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El costo de pagar los alimentos más caros del país

La pobreza tiene aristas terribles, pero la del hambre es la más dolorosa que puede afrontar un ser humano especialmente en momentos de grave crisis, como la social y económica que atravesamos por una pandemia destructiva. 

Orlando Núñez
Por: Orlando Núñez
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Así terminamos un año para el olvido especialmente en la región y nuestra provincia, con datos sociales muy delicados que se acentúan cada vez más producto de los niveles de pobreza, desocupación y una caída pronunciada de los salarios chaqueños.

En este escenario aparece como actor principal el incontenible crecimiento del costo de los alimentos, con foco en el Nordeste que en esto lidera el ranking a nivel nacional. Así terminamos 2020 y encaminamos al 2021 hacia un sendero que no parece ser el mejor.

Es que el Banco Central de la República Argentina hizo una estimación anticipada de inflación de alrededor del 4 por ciento a nivel nacional para el primer mes del año en el que el Gobierno aspira contenerla en un 29 por ciento. Por eso una de las principales causas a controlar para bien de los 45.808.000 argentinos estimados, entre ellos las sufridas familias chaqueñas, es el incesante aumento de los alimentos que crecen sin ningún techo.

Esta compleja situación por una larga cadena se debate en la falsa disyuntiva que plantean los formadores de costos: precios o desabastecimiento. Los supermercadistas argentinos al igual que sus pares de mercados, autoservicios y almaceneros en realidad también comparten este objetivo de frenar el incremento constante de los productos. Obvio, quieren parar la caída del consumo y de las ventas.

Un largo camino que alimenta los costos

En la semana el vicepresidente de la Cámara de Supermercados, Almacenes y Afines del Chaco Miguel Simons, aportó algunos datos que echan luz sobre la particularidad chaqueña y sus precios en góndola.

Simons plantea que la complejidad se da en los eslabones de una cadena interminable que se cuelgan de un producto alimenticio que se vende en el Chaco. Todo pasa por el productor y la Industria (los principales formadores), por los transportistas, los impuestos federales, hasta tributos municipales para poder introducir la mercadería y finalmente los supermercados.

Pero el que termina padeciendo el precio final es el consumidor que se hace cargo de todo para poder llevar el alimento a su casa. Otro detalle no menor que reconoció el experimentado y conocedor supermercadista es que la situación de abusos puede darse en cualquier tramo de la construcción del valor del producto. Y acá se termina el relevamiento de pruebas.

¿Es raro que aumente lo que más se consume?

En las dos primeras semanas de enero hubo incrementos en los alimentos con más demanda. Lo que más aumentó fueron las carnes (rojas y la de pollo) seguidas por las frutas y verduras con precios prohibitivos que borraron buena parte de estos alimentos de la mesa de muchos comprovincianos.

Para peor los consumidores no tienen muchas alternativas y sólo pueden acceder a muy pocas bocas de las mercaderías del programa Precios Cuidados y Máximos. En otro aporte Víctor Palpacelli, quien es presidente de la Federación Argentina de Supermercados, reconoció públicamente que la responsabilidad de las nuevas listas con aumentos las reciben directamente del principal eslabón de la cadena formadora de precios: las grandes empresas proveedoras y la industria alimenticia.

En un ejemplo sobre la difícil situación de mantener los stocks de alimentos en este contexto mencionó que cuando rechazan las listas con nuevos valores, reciben lo que llaman “entrega corta” y ahí aparece el fantasma del desabastecimiento de los productos alimenticios. Como el caso del aceite, un producto determinante, con el que hoy perdieron surtido y variedad ante marcas y calidad desconocidas, en una actitud coercitiva para que acepten los precios “formados” por los dueños concentrados de la comida en Argentina y su correlato chaqueño.

Los supermercados no quieren que caiga el consumo pero no mantienen los precios de los alimentos lo que genera más inflación que diluye el poder adquisitivo de las familias que compran lo que les alcanza y se alimentan cada vez peor.

Un Chaco difícil

Para tantear la situación de las familias chaqueñas vale recurrir a algunos datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos sobre el alza de precios de diciembre pasado que en nuestra zona fue la más alta en 15 meses y cerró el 2020 con la mayor de todo el país. Los números confirman el panorama del insólito costo de los alimentos en el Chaco.

En el NEA el incremento llegó al 5,5 y cerró el año con un IPC del 42,2%, la única región que superó los cuarenta puntos. A nivel nacional fue del 4 % y un acumulado anual del 36,1%. Y acá aparecen los números que explican lo que pasa con la comida en el mercado local especialmente la carne y las frutas y verduras.

Los alimentos en general aumentaron 9,1% y sólo en el pasado mes de diciembre las carnes subieron 20 puntos. La nuestra es la región con una inflación total en el 2020 del 42,2%, la única con incremento superior a los cuarenta puntos.

Así el poder adquisitivo cayó de manera proporcional y los salarios volvieron a deprimirse con ajustes muy por debajo de los niveles inflacionarios. El resultado consolidó la pobreza.

Suba récord en las carnes

Vale repasar que en el cercano diciembre las “Carnes y derivados” tuvieron el mayor incremento con un impactante 20,5% seguida por las frutas que crecieron 7,2%. Para el caso de las carnes los informes técnicos marcan que nunca, en toda la serie histórica, se había visto un aumento de esa magnitud. Esto impactó en el bolsillo de los chaqueños en desmedro de la dieta alimentaria y le dio un gran empujón a la inflación.

Lo que llama la atención la impactante suba de los alimentos en una región y en una provincia en la que sus habitantes destinan la mayor cantidad de recursos para adquirir comida en comparación con otras zonas del país.

En este caso también el Indec aporta sus cifras para tratar de entender mejor lo que pasa. En el NEA los hogares destinan el 40% de sus ingresos a la compra de alimentos, la mayor entre las regiones del país. Cuanto más se destine a alimentos, menos recursos se vuelcan a otras necesidades de una familia, esto es claro.

Estos datos marcan la gravedad de un problema que cada vez se profundiza más en nuestro empobrecido territorio. Este cuadro se completa si sumamos que nuestra provincia es una de las mayores beneficiarias de programas de asistencia social a través del destino de importantes recursos nacionales y de otros pagos como el del derecho a la Asignación Universal por Hijo y las jubilaciones de amas de casa.

De esa importante liquidez que mensualmente baña al mercado, de acuerdo al Indec, como mínimo un 40 por ciento se transforma en alimentos que compran las chaqueñas y chaqueños. Y aquí aparecen los distintos niveles de voracidad en la cadena de los formadores de precios y de la comercialización minorista.

Algo no está funcionando en nuestra provincia. Le está faltando una pata que equilibre los extremos y proteja a las familias de esta abusiva situación que vacía sus bolsillos porque cada vez invierten más para poder comer. Con los índices sociales que tenemos no podemos darnos el lujo de pagar los alimentos más caros del país.