esas mismas estructuras económicas generaron.